Imponer la verdad socialista

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El órdago separatista en Cataluña centró un tiempo nuestra atención con olvido, por cierto, de otros embates  no menores a la libertad. Me refiero a la Proposición de Ley para la reforma de la ya doctrinaria Ley de Memoria histórica de ZP. Una vez más, el Psoe dando la nota. Quiere imponer por ley su verdad histórica sobre la II República, el Frente popular, la Guerra civil y la Dictadura franquista. Quiere  establecer una versión única y oficial al respecto, verdadero sometimiento, que suscriba todo el mundo.

Parece mentira que un partido, que dice aspirar a ser de nuevo gobierno, aparezca ahora con semejante proposición totalitaria. Estamos ya en 2018 y quieren resucitar a Stalin. ¡No dirán que no son progresistas!  Da pena. Pero, esto es lo que hay. ¿Habrán leído la novela 1984 de Orwell?

Si la leyeran estas próximas vacaciones, retirarían tan aberrante proyecto y se ahorrarían la desvergüenza. Están a tiempo.

Estoy seguro que muchos lectores no saldrán de su asombro. No se lo creerán. Y, sin embargo, es muy cierto. Está esperando en el Congreso a su tramitación. Se “contempla  -en palabras de un editorial de LD- una suerte de orwelliana Comisión de la Verdad y medidas penales con condenas de hasta cuatro años de cárcel y lustros de inhabilitación –también en el ámbito docente– para quien haga interpretaciones de la historia del siglo XX que difieran de una verdad oficial que, básicamente, es una apología acrítica de la II República y del Frente Popular y una demonización del llamado bando nacional y del régimen franquista”. ¡Como lo oyen! ¡Algo vale que estos patrocinadores de un Estado policial del pensamiento aman, al menos, la libertad de expresión!

El Gobierno doctrinario, que padecemos en Mallorca, habrá recibido con júbilo la iniciativa. Le brinda un material valioso para seguir practicando lo que más le gusta: separar, dividir e infernar. Seguro que lo aprovecharán muchos docentes. Les viene que ni pintado. Pensamiento único, amparado en la fuerza del Estado. Proscripción de cualquier atisbo de pluralismo político, aunque se ejerza en el marco constitucional.

Ya se pueden imaginar que no se busca, precisamente, respetar la convivencia democrática. Desde luego, si se aprueba por la izquierda, no contribuirá a la paz cívica. Me temo que solo servirá para insistir en lo mismo: abrir  las heridas del pasado, dar  vueltas y vueltas a la misma noria para que extraiga el agua que irrigue la separación y el odio entre los españoles, sobre todo los más jóvenes. Así no se construye Estado alguno democrático. Estamos ante un intento involucionista  en el segunda década del s. XXI. ¡Lo que hay que ver!

Como ha proclamado el Manifiesto por la Historia y la Libertad, suscrito por historiadores de talla y por políticos e intelectuales destacados, “no se puede imponer por una ley un único relato de la historia, ya que ninguna ley debe o puede variar los hechos históricos. No se debe borrar por una ley  la cultura, el sentimiento ni la memoria de un pueblo, y menos aún por razones ideológicas. Ninguna razón moral, ni derecho subyacente, puede primar sobre la analı́tica verdad de los hechos en las circunstancias del tiempo y lugar en que estos se produjeron. La interpretación de unos hechos, cualquiera que estos sean, no puede ceder a ninguna manipulación  polı́tica partidista. Legislar sobre la historia o contra la historia es, simplemente, un signo de totalitarismo. Y es antidemocrático y liberticida”.

Esperemos que el PP y C’s, que ya han manifestado su oposición, hagan una defensa cerrada de los valores constitucionales, en concreto, de lalibertad y el pluralismo. Sin miedos ni cesiones. Los hechos históricos son los que son y la investigación histórica ha de realizarse en libertad y exponerse al debate también en libertad. Lo contrario es totalitarismo, aunque lo defienda la izquierda.

 

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