Carta a los machistas que no saben que lo son

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machismo

Señores machistas de baja intensidad pero con reconocibles y contrastadas actitudes y expresiones claramente discriminatorias contra las mujeres:

Ustedes se vanaglorian de creer a pies puntillas en la igualdad entre mujeres y hombres. También de ser extremadamente respetuosos en la aplicación de actitudes radicalmente igualitarias. De no valorar, asimismo, los hechos y las palabras de nadie atendiendo a su sexo, sino a su capacidad, esfuerzo y voluntad. Eso es lo que dicen ustedes. Y quizás lo hacen impelidos por un ‘buenismo’ que les impide atender a la cruenta y tóxica realidad de que, en el fondo, y solo rascando un poco por encima de la epidermis del problema, ustedes son también, aunque no lo sepan y se autoengañen, radicalmente machistas.

Mediten sobre, por ejemplo, la actitud que adoptan ante las acciones y omisiones que protagoniza su hija adolescente frente a los mismos hechos de su hijo adolescente. Y allí donde decimos ‘hija adolescente’ podemos escribir ‘joven vecina’ o ‘hija de un compañero’ o ‘muchacha que vemos por la calle’.

Reflexionen sobre las diferentes valoraciones que adoptarán ante un futuro empleado de su empresa en la dicotomía de que sea un hombre o una mujer. Y en este segundo caso destacando las cualidades físicas de ambos y/o también la posibilidad de que deseen emprender en el futuro ambos aspirantes responsabilidades reproductivas. No se engañe, señor machista: no valorará usted a un hombre que desea ser padre con el mismo rasero que a una mujer que desea quedarse embarazada.

Analice la famosa frase “es inteligente y, además, guapa” como estereotipo del machismo más casposo pero, al mismo tiempo, más enraizado en nuestra sociedad que se autoproclama moderna y plenamente democrática.
Ya no le pido que contabilice las horas que dedica usted a las tareas del mantenimiento del hogar familiar y la educación de sus posibles hijos en contraposición a las mismas de su señora esposa para evitarle realizar una operación matemática en la que usted, seguro, quedará en números absolutamente negativos.

Podemos seguir, señor machista, desarrollando ejemplos de realidades machistas que usted, quizás en su tierna inocencia, no encasilla como retrógradas pero que, se lo podemos asegurar, lo son.

La realidad es que la sociedad balear del siglo XXI, tan moderna y avanzada, sigue lastrada por un rampante machismo que impregna negativamente todas sus realidades, ya sea en las empresas, en los trabajos, en los medios de comunicación, en las relaciones de pareja, en el ocio y en mil y un ámbitos más.

Es labor de todos –todas y todos– arrasar, acabar, eliminar el machismo. Y usted, señor machista que no sabe o no se cree que lo es, debe apresurarse a visualizar aquellas actitudes y expresiones de usted mismo que le demostraran que sí, que se comporta como un machista y que es –sí, es– machista.

Y ya es hora, en pleno siglo XXI, que usted deje de ser un asqueroso machista. Aunque le duela escuchar referido a usted el adjetivo asqueroso.

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