Padres y profesores de los ciudadanos del futuro:

¿Nos estamos volviendo todos un poco locos o tenemos la piel muy fina? ¿Estamos siendo más papistas que el Papa en la educación de nuestros hijos?

Hace pocos días un nutrido grupo de profesores de Palma se manifestaban en contra de las agresiones a su colectivo. Al parecer a algunos padres no nos gusta escuchar que nuestros hijos no cumplen con sus obligaciones educativas, que no atienden a las lecciones como debieran o que no acuden a sus clases y optan por el absentismo. Cuando los profesores nos comunican dichas situaciones optamos por agredirles sin contemplaciones.

Evidentemente no todos los padres son iguales, pero cada vez son más los que se preocupan por enseñar a sus hijos sus derechos y no tanto sus deberes y obligaciones.

Una agresión, sea física o verbal, siempre será reprobable. No hace falta decir que ante un abuso por parte de un profesor, los padres deben actuar. Pero en algunos casos los padres nos excedemos en cuanto a sobreprotección se refiere. Con esta actitud, a veces excesivamente bélica, estamos bloqueando la educación lectiva de nuestros hijos.

Los alumnos de hoy en día, de infantil, primaria y secundaria, serán los ciudadanos del futuro. ¿Qué ejemplo les estamos dando si ante cualquier contratiempo o llamada al orden les negamos que tengan un referente de autoridad en la figura del docente?

La educación de los hijos no es responsabilidad única de los centros escolares, tal y como muchos pretenden. En el colegio se aprende, en casa se educa.

Cuando los padres de hoy en día eran los alumnos del pasado y llegaban a casa llorando o disgustados por una reprimenda del profesor, la respuesta habitual de sus progenitores era: “Algo habrás hecho tú…”.

La figura del profesor era respetada (lo cual no es una invitación a abusar de su posición) tanto por los alumnos como por los padres. Hoy en día algunos principios se están perdiendo por puro puritanismo y por exceso de celo.

Deberíamos, todos, revisar el concepto que tenemos de educación, respeto, autoridad y abuso.

No se trata de dar carta blanca a los profesores y que estos puedan rebasar la línea del respeto hacia nuestros hijos. Pero los padres tampoco deberíamos imponernos con tanta facilidad dando la cara por nuestros vástagos, y mucho menos con fuerza o violencia.

En el mundo offline (ese que está fuera de los videojuegos, los móviles y las redes sociales) es donde está la verdadera vida. El respeto se enseña practicándolo. Empecemos los adultos por dar ejemplo o los ciudadanos del futuro no tendrán un solo principio o referente al que agarrarse cuando la vida real no sea lo bonita que habían planeado.

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