Señores Pablo Iglesias e Irene Montero, líderes de Podemos y autoproclamados referentes de la ética en nuestro país.

No es precisamente de ayer la recurrente frase de que “no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo”.  Una sentencia que parece hecha a medida para retratarles, a ambos, en el despropósito de la compra de su nueva vivienda en la sierra de Madrid. Pues eso del predicar con el ejemplo les queda un poco lejos.

Es evidente que nadie, absolutamente nadie puede decirle a otro qué hacer con su dinero, o qué operaciones financieras debe enfrentar para cubrirse sus caprichos o necesidades. Con lo cual, tanto el señor Iglesias como la señora Montero son libres de comprarse un chalet en Galapagar que supera los 600.000 euros gracias a una hipoteca aproximada de 1.600 euros mensuales. Una compra que ha obligado a ambos líderes a dar explicaciones públicas además de enlazarlo con el ridículo anuncio de una consulta a las bases.

Señores Iglesias y Montero: la compra de su nueva vivienda no sería nada del otro mundo si se hubiera producido en otro contexto. Incluso que aduzcan que desean o necesitan preservar su intimidad, sería también comprensible.

Pero son ustedes esclavos de sus palabras (y también de sus tuits). Han criticado a la “casta”, a los bancos, han animado scratches (aunque ahora ustedes y sus acólitos lo nieguen), se han autoerigido en líderes de una izquierda alternativa, trabajadora, modesta y con los pies en el suelo… aunque ahora prefieran pasear sus pies en un amplio jardín que irremediablemente necesitará de los trabajos de un jardinero. ¿O piensan hacerlo ustedes?…Entonces, ¿cuándo y cómo ejercerán la política por el bien de todos esos ciudadanos a los que dicen representar?

Su metamorfosis burguesa ha sido muy rápida, incluso acompañada de discursos sin pudor hablando de una herencia millonaria de unos padres que aún viven y podrían tener necesidades futuras. Un discurso que rozó el ridículo, o al menos, la vergüenza ajena de muchos de los que lo escuchamos.

Son muchísimos los ciudadanos españoles que viven en chalets con piscina y que disponen, o dispondrán, de herencias más que atractivas. Pero la diferencia entre éstos y ustedes, es que ellos jamás han predicado públicamente las políticas que ahora ustedes se saltan a la torera por propia conveniencia.

Señores Iglesias y Montero: lo que han hecho ustedes es perfectamente legal y legítimo. ¡Faltaría más! Y jamás nadie debería pensar que una persona por ser de izquierdas deba vivir en la pobreza o austeridad. ¡Faltaría más también!

Pero han sido ustedes, hasta ahora, más papistas que el Papa. Han cuestionado todo tanto, alegando ética y moralidad, que no deben extrañarse que se les pague ahora con la misma moneda.

¿Conocen ustedes aquello del “no hagas lo que no quieras que te hagan”? Son ustedes esclavos de sus palabras y de sus hechos, y están pagando ahora las consecuencias.

Nadie es más que nadie, ni siquiera para dar lecciones. Y piensen bien eso de someter sus cargos a votación de las bases, que todos sabemos ya el resultado: serán ustedes bienvenidos a seguir ocupando la cúpula morada. Aunque el resultado real (si todo aquel que pudiera pronunciarse lo hiciera) fuera otro. Además, no es el momento ahora de recordarles las múltiples polémicas cuestionando la veracidad y autenticidad de sus sistemas de votación telemática.

Lo único que van a conseguir ustedes será poner más en evidencia a Podemos, porque ustedes… ya lo están.

¡Por cierto! Bienvenidos a la “casta” donde cada vez somos más los que vivimos.

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