Sra. Planas, presidenta de la CAEB,

Dicen los pesimistas que un país tiene los políticos que se merecen. Es dura esta afirmación, y quizá injusta, porque en ocasiones no queda más remedio que elegir entre lo mediocre y lo peor. El desprestigio que padece la cosa pública en España en los últimos años se explica por varios motivos que serían largos de enumerar aquí. Tampoco el empresariado de nuestro país luce una imagen impoluta, aunque ni de lejos alcanza los niveles de descrédito de nuestros representantes públicos. Pero todo es empezar. La oscura operación que ha dirigido usted, Sra. Planas, desde la  presidencia de la principal organización empresarial de Baleares, la sitúa en un lugar de honor en la poblada galería de políticos ambiciosos y manipuladores que tan bien conocemos en esta tierra. Las oscuras maniobras que usted y su fiel escudero en la CAEB han desplegado en las elecciones a la presidencia de la Cámara de Comercio de Mallorca han dañado gravemente la imagen de esta institución. Y aunque ahora no se de usted cuenta, también la suya, y la de la patronal que preside.

Para ser justos habría que empezar por felicitarla. Consiguió usted que en 48 horas un candidato desconocido, Antoni Mercant, se impusiera de manera ajustada a otro que llevaba más de un mes impulsando una candidatura de consenso y explicando sus ideas para gestionar la Cámara de Comercio los próximos años. Bartomeu Bestard es un empresario que tiene virtudes y defectos, como cualquier otro, pero al menos fue de frente dando a conocer sus proyectos a los miembros con derecho a voto, y solicitando su apoyo uno a uno a cada gremio representado en la Cámara, sin obtener unos rechazos que, según él, le hubieran hecho desistir. Seguro que para usted esta es la prueba de la debilidad de su candidatura, pero entonces hemos ido conociendo los detalles de su turbia operación.

En sus maniobras en la oscuridad, Sra. Planas, fue presentando a Bestard como un candidato demasiado independiente y con demasiadas ideas propias. Una de ellas era su postura restrictiva respecto al alquiler turístico, en línea con los hoteleros. Aquí ya se ganó de una tacada al sector de restauración y al de distribución alimentaria, entre otros. Además, fue atizando la especie de que Bestard era un candidato mal visto por el Govern, haciendo el trabajo sucio a unos políticos que han tutelado en la sombra toda su operación. Por último, manifestó su preocupación por el contencioso judicial que mantienen un grupo de amarristas y grupos ecologistas con Alcudiamar, la empresa de Bestard. Al parecer a partir de ahora los empresarios que opten a puestos de representación pública deberán contar con el placet del GOB y Terraferida. Ese problema no lo tendrá usted nunca, Sra. Planas, porque su familia ya ha vendido la mayoría de todas sus empresas. Pero tendrá otros, ya lo verá, porque la traición se termina pagando cara.

Sra. Planas, usted ha aprovechado hábilmente la actual división en el sector hotelero, que se traduce en una alarmante pérdida de peso e influencia de la FEHM. De esto último se alegra mucha gente, sobre todo nuestros actuales gobernantes, pero no debería usted haber empleado ese arma de doble filo. Usted mantiene una pésima relación con la actual presidenta de la FEHM, María Frontera, por cuestiones estrictamente personales que tienen que ver con celos y envidias. Alguien le susurró no hace mucho que Frontera podría ser su sustituta al frente de la CAEB, y bajo ningún concepto quería verla aupada con usted a una de las vicepresidencias de la Cámara de Comercio. Otra razón de peso para apuñalar a Bestard en el último momento, propiciando una candidatura que desconocían precisamente las personas que pensaron en usted para sustituir a Josep Oliver como presidente de la patronal. Una cosa es que en la actual coyuntura política los principales hoteleros de Mallorca estén bastante alejados de los foros de decisión, y por tanto de los focos mediáticos, y otra muy distinta es que los tome usted por tontos. No le saldrá gratis su maniobra, tiempo al tiempo.

Pero aún faltaba lo más importante, Sra. Planas: encontrar un candidato florero que se prestara en el último minuto a este juego sucio. Y lo encontró en la persona de Antoni Mercant, un ejecutivo de segundo nivel de una naviera sin arraigo en nuestra comunidad, que al parecer pronto podría salir de su empresa por un proceso de reestructuración. Eso supondría que perdería automáticamente su condición de representante cameral del gremio de la estiba, y por tanto debería abandonar el cargo de presidente de la Cámara de Comercio de Mallorca. Los estatutos de esa institución no contemplan unas nuevas elecciones, sino su sustitución inmediata por la persona que ocupe la vicepresidencia primera. En este caso usted, Sra. Planas. Hay quien va más lejos e insinúa que ya tienen pactada su dimisión. El tiempo dirá si todo esto es una falacia paranoica, o realmente se cumple. En cualquier caso, a usted no le convenía una Cámara de Comercio fuerte que restara protagonismo a la CAEB, pero quizá se le ha ido la mano lanzando una maniobra que va tomando aspecto de boomerang, y le puede terminar golpeando en la cabeza.

Pase lo que pase, lo sucedido en ese proceso electoral desprende un hedor desagradable, que recuerda demasiado a esos pactos inconfesables entre bambalinas por sillas y cargos que tanto criticamos entre partidos políticos. Si Bestard no era el candidato idóneo se podía haber buscado otro, y si no se alcanzaba un consenso se podía haber votado, pero no de esta manera forzada y torticera. Usted, Sra. Planas, ha copiado lo peor de la política, su parte más lóbrega y mugrienta, actuando por la espalda, traicionando a quienes la apoyaron y propiciando desde su cargo la fractura del sector empresarial. Esta vez, ya lo verá, no ha hecho un buen negocio.

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