Un modo de estar en la vida

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A determinadas alturas de la vida, uno ya está de vuelta de muchas cosas. Ya le causa un cierto hastío asomarse a los medios de comunicación. Se siente, por el contrario, depositario de una cierta sabiduría, que le ha enseñado la vida, plagada de dificultades.

Se refugia en ella y trata de abstraerse de tanta contingencia e hipocresía imperantes. Trata de ser sembrador de algo bello, que caliente el alma, que le mantenga en una cierta esperanza, y que, pese a todo, todavía le ilusione seguir viendo.

Hoy, en mi colaboración habitual, voy a intentar ser fiel a mí mismo. Me voy a permitir ofrecerles un texto, atribuido a José Luís Borges (no lo he encontrado en sus obras completas), recibido vía WhatsApp  y compartido por Freddy Pacheco León. En el fondo, da igual quien sea su autor. Importa el contenido. Importa el mensaje de sabiduría que encierra.

De tanto perder aprendí a ganar; de tanto llorar se me dibujó la sonrisa que tengo. Conozco tanto el piso que sólo miro el cielo. Toqué tantas veces fondo que, cada vez que bajo, ya sé que mañana subiré. Me asombro tanto como es el ser humano, que aprendí a ser yo mismo. Tuve que sentir la soledad para aprender a estar conmigo mismo y saber que soy buena compañía.

Intenté ayudar tantas veces a los demás, que aprendí a que me pidieran ayuda. Trate siempre que todo fuese perfecto y comprendí que realmente todo es tan imperfecto como debe ser (incluyéndome). Hago solo lo que debo, de la mejor forma que puedo y los demás que hagan lo que quieran. Vi tantos perros correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido. Aprendí que en esta vida nada es seguro, solo la muerte… por eso disfruto el momento y lo que tengo. Aprendí que nadie me pertenece, y aprendí que estarán conmigo el tiempo que quieran y deban estar, y quien realmente está interesado en mi me lo hará saber a cada momento y contra lo que sea. Que la verdadera amistad sí existe, pero no es fácil encontrarla. Que quien te ama te lo demostrará siempre sin necesidad de que se lo pidas. Que ser fiel no es una obligación sino un verdadero placer cuando el amor es el dueño de ti.

Eso es vivir…La vida es bella con su ir y venir, con sus sabores y sin sabores… aprendí a vivir y disfrutar cada detalle, aprendí de los errores pero no vivo pensando en ellos, pues siempre suelen ser un recuerdo amargo que te impide seguir adelante, pues, hay errores irremediables. Las heridas fuertes nunca se borran de tu corazón pero siempre hay alguien realmente dispuesto a sanarlas con la ayuda de Dios.

Camina de la mano de Dios, todo mejora siempre. Y no te esfuerces demasiado que las mejores cosas de la vida suceden cuando menos te las esperas. No las busques, ellas te buscan. Lo mejor está por venir”. Sin duda alguna, es bello y hermoso. A uno le hace bien y le ilusiona, le reconforta. Desearía que fuese realidad palpitante en su propia vida. Tampoco es ningún misterio.

¡Tantas veces hemos oído, en nuestra vida, estas cosas! Quizás, solo en el atardecer de la vida, es posible atesorar tales virtudes. Para este objetivo es fundamental el haber entendido que ciertas cosas no se improvisan ni vienen por generación espontánea. Quizás esta elemental lección forme parte de la sabiduría que encierra el texto que hemos transcrito.  Son el fruto del esforzado trabajo diario. Son el premio que te da la vida por haber intentado gastarla sin superficialidad, por ser coherente, por darte a los demás.

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