Mujer machista no rechista

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El feminismo es un movimiento social que persigue la igualdad real, clara y efectiva entre el hombre y la mujer. Dicho esto, como nota aclaratoria para aquellos que lo que intentan es deslegitimarlo adjuntándole la palabra “radical”, con la intención de asustar a todas aquellas personas que empiezan ya a creer que es posible y viable un cambio social que nos incluya a todos y a todas, diré que radical, lejos de ser peyorativo, lo que indica es una transformación que afecte a la raíz de un problema y eso nunca puede ser interpretado como algo despreciable, sino todo lo contrario, ya que realmente atiende a una lectura valiente y con la suficientemente esencia y arrojo como para tener la dirección adecuada y firme que logre una verdadera mutación traducida posteriormente en la mejora autentica y verdadera de las vidas de todas nosotras.

El machismo como sistema político de opresión opera en todos los rincones de nuestra sociedad y claro está, se alberga dentro todos y cada uno de nosotros, ya que somos individuos construidos sobre la creencia de una diferencia que nos separa y que nos dicta, por lo tanto, como el cincuenta por ciento de la población (los hombres) pueden gozar de unos determinados privilegios que resultan inalcanzables o mucho más costosos de lograr para los otros (las mujeres).

Es difícil entender esto, lo sé, pues está tan arraigado a nuestra forma de funcionar, de hablar y de relacionarnos, que lógicamente al principio es complicado verlo o percibirlo y sobre todo aceptarlo, ya que duele asumir que somos machistas como sociedad en nuestro conjunto, pero esa redención es la que nos ayudará a empezar a trabajar para lograr romper las barreras que existen y conseguir una relación adecuada, justa y respetuosa entre géneros.

Cuando te atreves a hablar sobre cómo opera ese sistema de desigualdad y opresión en instituciones marcadamente endogámicas y cerradas a la mirada de la ciudadanía, como son las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, a algunos y a algunas, se les eriza el lomo cual perro ovejero divisando lobos en la lejanía de la pradera donde pasta su rebaño. Pero intentar hacer creer a la gente que la sociedad es machista y que el mundo es machista en general, salvo las policías y los ejércitos que no sólo no son machistas, sino que son espacios de igualdad de los que el resto de la ciudadanía debería tomar buena nota y ejemplo, resulta absurdo y propio de mentes que no han acabado de ver la realidad que les circunda.

A veces se tiende a identificar el machismo con actos claros en los que te dicen: “tú no hagas esto o lo otro porque eres una tía”, pero ese tipo de actuaciones ya han quedado obsoletas, viejas y atrasadas, pues resulta demasiado evidente dicho de ese modo, por lo que el sistema opresor se reinventa constantemente para no parecer lo que es en realidad, una construcción desigual que nos coloca a las mujeres como figuras accesorias, como jugadores que están en el banquillo y a los que a veces se les deja jugar un poco.

Machismo es estar en un grupo de WhatsApp, con muchos compañeros varones y que de repente se pongan a hablar de manera soez sobre el cuerpo de las mujeres y empiecen a colgar videos pornográficos. En esta situación, una mujer construida en el machismo y que nunca se ha planteado lo que es la igualdad efectiva te dirá: “no pasa nada, a mí ni me importa porque como todos somos iguales lo hacen porque me tratan como un igual”, pero en realidad lo que hacen sus compañeros es explicarles, en clave de humor idiota, para lo que ellos piensan que sirve una mujer realmente, que no es otra cosa que para darles placer o para decirles a todo que sí y reírles sus desafortunadas gracias porcinas de burda manada.

Debes, por tanto, si quieres flotar y mantenerte a salvo de tempestades varias, no enfrentarte nunca a ellos para intentar hacerles entender que deben tratarte con el decoro que te mereces como compañera, porque si lo haces, sin duda, te acusarán de estar nerviosa por una de estas dos cuestiones: o porque tienes la regla o porque careces de la suficiente dosis de sexo en tu vida. Claro está que esa ausencia de falocéntrica masculinidad penetradora, te agría el carácter de la niña dulce y complaciente que deberías ser, so malfollada.

