La venganza del obispo Salinas

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La venganza conforma uno de los siete pecados capitales: la ira. Y la ira está detrás de la venganza que ha ejercido el Obispado de Mallorca, aún bajo el báculo de Xavier Salinas, contra determinados profesores de Religión en el momento de aplicar el recorte de personal organizado desde la Conselleria d’Educació del Govern balear.

Aplicando a rajatabla el articulado de la LOMCE del ministro Wert, el próximo curso habrá menos horas lectivas de la asignatura de Religión en los centros educativos públicos de las Islas Baleares. Este recorte de horas de clase conlleva, asimismo, el recorte de horas de trabajo de los docentes. Y este recorte de horas de trabajo, tras semanas de tiras y aflojas, ha evolucionado en qué jornadas completas de trabajo se han convertido en medias jornadas.

La conselleria que dirige Martí March no ha cedido ni un ápice en el proceso de negociación y ha impedido taxativamente que los docentes de Religión completaran sus jornadas de trabajo recortadas impartiendo clases de otras asignaturas o ejerciendo otros cometidos o funciones en los centros. Todo encaminado a no recortar la jornada y, claro, el sueldo.

80 profesores de Religión han visto impotentes estos días como, tras un angustioso verano, la Conselleria d’Educació les ha comunicado que su jornada laboral en el curso 2016-17 ha sido recortada a la mitad. Pero eso no es todo.

Según establece el Concordato entre El Vaticano y España, y las leyes que lo desarrollan, son los obispos de cada diócesis los que nombran a los maestros y profesores de Religión. Asimismo, asignan el lugar de trabajo a cada uno de ellos. Por tanto, es el obispo Salinas el que ha determinado qué profesor impartirá Religión en cada colegio o instituto en el que esta asignatura forma parte del programa lectivo. Así se ha esforzado hoy el conceller d’Educació, Martí March, en dejarlo bien claro. Evidentemente, para no tener que asumir responsabilidades en el conflicto ahora destapado.

Y el conflicto destapado es que el obispo Salinas, o alguien de su equipo, han aprovechado esta reducción de jornadas laborales y reubicación de los docentes para vengarse de los más críticos con su labor. Han arremetido contra los sacerdotes críticos. Así de claro y así de directo. ¿Cómo lo ha hecho? Enviándolos a colegios e institutos alejados de sus anteriores destinos o casas. Esa ha sido la venganza del obispo Salinas.

Entre los casos más sangrantes están los profesores de Religión más implicados en el vídeo presuntamente blasfemo de un alumno del Institut Josep Maria Llompart de Palma.

La venganza, según los católicos, es pecado. Pero en el Obispado de Mallorca, aún bajo el manto pluvial de Xavier Salinas, eso no ha sido obstáculo para desplazar a institutos remotos e incómodos a profesores críticos con la jerarquía episcopal cómodamente asentada a la sombra de la Seu. Amén.

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