OPINIÓN/ “¿A quién le importan los premios Ciutat de Palma?”, por Eduardo de la Fuente

Ayuntamiento de Palma

La respuesta al titular se la doy en la primera línea: ni a los progres que se creen depositarios de la cultura, ni a los catalufos que se pirran por autores aburridos que tienen el ombligo como el cráter de un volcán y que duermen a las ovejas, ni a la derechona cafre-cagada que ha abdicado de la cultura. Tenía que llegar el día. Sí, hoy me voy a poner cultureta, voy a hablar de libros. Oh, ah… Usted querido lector se despereza, se aburre, bosteza somnoliento y se dice: «uf, voy a volver al feisbu que me han dicho que la Mariah Carey ha hecho el ridículo cuando le ha fallado el playback». Lo entiendo, quién quiere leer cosas aburridas de libros y literatura cuando a un solo clic de ratón puede deleitarse con el bochorno de una vacaburra responsable de un daño infinito a la música con sus odiosos gorgoritos y que ha llegado a un estado tal de degeneración artística que no sabe ni mover los labios cuando le ponen una de sus canciones —por llamarlas de alguna manera—, se atusa el sostén, enseña las transparencias como la choni de la Pedroche y se pone colorá como la cresta del gallo morón… Pero yo he venido a hablar de libros, que en la literatura también hay cagadas monumentales, oigan.

Miren, comienzo a cañonazos, que si se me aburren se piran. Mallorca está llena de subnormales, no les quepa duda. En unos días conoceremos el fallo —que un año más presumo catastrófico— de los premios literarios Ciutat de Palma, esos que organiza el ayuntamiento y que a todo el mundo se la suda menos a los que los ganan, que 26.000 euros para el premio de novela y 12.000 para el de poesía no son peccata minuta. Me parece fenomenal que una ciudad como Palma tenga unos premios literarios de nivel, es bueno. Eso sí, les aseguro que andan larvados de carcoma y mierda supurante de la primera a la última letra de las bases del concurso. Ahora aún más, aunque la felonía viene de lejos. Se supone que un premio literario —máxime si es impulsado por una entidad pública como es el caso— debe servir para reconocer el talento de un escritor, promocionar su obra y, de paso, demostrar que el dinero de los contribuyentes se utiliza para un fin cultural, cosa que nunca viene mal porque en este país de zoquetes lo de repetir una y mil veces que leer nos enriquece es más que necesario. Por encima de colores políticos, los premios literarios palmesanos nunca han tenido la repercusión que merecen los galardonados, se les promociona poco y mal, apenas se generan unas líneas al respecto en la prensa y el pobre escritor acaba con un dinerillo que viene bien, pero con el nulo reconocimiento de un trabajo que allane el camino en el escabroso camino de la profesionalización y que podría darle de comer en el día de mañana.

Yo no he ganado un premio literario en la puta vida y he dejado de presentarme para evitar disgustos. La frustración del escritor no reconocido —y por eso hemos pasado todos los que juntamos letras— nos lleva a creer que los premios están cocinados, dados de antemano y que todo se reduce a un cambalache de amiguitos, a una merienda de negros. Uno se vuelve escéptico y acaba aparcado en esa olla de resentimiento que llamamos la periferia editorial, al margen de todo y renegando de los que consiguen publicar y tener éxito. Y no es cierto, los premios son necesarios y no todos están amañados. Lo que jode es que uno se desgañite meses o años para pergeñar un libro y que cuando se lo premian la cosa quede en nada. Los premios Ciutat de Palma son poco más que una tontería municipal para lucir bien y aparentar que los políticos se preocupan por la literatura. No dudo de la eficiencia, honradez, imparcialidad y ética del jurado… Espero que no suceda lo de hace unos años, cuando un servidor presentó dos novelas bajo seudónimo y un conocido que trabajaba en el Ayuntamiento me dijo: «Eduardo, no ha gustado nada que te presentes, ha molestado y mucho». Aún hoy sigo preguntándome a quién coño pudiera haberle molestado y el porqué del mosqueo. Con no darme el premio ya era suficiente. No digo que lo mereciera, pero: ¿qué necesidad había de enviarme a un mariachi a darme la murga? Además, ¿qué diantre hacían en Cort abriendo sobres para ver quién era el escritor escondido bajo el seudónimo? Como se lo digo, una verdadera mierda como un piano. Confío en que las cosas hayan cambiado.

Otra cosa chunga de los premios Ciutat de Palma es que son un insulto al ciudadano que paga impuestos. Que yo sepa los impuestos se pagan y punto, no se pagan en español ni en catalán. Los euros no hablan. Resulta que ahora solo reconocen a escritores en lengua catalana. ¿Qué pasa con los que como yo escribimos en español, acaso somos menos escritores o menos mallorquines? Soy español, mallorquín y escritor, y no puedo optar a un premio público en mi tierra y que también pago con mis impuestos. Anda ya, iros a dar un paseo por ahí a ver si os confunden con un chapero y os hacen pupita en la retaguardia. Menuda pandilla de sectarios nos gobierna. La literatura, como toda forma de expresión y creatividad, no conoce idiomas o fronteras, credos, religiones o tendencias políticas. Es más, creo que una ciudad como Palma, que merece aspirar a ser cosmopolita y no una simple capital de provincias, debería tener premios literarios en catalán, español y lengua extranjera. Con el mismo importe que ahora se destina a los premios se podrían apañar tres galardones muy majos.

Sucede que somos unos paletos. Así de simple es la cosa. Ahora al Día del Libro lo llamamos Sant Jordi y andamos con la tontería esa de regalar rosas. A ver, meapilas de la cosa pública, lo de Sant Jordi está muy bien y es muy bonito en Barcelona, pero aquí, como en todo el jodido planeta, es el Día del Libro. Y lo digo con todo el respeto a los catalanes y a los floristas que tienen que aprovechar para vender lo que puedan, cosa que entiendo y respeto, es su trabajo.

Por cierto, les aclaro que tengo mi propia editorial y que me puedo publicar mis libros cuando me salga de los cojones, que por mi pequeño sello han pasado manuscritos en varios idiomas y he puesto en la calle libros de otros autores en catalán y en español. Sí, porque amo la literatura, me gustan los libros y me da igual el idioma en el que estén escritos.

Felicito de antemano a los aún ignotos ganadores de los premios literarios Ciutat de Palma. Sin duda, lo merecerán. Deseo que el dinero les ayude en su carrera y que —aún con la certeza fatal de equivocarme— el galardón les abra muchas puertas. De momento, y hasta que los políticos se lo tomen en serio, me mantengo al margen.

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