Carta a Antoni Noguera: el alcalde de los inventos del TBO

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Señor Antoni Noguera Ortega, alcalde de Palma:

La gestión de un político –su gestión– es evaluada por los ciudadanos a la que va destinada de forma constante y continua, le hayan o no votado a usted. De un político –de usted– se reclama eficacia y eficiencia. Aquello que la Constitución española de 1814 y la de Estados Unidos definen como la felicidad de los ciudadanos. Ese es el objetivo fundamental de toda gestión política, señor Noguera: promover la felicidad y el bienestar de los ciudadanos. Aunque algunos políticos se olviden de ello.

Procurar la felicidad y el bienestar no es concatenar ocurrencias y dislates de todo tipo y condición. No se es mejor alcalde, o presidente o ministro o lo que sea protagonizando una exposición histriónica de iniciativas de difícil realización y, aún peor, inútil plasmación. En su caso, y en el de sus íntimos asesores, parece que eso no lo han llegado a comprender.

Seguro que usted, como muchos de nosotros, en su tierna infancia, tuvo ocasión de solazarse con la lectura de la divertida sección del TBO en la que un hilarante doctor Franz de Copenhage ofrecía soluciones descacharrantes a problemas cotidianos a través de sus inventos: los inventos del TBO.

Un invento del TBO es una acumulación de poleas, diodos, vatios, voltios, amperios, pedales, focos y correas de transmisión cuyo objetivo es ejecutar una simplísima simpleza. Un invento del TBO es la manera más inútil de solucionar un problema. Un invento del TBO es buscar un resultado a través de una interminable concatenación de acciones ridículas sin la garantía, pese a todos los esfuerzos, de alcanzar los objetivos marcados. Un invento del TBO es invertir un tiempo precioso y unos recursos económicos finitos en solucionar problemas inexistentes y, en consecuencia, despreciar las energías de las que habitualmente carecemos y los esfuerzos intelectuales que nos cuesta tanto mantener activos en poner en marcha iniciativas que a nadie le importan ni le afectan. Y, con ello, dejar sobre la mesa, sin resolver, aquello que sí de verdad es necesario y reclaman los ciudadanos.

Señor Noguera, es usted el alcalde de Palma de los inventos del TBO. Sin ánimo de focalizarnos en una sola de sus sorprendentes iniciativas, vemos como, por ejemplo, ha puesto usted en marcha unas autodenominadas bibliotecas públicas en dos paradas de autobús de Palma sin solucionar las carencias de lo que es principal cuando hablamos del transporte público: un buen servicio. Esto es un invento del TBO: tomar medidas que cuestan dinero, cuestan tiempo, costarán más dinero mantenerlas y costarán más tiempo para que no descarrilen. Es un invento del TBO no gastar todo ese dinero público y todos esos esfuerzos humanos en lo que es absolutamente primordial: atender los requerimientos de los ciudadanos de Palma que reclaman un servicio de transporte público constante, rápido, puntual, cómodo y limpio.

Este es un simple ejemplo, un botón de muestra, pero también podemos poner sobre la mesa de los temas pendientes de solución en Palma, ya con tres años de la legislatura cumplidos y en la recta hacia el final del período de gestión, otras realidades: la limpieza de la vía pública, la lentitud exasperante de los servicios municipales en todas sus áreas, la parálisis política a la hora de arrancar fundamentales iniciativas provocada por el egoísmo partidista de usted y de sus socios de gobierno municipal, la constante presión fiscal sobre los contribuyentes sin que se refleje en una mejora de los servicios públicos y una larga lista de ejemplos más.

Señor Noguera, alcalde de los inventos del TBO del Ajuntament de Palma:

Hágase una simple pregunta y sea sincero al autoresponderse: ¿se vive ahora mejor en Palma que antes de su llega a la poltrona de Cort? Mejor aún: no se responda a sí mismo sino que pregúnteselo a los ciudadanos. Y tome inmediatamente nota de las respuestas.

Alcalde Noguera: déjese de inventos, gestos, anuncios, ocurrencias y propagandas inútiles y asuma que su gestión al frente de Palma no pasará a ninguna historia que valga la pena ser recordada. Los inventos del TBO de su gestión son el reflejo de su manera de entender la política: postureo y propaganda. Y eso no es gobernar.

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