Señor Antoni Noguera, alcalde de Palma,

Las primarias para elegir al candidato de la coalición MÉS al Parlament de les Illes Balears se han saldado con dos grandes derrotados: uno es Fina Santiago, consellera de Serveis Socials i Cooperació, que ha perdido de forma clamorosa (apenas un 31,2 por ciento de los votos frente al 68,31% de su oponente, Miquel Ensenyat) el envite que en su momento le lanzó al presidente del Consell de Mallorca; el otro derrotado… es usted, señor Noguera. Sí, porque usted, y no es la primera vez que le ocurre como demuestra cierta grabación cogida al vuelo en una zona de ocio nocturno de Palma, no sabe tener la boca cerrada, y sus ansias de protagonismo, su afán de ser el niño en el bautizo y el novio en la boda, le han jugado, de nuevo, una mala pasada.

En efecto, señor Noguera, su apoyo explícito a Fina Santiago en las elecciones de MÉS, pocos días antes de que estas se celebraran, le convierte en tan perdedor en las primarias de su partido como la propia consellera. Como alcalde de Palma, no ha sabido, ni seguramente tampoco ha pretendido, mantener la línea de neutralidad institucional a la que su cargo le obligaba. Y, como resulta habitual en usted, no ha sabido medir ni las consecuencias, ni el alcance de sus palabras.

Las consecuencias, ahí las tenemos. Quiso ser usted el niño en el bautizo y el novio en la boda, y al final es el muerto en el entierro político de la señora Santiago. Quizás incluso más muerto que la consellera, porque a ella le queda, al menos, la extremaunción de ocupar el número 2 en la lista de MÉS que liderará Miquel Ensenyat tras obtener el holgado apoyo de los militantes de su formación política. Usted, en cambio, ningún rédito positivo obtendrá de su falta de lealtad hacia su compañero, no solo de coalición sino también de partido, circunstancia ésta última, por cierto, que no concurre en el caso de la candidata perdedora.

Ningún rédito positivo… y sí, en cambio, otro escopetazo a su ya de por sí maltrecha imagen política. Como primer edil de Palma, señor Noguera, se ha ganado a pulso el dudoso honor de ser considerado, por una gran mayoría de ciudadanos, el alcalde más nefasto de los últimos cuarenta años de historia de la ciudad. La primera entrevista que concedió tras relevar a José Hila al frente de Cort, en aplicación del impresentable reparto bianual de la alcaldía que su partido pactó con el PSOE, ya no auguraba nada bueno: “A partir de ahora, Palma tendrá un alcalde ejecutivo”, afirmó, atribuyendo, implícitamente, a su predecesor el papel de haber sido un alcalde de juegos florales, sin ningún tipo de capacidad operativa.

Su boquita de piñón ya le traicionó entonces, como le ha venido traicionando ininterrumpidamente a lo largo de su mandato. Este es un terreno, el de la traición política, en el que pocos pueden competir con usted. Abrió la legislatura traicionando a su socio de gobierno y anterior alcalde, y hace pocos días hizo lo propio con el presidente del Consell, apoyando, con evidente deslealtad, a la otra aspirante a liderar la candidatura al Parlament, sobrevalorando, además, su margen de influencia en la formación política a la que pertenece.

Y es que, no en vano, esa influencia que a usted le gustaría tener, y que hasta el día de ayer quizás pensaba que tenía, brilla por su ausencia. Los militantes de MÉS le han dado mayoritariamente la espalda, y han elegido a quienes consideran que es la mejor carta electoral posible en las elecciones de mayo de 2019. Tal vez, señor Noguera, lo que ocurre es que incluso los propios miembros de su partido se han cansado ya de usted. Se han cansado del paupérrimo balance de su labor como alcalde de Palma, y están también hartos de que nada de lo que usted anuncia se cumpla en la realidad.

¿Acaso no fue usted quien aseguró que el monumento de Sa Feixina se derribaría en un visto y no visto? Pues ahí está, bien enterito, para vergüenza y escarnio de quienes, como es su caso, prometieron algo que distaba de ser viable y que pretendían acometer saltándose a la torera los más elementales protocolos legales y jurídicos.

Fue usted también quien prometió una Palma más segura y más limpia. Sobre el primer punto, le invitamos a leer las crónicas de sucesos de los últimos meses. La delincuencia ha subido como la espuma en Palma bajo su mandato, sin que desde el Ayuntamiento se ponga sobre la mesa ninguna solución plausible o mínimamente eficaz. Y en cuanto a la limpieza, ¿qué decir? El cambio del sistema de recogida de trastos y enseres ha convertido a Palma en un estercolero, noche y día, repleto de frigoríficos, lavadoras, cocinas, inodoros, bañeras, neumáticos, juguetes y cuantos artículos inservibles podamos imaginar. Palma es hoy en día, gracias a usted, un ‘todo a cien’ de la basura, una gran superficie de la inmundicia y la porquería, un ejemplo evidente de cómo no se deben hacer las cosas cuando se ejerce una responsabilidad de gobierno.

