El poder de la red

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Hace casi dos años que falleció uno de los mejores sociólogos del siglo XX, Zygmunt Bauman. Este pensador polaco se había convertido en una estrella mundial en el campo de la sociología especialmente durante los últimos años, gracias a sus ideas sobre lo que él denominaba “sociedad líquida”.

Bauman sostenía que el actual momento de la historia era la mejor demostración de cómo las realidades sólidas que vivieron nuestro abuelos (un trabajo estable, un matrimonio para toda la vida…) han desaparecido en estas últimas décadas. Hemos pasado a un mundo mucho más precario y volátil, donde la mayor preocupación de nuestra vida social e individual pasa por prevenir constantemente que todo aquello que hagamos se consolide el mayor tiempo posible.

Del mismo modo, el establecimiento de la “modernidad líquida” ha traído consigo una sociedad ansiosa de novedades, ya que vivimos en una realidad sumamente cambiante donde lo importante no es conservar tus objetos más preciados durante un tiempo prolongado, sino renovarse continuamente y no quedarse atrás respecto a tus compañeros o  tu familia. Ahora bien, ¿cómo surgió la modernidad líquida que tan bien definió Bauman? ¿Cuál es el principal detonante de esta nueva sociedad que hemos ido creando durante estas últimas décadas?

La respuesta la encontraremos en la gran revolución del siglo XX: Internet. Un fenómeno global de alcances impensables, que se ha visto agravado en esta última década a consecuencia del auge de las redes sociales. Gracias al surgimiento de la red,  se ha roto con una tendencia que había pervivido durante cientos y cientos de años en el terreno de la comunicación social: la comunicación de masas, que consistía en que unas pocas personas transmitiesen toda la información al resto de la gente. Sin embargo, la poderosa aparición de Internet y las redes sociales ha transformado por completo nuestra sociedad. De este modo, hemos pasado a un modelo comunicativo de sociedad en red, donde muchos se comunican con muchos, lo que conlleva a una sobreabundancia informativa jamás vista en la historia de la humanidad.

Nunca han existido tantos productores de información como ahora. Hace tan solo 20 o 30 años, todo aquel que deseaba lanzar un mensaje que tuviera repercusión en la esfera pública lo tenía sumamente complicado, ya que dicho mensaje tenía que pasar siempre por el filtro de los medios de comunicación. Al mismo tiempo, esos medios se encargaban de determinar si esa información era realmente relevante y si, por tanto, merecía ser contada.

Sin embargo, el nacimiento y la posterior evolución de Internet ha desvirtuado una de las grandes labores que se le atribuyen al periodismo: decidir que informaciones son noticia y cuáles no. El surgimiento de la red ha conseguido dar voz a todo el mundo, y no solo a aquellos que se autodenominan “periodistas”, lo que ha provocado que aquella información seria y rigurosa que suele vincularse al mundo periodístico esté cada vez más contaminada por el sectarismo y la simpleza de los mensajes que inundan las redes sociales.

De hecho, una gran prueba de cómo el periodismo ha sucumbido al poder de la cultura digital lo encontramos también en el propio lenguaje de los medios, y en consecuencia, de los políticos. Y digo también de los políticos ya que en la actualidad existe una mayor tendencia a diferenciar la esfera política de la mediática. Eso quiere decir que los medios ya no dependen tanto de los políticos, y son los políticos los que se sienten cada vez más influenciados por los medios de comunicación.

Eso ha facilitado el clima constante de campaña política que vivimos desde hace unos años. Fíjense sino en la joven legislatura del Gobierno socialista de Pedro Sánchez. Cada semana (por no decir cada día) tenemos un tema de actualidad completamente nuevo. Resulta muy complicado que cualquier asunto de actualidad política prospere, ya que todo es cambiante e incierto. Si hace una semana parecía bastante probable que tuviéramos elecciones anticipadas en marzo tras el descalabro de las izquierdas en Andalucía, la posterior reunión entre Sánchez y Torra y la vuelta al diálogo entre el Gobierno y los independentistas, solo ha servido para hacer aún más difuso el futuro político de nuestro país.

¿Aguantará Sánchez hasta 2020? ¿Apostará por convocar elecciones anticipadas antes de que acabe 2019? Si es así, ¿cuándo las convocará? En realidad, cualquiera de estos pronósticos son posibles, y más si vivimos en una sociedad tan volátil y flexible a los cambios como la sociedad actual. No es de extrañar que las encuestas sean cada vez menos fiables para la opinión pública, dada la frecuencia con la que los ciudadanos cambian sus preferencias ideológicas.

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