Solos en la madrugada

16

El próximo miércoles 11 de julio me espera un día atípico.

En primer lugar, me despertaré a las dos, dos y media de la madrugada y me dirigiré al salón para disfrutar de uno de mis mayores hobbies: el cine. A pesar de que tengo varias películas en mi USB, solo puedo ver dos por cuestión de tiempo. La sesión de cine de la madrugada del miércoles ya está programada. Comenzaré con una película dinámica y estimulante, llamada Nightcrawler. La crítica fue bastante benevolente con ella en su momento. La comparan con el cine de Scorsese y Wilder, dos de mis directores favoritos. Debería de gustarme. Cuando se aproximen las cuatro y media de la madrugada, llegará la hora de la segunda película, otra apuesta segura si atendemos a mis gustos. Cine español, en concreto de Garci. No, no veré Solos en la madrugada, aunque sería lo ideal si yo fuera un personaje de una película, y no un simple espectador. El segundo film de la sesión de madrugada será You´re the one, multipremiada en los premios Goya y que tuvo una gran acogida por parte de la crítica. Me conformo con que sea la mitad de buena que El Crack. Cuando acabe la película, serán casi las seis y media de la madrugada. Será el momento de cambiar el pijama por ropa más deportiva. En definitiva, es la hora del paseo.

¿No creéis que el cuerpo necesita un descanso? Pues no, después de cuatro horas pegado a la televisión, saldré a caminar otra horita. Después del ejercicio, solo queda ducharse, desayunar y… ¿volver a la cama? No hombre no, no seáis tan ingenuos. Todo esto forma parte de un plan predeterminado, nadie se levanta a las dos y media de la madrugada así porque sí. Y menos una persona tan asquerosamente formal, absuelta de cualquier tipo de frikismo (si podemos excluir el cine y la literatura). Todo este maravilloso e inusual circo, que rompe con cualquier rutina imaginable, termina en un hospital, concretamente a las nueve de la mañana. ¿Por qué en un hospital, os preguntareis? ¿Es que no existe un lugar más gris y deprimente?

Porque mi neurólogo debe evaluar, mediante un electroencefalograma de sueño, si la epilepsia que padezco desde hace 17 años está más controlada de lo que parece o no. Dicho de otro modo, es un examen que se realiza a mi cerebro para saber si realmente necesita menos ayuda médica. De manera que todo el desmadre que he explicado anteriormente tiene una explicación muy sencilla. Y es que mi cerebro (y mi cuerpo) tienen que llegar a un nivel de agotamiento físico y mental lo suficientemente aceptable para registrar correctamente mi actividad cerebral mientras duermo.

No sé ustedes, pero yo no creo que haya que someterse a exámenes médicos tan complejos si padeces de una enfermedad en el riñón o el páncreas. De hecho, esta peripecia no hace más que confirmar una de las célebres frases de Woody Allen: “el cerebro es mi segundo órgano favorito”.

DEJA UNA RESPUESTA