Señora Carmen Planas, debe resultar extremadamente difícil aparecer ante más de 500 personas, en la gala anual más importante que organiza la entidad a la que usted representa (CAEB) y tener que hacer el paripé del doble juego. Contentar a unos y a otros nunca ha sido posible, pues jamás llueve al gusto de todos.

Representar a los empresarios debería ser un honor, a la vez que todo un reto. No tendría que temblarle el pulso a la hora de reclamar aquello que el sector considera de justicia como, por ejemplo, un mayor diálogo social y sobretodo, un mejor funcionamiento de la administración.

Reivindicar la importancia de los empresarios en la sociedad por representar el progreso y crear empleo y desarrollo económico; tal y como usted hizo durante su discurso en el gala Empresario del Año, no estuvo mal. Arrancó aplausos y más de un codazo teniendo en cuenta la presencia de la presidenta Armengol en la primera fila del auditorio. Pero sepa, señora Planas, que a la mayoría nos resultó descafeinado.

Un discurso, el suyo, algo obvio y con falta de contundencia. ¿Qué CAEB no aplaude algunos impuestos aún en proceso?. Entonces…¡Dígalo!. ¿A qué tiene miedo señora Planas?. Habló usted, en boca de los empresarios, con la boca pequeña. Muy pequeña.

Ahora tenemos alguna ley que aún estamos a tiempo de encauzar, antes de que se nos atragante” atinó a decir sobre el escenario. Déjese de eufemismos, ¿a qué ley se refiere?. Lo podemos imaginar pero su deber como representante de los empresarios debería ser hablar claro. Las cosas por su nombre, y al pan, pan, y al vino, vino. Y a quien no le guste, que apechugue.

Cualquier malpensado creería que subió usted a hacer su discurso, señora Planas, tan solo para cubrir el expediente. Que, en el fondo no tenía ninguna intención de reivindicar la importancia de los empresarios en el tejido económico balear. Y no la tenía porque sabía que la clase política la estaba observando. Toda la clase política, no solo los que gobiernan.

Fue un poco, algo así como la representación gráfica del sempiterno chiste del dentista. Aquel paciente que llega, se sienta en la silla y agarra al especialista por los testículos advirtiéndole que “no ens hauríem de fer mal!”. Pues igual. Fue la puesta en escena, ante numeroso público, del pacto de no agresión que parece existir entre la clase política y CAEB.

¿Acaso no quiere molestar al bipartidismo representado por PP y PSOE? Porque precisamente esa fue la idea generalizada tras su pobre discurso. Fue inevitable que los cursos de formación, ese desagradable capítulo que pretenden tener olvidado en un cajón, aflorase la noche del Empresario del Año.

No hace falta entrar mucho en el detalle pues la hemeroteca no falla, y cualquiera puede refrescarse la memoria en cualquier momento: Con el segundo Pacte de Progrés fue cuando presumiblemente empezó CAEB (a la que usted representa) a aplicar la picaresca generalizada de inflar facturas por cursos de formación. Pero fue con un gobierno del PP cuando los papeles de los 1,3 millones de euros que le reclama el SOIB por facturas injustificadas desaparecieron. Nunca más se supo de ellos.

Valga decir que, a punto de finalizar el tercer Pacte, los papeles (que imaginamos les llevan, a usted y a los suyos, por el camino de la amargura) siguen sin aparecer… ¿Es por ese motivo que no tiene intención de hacer excesivo ruido?. ¿Hace un discurso que pretende ser reivindicativo para quedar bien con los suyos, pero evita poner el dedo en la llaga para no enfadar a quienes podrían hundirles el chiringuito?

Señora Planas, cualquier malpensado pensaría que lo que no quiere usted, a las puertas de unas elecciones autonómicas, es provocar una mala reacción de quienes pueden abrir un cajón y hacer aparecer los dichosos papeles de los cursos de formación. Si es así, eso tendría un nombre: chantaje.

Mientras tanto ellos, los papeles, siguen olvidados en algún cajón inhóspito a la espera de, alegremente prescribir, y que más de uno o una salga de rositas del atolladero.

Una mà renta l’altra, i les dues la cara. Pues eso: Tú te callas, yo lo escondo, él no lo saca y todos contentos. La opinión pública, además, es tonta. Todo muy limpio, muy ejemplar señora Planas. Y muy valiente, eso siempre. Ironías al margen… ¿Y los cursos de formación para cuándo, señora Planas?

¡Menos fiestas y más reivindicación!

DEJA UNA RESPUESTA