Queremos hablarle hoy, señora Planas, del triste papel que la mayor parte de las organizaciones empresariales, y entre ellas la que usted preside, están jugando en la complicada coyuntura política, social y, sobre todo, jurídica que caracteriza los actuales tiempos en España, y, por supuesto, también en nuestras islas.

Sí, un triste papel, señora Planas, porque si algún aspecto hace que la existencia de entidades como la CAEB  o la CEOE cobre pleno sentido es su afán por erigirse en portavoces de las preocupaciones y los desvelos del colectivo al que representan, que en su caso son los empresarios. Tal vez, el verbo que mejor se adecúa a esta función es reivindicar. Y ustedes, en la CAEB, si hemos de ser sinceros, lo que es reivindicar, reivindican más bien poco. Aunque no todo debe ser reivindicar, colaborar de forma activa con la clase política también debería estar a la orden del día en sus agendas.

Casi diríamos que su aportación en el escenario empresarial y sectorial se ha reducido a convertirse en una mera comparsa institucional que ni pincha ni corta. Y, francamente, señora Planas, no es de recibo que con la que está cayendo en España ustedes se limiten a silbar y mirar para otro lado, haciendo el paripé a los políticos de turno, recogiendo placas y ramos de flores en almibarados actos institucionales, y pidiendo perdón por existir. O, por decirlo más apropiadamente, pidiendo perdón por ser empresarios.

Y, desde luego, como expresó elocuentemente uno de los más importantes empresarios de este país, Juan Roig, el propietario de Mercadona, durante la reciente celebración del XXI Congreso Nacional de la Empresa Familiar, en Valencia, el sector privado, que es a quien la CAEB y la CEOE, en definitiva, representan, constituye el motor de la economía de cualquier territorio.

Roig dijo muchas otras cosas, y todas ellas certeras, en nuestra opinión. Habló, sin ir más lejos, de la necesidad de que los empresarios ‘salgan del armario’, una expresión muy al uso que viene que ni al pelo para describir la estrategia que organizaciones como la suya aplican a la hora de reivindicar la insustituible contribución social que realizan quienes arriesgan su dinero para crear riqueza y puestos de trabajo no solo en beneficio propio, como muchas veces equivocadamente se argumenta, sino en provecho de toda la colectividad.

Señora Planas, como usted bien recordará, ya unos días antes de celebrarse el Congreso al que aludíamos anteriormente, le decíamos en esta misma sección, concretamente en el artículo que se publicó el 29 de octubre, que en su discurso en la gala anual de la CAEB “no tendría que temblarle el pulso a la hora de reclamar aquello que el sector considera de justicia”, y “reivindicar la importancia de los empresarios en la sociedad por representar el progreso y crear empleo y desarrollo económico”.

Ha hecho falta que en este XXI Congreso de IEF, grandes empresarios como el ya citado Juan Roig, Simón Pedro Barceló o J.M. Entrecanales (Acciona), lanzaran fuertes críticas hacia las patronales y la CEOE, patronal a la que CAEB pertenece.

Estos líderes económicos, todos ellos triunfadores en sus respectivos sectores, reivindican el papel del empresario para ser más ejemplares y más autocríticos, y critican a los dirigentes de la CEOE por no estar actuando, precisamente, como empresarios ejemplares. El señor Entrecanales fue todavía más lejos, y echó en cara a los representantes sociales el hecho de que ya no es solo que no sean ejemplares, sino que ni siquiera son empresarios. Los empresarios y las empresas de CEOE no lo son, y eso mismo ocurre en las organizaciones sectoriales.

La CAEB, y usted, señora Planas, como su principal responsable, deben exigir seguridad económica, jurídica y política, cosa que no se hace en nuestra Comunidad, y tiene también la obligación de defender a los empresarios que representa. No se trata tan solo de leer un simple discurso para contentar a los asistentes que le aplauden. No estaría nada mal, por ejemplo,  que instasen a la clase política a trabajar en serio para agilizar la administración. No solo los empresarios se quejan de la lentitud del elefante administrativo, los ciudadanos de a pie también. No ha habido aún ningún político que haya superado el miedo a enfrentarse a la administración. Tal vez si ese político de turno se sintiese respaldado por entidades como la suya, señora Planas, y por otras plataformas ciudadanas…Otra gallo cantaría.

Señalar con el dedo al funcionario vago o, por el contrario, destacar a los más eficientes no debería ser un trauma para nadie, pero desgraciadamente lo es.

Hay que criticar y reivindicar, señora Planas, pero también hay que estar, sobre todo cuando se trata de un interés general. Es fundamental que entidades como CAEB ayuden a los políticos a desencallar determinados temas. Fundamental.

La prosperidad económica, de la que los empresarios constituyen un aval incuestionable, exige un contexto legal garantista y la adopción de decisiones políticas serias y responsables. Nada de eso ocurre actualmente en España. Y, sin embargo, las organizaciones empresariales, la mayor parte de ellas, al menos, siguen metidas en un armario de profusas dimensiones del que no parecen tener ninguna intención de salir.

Y deberían hacerlo, señora Planas. Debería hacerlo la CEOE. Debería hacerlo la CAEB. Debería hacerlo usted. Y si no es capaz de asumir ese reto, y de llevar a buen puerto sus responsabilidades como representante de los empresarios de Balears, su obligación es la de hacerse a un lado y permitir que otros, más concienciados o, simplemente, más valientes, lo hagan. Porque por ahora, no sabemos para qué sirve CAEB…

 

 

 

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