Señor Antoni Noguera Ortega, alcalde de Palma:

Enhorabuena, en primer lugar, por liderar la unanimidad de todos los grupos políticos representados en el Ajuntament de Palma para, de una vez por todas, desmantelar el vergonzoso poblado de Son Banya.

Recordemos que el poblado de Son Banya es provisional… provisional desde el ya lejano año de 1970. En ese momento, un centenar de familias mayoritariamente de etnia gitana fueron desalojadas de sus ya precarias viviendas de la palmesana barriada del Molinar para dejar espacio a la nueva autopista del aeropuerto. Lo que iba a ser una solución temporal que debía dar paso a la reubicación de todas estas personas en diversos ámbitos de la ciudad se convirtió, lamentablemente, en definitiva. En lamentablemente definitiva.

Ante la hipócrita indiferencia de políticos, administraciones, técnicos y, también, ciudadanos, Son Banya pasó de ser un poblado de personas en peligro de exclusión social a un auténtico supermercado de la droga. Millones de euros han pasado de mano en mano en Son Banya entre los consumidores y los vendedores. Millones de euros que han incentivado, además de la destrucción de miles de vidas consumidas por la droga, a múltiples y reiterados casos de violencia, coacción, robo, estafa y otros múltiples delitos.

Por tanto, tomarse en serio el desmantelamiento definitivo y para siempre de Son Banya es una gran iniciativa. Desde 1970 diversos alcaldes y alcaldesas han presidido la ciudad, pero solamente usted ha conseguido la firma del pacto para cerrar Son Banya. Todo un mérito.

Y ahora, una vez plasmada la foto y escuchados los discursos de autoelogio, comienza la realidad.

Señor alcalde Noguera:

No va a ser fácil, por supuesto. No va a resultar sencillo, se producirán errores, tendremos problemas y en algún aciago momento parecerá que todo se va al traste. Todo eso pasará seguro.

Pero en lo que deben poner toda su atención los funcionarios del Ajuntament de Palma, de los cuerpos de seguridad, de los servicios sociales y, por supuesto, usted de forma muy especial y personalmente, es en evitar que los actuales beneficiarios de la venta de drogas en Son Banya trasladen sus feudos a otras barriadas de la ciudad.

No nos podemos permitir el lujo de cerrar Son Banya para crear decenas de Son Banyas esparcidas por el resto de Palma. La metástasis de la droga debe ser erradicada, extirpada y completamente eliminada. Que la luz de una buena iniciativa no nos ciegue y signifique, una vez más, trasladar un problema de un lugar a otro para, después, verlo amplificado.

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