Ninguna de las apuestas que usted ha realizado le ha salido bien. Ni una. Ni siquiera su patética guerra contra las terrazas que, según usted, ofrecen una mala imagen de Palma y restan espacio público a los ciudadanos. ¿De verdad, señor Noguera, piensa que un inodoro oxidado contribuye mejor a enaltecer la imagen de la ciudad que las terrazas en las zonas de paseo? También en esta batalla ha salido perdedor, porque comerciantes y restauradores ya le han expresado reiteradamente su opinión sobre su paranoia anti-terrazas en unas cuantas ocasiones, una de ellas, por cierto, mediante un referéndum popular consultivo en el que el equipo de gobierno hizo literalmente el ridículo.

Ahora la ha vuelto a pifiar apoyando a la candidata derrotada en las primarias de MÉS. Y no es que no se viera venir, señor Noguera. No hacía falta ser un lince para preverlo. Bastaba con tener en cuenta cuáles han sido los logros de la señora Santiago al frente de la Conselleria de Benestar Social i Cooperació. Con más presupuesto que en ninguna otra legislatura, su aspirante predilecta a encabezar la lista de MÉS al Parlament se ha limitado a crear controversia y polémica desde su departamento, y a tratar de sacar un vergonzante rédito político de desgracias humanas como la que se llevó la  vida del inmigrante senegalés Alpha Pam.

Todos recordamos aún la tozudez de la señora Santiago en la Cámara autonómica negándose a pedir disculpas a quienes, durante la legislatura anterior, había vilipendiado injustamente a causa de este triste suceso, incluso después de que todos los informes llevados a cabo al respecto concluyeran que no se produjo ningún tipo de negligencia en la atención médica que se dispensó al ciudadano lamentablemente fallecido. Afortunadamente para la consellera, los grupos políticos actualmente en la oposición no han actuado de la misma manera cuando otras desgracias, también humanas, e igualmente luctuosas, han afectado a su departamento, y en concreto al centro de reclusión de menores de Es Pinaret.

Puestos a buscar una explicación de la afinidad que mantiene con su ‘protegida’ política, señor Noguera, tal vez habría que buscarla en la desmedida ambición política que ambos comparten, muy por encima, ciertamente, de la capacidad de gestión que demuestran. En eso, hay que reconocer que usted, al menos, no se anda con rodeos. Desde el primer minuto en que ingresó en la primera línea de la política dejó claro que sus aspiraciones no conocían límites. Fina Santiago, no. En eso, es más hipócrita que usted. Muy al contrario, la consellera comenzó la actual legislatura haciéndose de rogar para aceptar ponerse al frente del departamento que dirige, asegurando que sus planes eran volver a la docencia y olvidarse de la moqueta institucional. Casi pareció que hacía un favor a sus compañeros de MÉS aceptando el cargo que le ofrecían, dando la impresión de que se ‘sacrificaba’ por su partido en detrimento de sus deseos personales. ¿También fueron a rogarle ahora para optar a ser la número 1 en la candidatura de MÉS al Parlament? ¿Se lo rogó usted, señor Noguera? Porque si no es así no se entiende que una política supuestamente tan reacia a mantenerse en la poltrona, se haya armado ahora de cucharas y cucharones para tratar de convertirse, nada menos, que en el principal referente político de la coalición.

Queda, prácticamente, un año de legislatura. Usted, señor Noguera, y la consellera Santiago seguirán, o eso es lo previsible, en sus puestos. De Fina Santiago, la que nunca quiere nada, la que se sacrifica por el partido, la que arde en deseos de volver a dar clases, puede afirmarse que, ocurra lo que ocurra en las próximas elecciones, seguirá formando parte del Parlament, pues no en vano se ha asegurado el número 2 en las listas de MÉS. Sin embargo, su futuro como alcalde, señor Noguera, se nos antoja mucho más incierto. Posiblemente obtendrá el acta de regidor, por supuesto, pero no parece que le vaya a resultar sencillo sacar partido de nuevo del reparto de cromos de una futura e hipotética media alcaldía. Su legado es el que es, señor Noguera, y a ningún ciudadano, sea de izquierdas, de centro o de derechas, sea nacionalista, independentista o constitucionalista, sea de un lado o de otro, le apetece encontrarse con un frigorífico desvencijado a las puertas de su casa porque el Ayuntamiento de su ciudad no tiene ni idea de qué hacer con los residuos.

Eso sí, en caso de que las urnas le condenen a calentar banquillo en la oposición municipal y deba buscarse el sustento económico en otras actividades ajenas a la política, el consejo que queremos brindarle, para que vea que, en realidad, no le deseamos ningún mal, es que renuncie a abrir una consulta de pitoniso. Porque, por si todavía existiera alguna duda al respecto, las primarias de MÉS han vuelto a dejar en evidencia su escaso talento a la hora de predecir el futuro, de la misma manera, y con idéntica intensidad, a como su actuación en la alcaldía de Palma ha puesto dolorosamente de manifiesto su supina incompetencia para gobernar el Ayuntamiento más importante de Balears.

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