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Señora Francina Armengol i Socias, presidenta del Govern de les Illes Balears:

Nos acercamos a los dos primeros años de su legislatura y llega el momento de hacer un nuevo balance. Primero fue sobre los cien días. Después, sobre el primer año. Y ahora, sobre la mitad del mandato. La gestión política debe periódicamente someterse al escrutinio de los ciudadanos, los cuales recaban datos, informaciones y opiniones a través de los medios de comunicación plurales. Después, los analizan. Y, tras recapacitar sobre ellos, concluyen.

Acerca de sus promesas electorales, si nos lo permite, señora Armengol, hoy vamos a pasar sobre ellas sin detenernos. Deberían ser el punto de partida de todo análisis pero, sinceramente, es sumamente tedioso recordar sus dogmas de fe impresos en los programas ante la evidente y repetitiva realidad de que son, simplemente, palabras vanas que se lleva el viento de la realidad política. Y no solo las suyas, sino también las de todos los demás partidos políticos, para desgracia de los sufridos votantes.

Por ello, preferimos centrarnos en los objetivos cumplidos.

Señora Armengol, además de devolver la paga extra a los funcionarios y aumentarles el sueldo un 1% (por cierto, iniciativas que nos llegan decretadas desde el mismísimo Gobierno Rajoy y que usted se empeña en presentar como suyas propias), ¿en qué hemos mejorado sustancialmente?

En educación hemos devuelto la paz a las aulas cediendo ante los docentes para que, si así lo desean, eviten la enseñanza en inglés. Pero seguimos con los barracones, los edificios obsoletos, el fracaso escolar galopante, el número de alumnos por aula desbordados en muchos colegios y con un pacto por la educación que sestea de mesa en mesa en la conselleria del señor Martí March.

De la vivienda, mejor no hablar. Simplemente, señora Armengol, atrévase a recibir en el Consolat de Mar a los valientes representantes de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH). Ellos le harán el sangrante dibujo de la realidad que se vive en la comunidad que usted preside. Y si el conseller Marc Pons está patinando en el ámbito de la vivienda social, ya es que derrapa absolutamente con el incomprensible conflicto que se ha inventado contra los taxistas para dar satisfacción a nadie con las nuevas líneas de autobús turístico.

En sanidad, además de proseguir con unas desbordadas listas de espera, una directora gerente de Son Espases que huye de su cargo y del permanente conflicto con los médicos, la pareja formada por la consellera Patricia Gómez y su esposo y director general, Juli Fuster, aún tienen que explicarnos en qué consiste este proyecto sin planos, sin fechas y sin presupuestos que se han inventado para reabrir el viejo Son Dureta.

En agricultura y medio ambiente solamente decir que tanto los payeses como los ecologistas están deseando que el titular de la cartera, Vicenç Vidal, opte en fechas próximas por abandonar su poltrona para intentar, ya con otro conseller, recomponer los desaguisados que ambos colectivos achacan a su gestión.

Para no hacer interminable esta lista obviaremos, en este primer análisis de sus dos primeros años de legislatura, señora Armengol, describir el estado de la gestión de sus otros consellers. Ya habrá momento y oportunidad para hacerlo.

Sin embargo, no quisiéramos concluir este escrito sin recordarle que, por mucho que usted repita incasablemente una y otra vez los mismos mantras, la realidad es la que es. Y la realidad es que su cacareado pacto con Podemos, el cual incluso le ha llevado a enemistarse con gran parte de su propio partido, se ha convertido en un serial por capítulos en el que usted primero anuncia un proyecto y después, indefectiblemente, éste se paraliza en el Parlament. Allí, en la cámara balear, sus grandilocuentes palabras dejan de tener sentido y se convierten en frases huecas en el mismo instante en el que necesitan para seguir adelante los votos del señor Jarabo.

Y es que, señora Armengol, su gestión está lastrada, desde el mismo momento en que se inauguró la legislatura, por el inmenso peso del pacto con Podemos. Desde fuera del Govern, los ‘morados’ siguen comodísimamente apoltronados en sus sillones del Parlament, sin mancharse en el barro de la gestión y, lo que es peor, cortapisando todas sus iniciativas.

Pero eso, señora Armengol, lo ha querido usted y es usted la responsable.

Sólo una circunstancia le permite a usted seguir bien agarrada a su cargo y con la esperanza de finiquitar la legislatura sentada en el asiento de atrás del coche presidencial: que la verdadera oposición debería hacérsela el Partido Popular… y el Partido Popular está despistado de lo que debería ser su cometido y deambula como alma en pena deslumbrado por sus propios problemas.

Esa es, señora Armengol, su suerte: tener frente a usted a un pato descabezado que da tumbos sin encontrar su camino. Aunque su suerte, presidenta, no es la del resto de los ciudadanos.

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