Carta a Carmen Martínez Castro / Joderse no soluciona nuestros problemas

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Señora Carmen Martínez Castro, secretaria de Estado de Comunicación del Gobierno de España:

Sus palabras el sábado 5 de mayo en Alicante sobre los pensionistas que se manifestaban en el uso de sus legítimos derechos constitucionales y en reclamación de un aumento de sus retribuciones ante su jefe, el presidente Mariano Rajoy, demuestran cuán lejana se encuentra usted, y algunos como usted, de aquello para lo cual fue aupada a su cargo y por lo que cobra mensualmente su jugoso sueldo.

“Qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles: ‘Pues os jodéis!’”. Literalmente, estas fueron sus palabras. Así se expresó usted. Así valora que algunos conciudadanos españoles, sean mucho o pocos, opinen sobre la gestión del Gobierno y lo hagan de forma pacífica. Para usted, señora Martínez Castro, los artículos 20 y 21 de la Constitución española son papel mojado. Y lo lamentamos aún más dado el alto cargo gubernamental que ocupa y las competencias que le han sido encomendadas.

Además de ser crispante escuchar en boca de toda una secretaria de Estado de España valoraciones sobre acciones legítimas ejercidas por connacionales tan soeces y barriobajeras como “hacerles un corte de mangas”, “de cojones” y “os jodéis”, nos encontramos ante una actitud largamente padecida por una inmensa generalidad de la población y que arrastramos desde hace demasiados años.

La población española, anestesiada por el bienestar económico que disfrutó en los años postreros del siglo pasado, vivía plácidamente conformada pese a la actitud prepotente de muchos de nuestros políticos y altos cargos institucionales, entre los que podemos incluir a la Familia Real y sus parientes, amigos y socios en negocios de todo tipo y condición. Esta realidad degeneró en el momento en que la bonanza económica desapareció engullida por la crisis. Por eso gran parte de los perjudicados y los que opinaban como ellos se lanzaron a la calle en las denominadas movilizaciones del 15M.

De esos polvos padecemos ahora estos lodos. El desprecio de los que nos gobernaban hacia los problemas de los gobernados provocaron las movilizaciones multitudinarias, la crispación social, el resurgir del sentimiento pro republicano, el rechazo popular hacia las élites de las administraciones públicas, el nacimiento de los partidos alternativos y un sinfín de coletillas en las conversaciones del pueblo como “todos son iguales”, “todos los políticos son unos ladrones”, “todos los políticos nos engañan”, “no sirve de nada ir a votar” y muchas más en el mismo sentido de desprecio hacia las instituciones y, sobre todo, hacia los que se acomodan en las poltronas de esos mismos cargos públicos.

Señora Martínez Castro:

Sus desafortunadas palabras son el reflejo de la crispante situación en la que nos debatimos los ciudadanos de a pie. Por un lado, debemos y tenemos que creer en la democracia, en las elecciones, en las mayorías y en que solo así se puede gobernar correctamente a un país. Pero, por otro lado, vemos que esos que nos gobiernan, y usted entre ellos, una vez consolidados en sus privilegiados puestos, desprecian a aquellos que les han votado o, lo que es peor, a los que expresan democráticamente su desacuerdo con su gestión.

Usted, y muchos como usted, valoran las opiniones de los disconformes con “un corte de mangas de cojones” y desean que, asimismo, “se jodan”. Esa es su manera de entender la democracia. Y, pese a todo ello, señora Martínez Castro, en estos momentos sigue usted disfrutando de su despacho enmoquetado, sus decenas de colaboradores, su coche oficial, su tarjeta de crédito para comer y disfrutar de sus privilegios y su opíparo sueldo de 100.000 euros anuales. Todo eso. Y ni usted ha tenido la vergüenza de dimitir ni su jefe, Mariano Rajoy, la ha cesado.

Así funciona nuestro país: un político hace “un corte de mangas de cojones” a la ciudadanía y desea que “se jodan” y no pasa nada. ¿Qué tiene que pasar para que pase algo? ¿Hasta qué nivel tienen que llegar los insultos dirigidos a la ciudadanía para que un político dimita o le cesen? ¿Cuál es el límite a este proceso imparable de divergencia entre los que nos gobiernan y los gobernados? ¿Hasta cuándo, señora Martínez Castro y señor Mariano Rajoy, vamos a permanecer enfangados en este hediondo lodazal?

Y luego se extrañarán ustedes cuando pierdan las elecciones.

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