El triunfo del bipartidismo, la división de la derecha o el adiós de Mariano Rajoy

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Sólo un 5% de las mociones de censura prosperan, con lo cual por estadística estamos ante una excepción. La moción de censura de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy ha tenido la efectividad de la guerra relámpago. La jugada del PSOE ha sido de un cálculo preciso y exacto, ha sido lo que en ajedrez se llama una captura forzada. Mariano no tenía escapatoria, ante las dos variantes posibles, con una, moría rápidamente (la moción), y con la otra, que se presentaba a modo de gambito rehusado, -ya que Pedro Sánchez le ofrecía la opción como emboscada-, Mariano moría en unos meses y con un mayor coste de desgaste, ya que la dimisión hubiera llevado a un calendario electoral que situaba a las elecciones generales en primer orden, hecho que convenía a Ciudadanos, y que Albert Rivera escenificó con absoluta desesperación. Por su parte, Pedro Sánchez con la operación de la moción de censura, o se coronaba presidente, o activaba al PSOE que había perdido toda centralidad en el tablero de juego. En una coyuntura política, y demoscópica que situaba a Ciudadanos como partido en auge, y a pesar de las tonterías de Pablo Iglesias, el PSOE parecía ahogado, desorientado y sin iniciativa.

Conforme se acercaban las horas, la moción cada vez pintaba con más opciones, el PP
pensaba que eso que ellos llaman un gobierno Frankestein, es decir, fuerzas diversas y casi opuestas no se confabularían para acabar con ellos, y aun haciéndolo, entendían que faltarían unos pocos votos, los 5 del PNV que pensaban apuntalados por la amplia financiación que el PP les daba con sus presupuestos, y por que a su vez, en Euskadi, el PP los ha sostenido en más de alguna ocasión.
Pero cuando Pedro Sánchez, declaró que mantendría los presupuestos del PP, no sólo respiró el PNV, sino que Pedro completaba el veloz jaque pastor con el que acababan con el gobierno de Mariano. Los 84 diputados del PSOE eran capaz de sumar los 176 votos (y cuatro más incluso) para echar a un partido con 137 escaños. A priori, complejo, pero factible por que Mariano Rajoy a diferencia de todos sus antecesores, pensó que podría gobernar España sin las derechas nacionalistas de Catalunya y Euskadi, y decidió asediar Catalunya, ante la falta de importancia del PP en esta comunidad y ante los réditos electorales que podía recoger en otras comunidades a costa de ese patrioterismo mal entendido acerca de lo que es, y no es España. Aznar, hablaba en su intimidad catalán, y llegó a referirse a la ETA como Movimiento de Liberación Vasco. A Mariano le ha faltado mano izquierda, y nos ha dejado tan solo 7 años de represión inútil, de recuperación de la burbuja, y no de transformación, reforma o mejora del sistema productivo; nos ha dejado represión, y una recesión del Estado de Bienestar que ha pagado la ciudadanía más vulnerable, las clases populares y trabajadoras de este país, los jubilados, las mujeres y en especial las mujeres con hijos a cargo, los estudiantes, y hasta muchas profesiones liberales como los periodistas que han caído en la esfera de la precariedad.

Señalaba la diputada autonómica Montse Seijas, el pasado jueves, en la tertulia de diputados
de canal 4 radio, que padecemos una triple crisis: de Régimen, de Gobernabilidad, y de Partidos.

Una crisis en forma de muñeca Rusa. Pero que sigue estableciendo un eje de oscilación muy claro, en un extremo el PP y en el otro el PSOE. A pesar de los resultado del 20 de Diciembre del 2015 y reeditados en junio del 2016, en los que el arco parlamentario quedaba fragmentado sin mayorías absolutas, el envite de los nuevos partidos, no ha sido suficiente, no ya por sus buenos resultados, sino por que han sido inferiores maquinarias políticas respecto a la de los viejos partidos. Los nuevos partidos no han sabido jugar su partida, ni desmontar el turnismo. Hay trenes que pasan una vez en la vida, y ahora el PSOE desde el poder inicia un camino de recuperación de su electorado, o Podemos se pega a ellos en la táctica del motorista que va a rebufo o quedará descolgado. Al PSOE le bastan algunas medidas estrellas como subir las pensiones, derogar la Ley mordaza, o acabar con
el 155.

El tablero de juego ha tenido que resituarse forzosamente ante la coronación del Rey
Sánchez, ahora la división y el cainismo le toca a la bancada de la derecha. Rivera pasa de líder de la oposición de la derecha a ver como esta la encabeza Mariano, y el PP. La guerra de posiciones afecta a su vez a la situación de las comunidades y regiones. Aquí en Baleares, Francina Armengol, y las medidas que eran tiradas desde el gobierno de España se verán reforzadas, muy reforzadas. El sentimiento que había en el ambiente de las bases de la izquierda balear de una oportunidad semi tirada y posible vuelta del PP al gobierno autonómico en un año, parecen disolverse ante la nueva
situación. Las divisiones del PP y la confrontación de los partidos de derechas fragmentarán más el voto, la izquierda balear viene pactando, y tienen los engranajes bien engrasados. Ahora bien, a todas luces veremos un trasvase de voto dentro de la triada de la izquierda (Més, Podemos, PSIB) en favor del PSIB. Esto también afectará a los partidos de izquierdas y derechas que estaban fuera del arco parlamentario balear y que aspiraban a colarse en las próximas elecciones autonómicas, ahora sobran, o al menos lo tendrán más difícil.

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