Señor Miquel Ensenyat i Riutord, presidente del Consell de Mallorca:

Afronta usted el final de la legislatura con la plena satisfacción del que ha cumplido con eficiencia y responsabilidad aquello que prometió a sus votantes y al resto de la ciudadanía en el momento de acceder al cargo. Asumir la dirección de una institución como el Consell de Mallorca, emparedada entre las ansias acaparadoras del Govern y las reclamaciones constantes de los ayuntamientos, requiere temple y habilidad. Pero, por encima de todo, ha supuesto objetivar los deseos políticos particulares del partido del que forma parte usted mismo y anteponer los requerimientos de la mayoría general de los ciudadanos.

Señor Ensenyat:

Le han directamente amenazado determinados grupos políticos deseosos de que la peligrosa carretera que une los pueblos de Llucmajor y Campos se quede como está. Y lo han hecho aludiendo a las futuras e inminentes elecciones autonómicas, en las que usted encabezará la lista de MÉS per Mallorca con el objetivo de postularse al cargo de presidente del Govern de les Illes Balears. ¡Enhorabuena! Ha perdido usted 20 votos… y ha ganado muchísimos más.

Desde la comodidad del que se limita a gritar consignas sin aportar nunca soluciones a los problemas que nos acosan, determinados grupos sociales investidos de una representatividad nunca contrastada en las urnas, le exigen a usted y al equipo de gobierno que encabeza que no cumplan con sus promesas electorales y tampoco con aquellas iniciativas que contribuirán a hacer de la circulación viaria a través de Mallorca una realidad mucho más cómoda pero, y eso sí que es absolutamente primordial, radicalmente más segura.

Entre aquellos que más critican las obras de la peligrosa carretera está Margalida Rosselló, exconsellera de Medi Ambient del Govern balear (1999-2003) por Els Verds. Así pues, no debería extrañar su postura contraria a un supuesto consumo de territorio. Pero teniendo en cuenta su trayectoria política en que ella y los suyos no dudaron en encadenarse a la chimenea de la incineradora y luego cambiaron de parecer… Los mismos que predicaban un NO rotundo a la incineración y tan solo meses después, tras haber puesto los pies sobre la moqueta del poder, cambiaron radicalmente. Ya no es que la incineración no tuviera cabida en nuestra comunidad, es que añadieron un nuevo horno para residuos peligrosos.

Atrás quedaron los crespones negros que adornaron pueblos del Pla de Mallorca, a finales de los 90, en contra de las cenizas de Son Reus… Debe tener esperanza la señora Rosselló de la memoria de pez de los ciudadanos. Y que pocos serán los que al verla dar lecciones de democracia ahora a Ensenyat, ignorarán cómo vendió en su momento a todos sus votantes. La hemeroteca es muy mala señora Rosselló. Y la hipocresía, SU hipocresía, todavía más.

¿Cuántos ciudadanos votaron en las pasadas elecciones a los que ahora piden que no se solucionen de forma correcta y equilibrada los problemas que provoca la carretera de Llucmajor a Campos? Ninguno ¿Cuántas veces se han presentado a las elecciones los que ahora le amenazan a usted? Ninguna ¿A quiénes verdaderamente representan? No lo sabemos y nunca lo hemos sabido.

Los grupos sociales, en las democracias occidentales, son portadores de la legitimidad que les otorga las leyes fundamentales a través del reconocimiento del derecho a la libre expresión de las opiniones. Pero no representan a nadie más que a ellos mismos. Nadie les ha refrendado nunca con su voto. Nunca se han enfrentado a la valoración libre de sus propuestas y actuaciones por parte de los ciudadanos. Solo los afiliados a estos mismos grupos se pueden ver concernidos por lo que sus portavoces proclaman, pero nadie más.

Bienvenidas sean las opiniones. Todas absolutamente. Pero nada más. Escuchemos todos -y escuche usted también, señor Ensenyat- lo que le quieran decir los anti-carretera Llucmajor-Campos. Pero después siga haciendo lo que ha estado haciendo hasta ahora: cumplir con lo que prometió al acceder al cambio.

Los aprendices de político seguirán, seguro, despotricando sobre todo lo que les rodea arremolinados entre el humo de los cigarrillos y sentados alrededor de la mesa de cualquier bar. Opinarán, pontificarán y creerán solucionar todos los problemas del mundo mundial con una cerveza en la mano. Pero luego se montarán en sus coches movidos por combustibles fósiles y recorrerán –oh, sarcasmos de la vida- esa misma carretera de la que ahora despotrican. Como hacen día sí y día también con la autopista de Inca, el túnel de Sóller, la autopista de Calvià, la autovía de Manacor y muchas otras obras públicas que ya en su momento fueron objeto de sus puyas y amenazas.

Afortunadamente, el mundo sigue dando vueltas sobre sí mismo sin atender a los requiebros y lamentos de estos aprendices de brujo. Aprendices que nunca se han atrevido a presentarse a unas elecciones y a defender ante la ciudadanía sus propuestas para después ser juzgados por el veredicto de los votos.

¡Qué fácil es solucionar los problemas cómodamente sentado en un sillón de casa! Y que falsos son los que así actúan.

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