Que unos compañeros te hagan una broma sobre fregar o barrer o limpiar los platos es una manera de regalarte la manzana envenenada, porque de broma poco tiene la cosa, pero sí atiende a una construcción mental de lo que creen que suelen hacer muy bien las mujeres, y sobre todo es  una manera de pedirte tu posición al respecto, es decir, de obligarte a aceptar la broma, que no lo es, y por lo tanto comprometerte a seguir aguantando todas las bromitas que vengan después, porque como ya te has reído una vez ellos entienden que aceptas el juego, así que a ver como lo paras. O puedes también posicionarte enfrentándote directamente por no querer recibir la broma y ahí es donde empieza tu periplo de feminazi empalada.

Lógicamente de hacer esto último serás atacada constantemente con bromas similares a sabiendas de que no las aceptas y de que te molestan, todo ello con la clara intención de molestarte, doblegarte, oprimirte y mearte encima demostrándote que, si te opones al humor para imbéciles de macho alfa casposo y de barra de bar de cuarta, serás su víctima preferida hasta que aceptes quien manda y cuales son las consignas.

Lo que quiero explicarles es que hay muchas mujeres que aún no han despertado y nadan gustosas, convencidas, ciegas y felices dentro de una piscina patriarcal llena de infamia y estupidez supina y es su ceguera tan absoluta, que realizan actos contra aquellas que alzamos la voz y nos definimos como feministas, porque son tan machistas como los que rebuznan a su paso por las calles para decirles que les parecen guapas.

Las hay ciegas y las hay cobardes, no nos engañemos, pues, aunque ven operar al monstruo, no tienen fortaleza para alzar la voz y colocarse en una situación en la que serán receptoras de críticas, bromas diarias y abucheos de grupo. Pero no os preocupéis, compañeras, entre todas tallaremos vuestros escudos tras los que podréis defenderos de la piara cuando os deis cuenta de lo que ahora no sois capaces de divisar ni de lejos, entre otras cosas porque disfrutáis de su complacencia por hacer lo que ellos quieren, que es que seáis : sujetos disidentes, que hagan extender la idea de que el feminismo está equivocado porque no todas sienten como opresión cosas que claramente lo son” generando así una frontera entre nosotras. O lo que es lo mismo: que poniéndoos de su lado y diciendo que a vosotras según que cosas no os ofenden les reforzáis su machismo y ellos os devuelven el favor no atacándoos y diciendo lo guais que sois, no como esas otras feministas que son todas feas, gordas y lesbianas.

En realidad, sois su herramienta para no quedarse solos ante la vergüenza de un modo de comportarse y funcionar que vamos a acabar erradicando.

Por eso a todas las que por mis declaraciones en prensa y medios de comunicación habéis reaccionado afilando un hacha de carnicero para atacarme con ella y cortarme en pedazos, y sobre todo a las que sois compañeras de profesión, quiero recordaros que no soy la única mujer que ha denunciado por acoso dentro de nuestro colectivo, deciros que incluso hubo una sentencia firme a un compañero que acosó a una de las nuestras y que si no recuerdo mal somos cuatro o cinco las que hemos recurrido a la vía penal para poner fin a una situación de injusticia dentro de la corporación en relativamente poco tiempo, cosa que unida a la cifra que conformamos dentro de la plantilla, la cual ronda el diez o quince por ciento, debería haceros como mínimo pensar que algo sucede a vuestro alrededor.

Pero no escribo esto con ánimo de poneros en evidencia, ni de haceros daño, sino para deciros que os entiendo, que yo también estuve en esa misma posición o postura tan incómoda vuestra, que sé que es complicado hablar bien en mi nombre porque son muchos los que me odian por hacer públicas sus vergüenzas,  que comprendo que la presión es mucha y debéis atacarme para obtener la aprobación de vuestro entorno, pero quiero deciros que siempre, me hagáis lo que me hagáis y digáis lo que digáis de mi persona, estaré a vuestro lado como mujer cuando sea preciso, que lucharé en vuestro bando llegado el momento por lo que es de justicia colectiva y que no os guardo ni un ápice de rencor compañeras, sino todo lo contrario, un abrazo a todas,  sororidad, hermanas.

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