OPINIÓN / “El Trumpazo”, por Eduardo de la Fuente

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Como somos unos ignorantes, los medios de comunicación y las asociaciones pseudoculturales nos tienen que contar la verdad. Joder, y yo sin enterarme. Ahora, unos días después, he caído en la cuenta.

El pasado viernes 20 de enero —festividad de Sant Sebastià en Palma— vivimos una jornada histórica en la que dos acontecimientos planetarios acontecieron casi de forma simultánea: Donald Trump tomaba posesión de su cargo como presidente de los Estados Unidos en Washington y una asociación de escritores en lengua catalana celebraba el Sant Sebastià literari. A Trump lo vi por la tele, a los otros me los topé a la puerta del Teatre Principal. Resulta que los escritores llegaban en procesión solemne desde Can Alcover, la sede de la OCB, precedidos por un señor con tamborino y flabiol y otro que era literalmente un soplagaitas, sin ánimo de insultar. Caminaban serios, con cara de malafollá y altivos, como una versión desharrapada de la Santa Compaña. Al verlos, me parecieron bastante cutres, el reflejo deformado de lo que un escritor debe ser. ¿Y qué debe ser un escritor, se preguntará el lector? Ante todo, humilde. La soberbia y el ejercicio de superioridad cultural y moral son para los apaniguados. Lo de vender más o menos libros, o lo de publicar porque siempre te subvencionan son otros asuntos. Ellos son superfantàstics aunque no los conozca nadie y al resto nos consideran chusma. Tuvimos nuestro Sant Trumpistà literario. Pero el meollo de hoy es otro. Hoy hablaremos del trumpazo de la progresía.

Miren, hablando claro: a mi Trump no me mola, no llega a darme grima pero sí un poco de repelús. Me aterra pensar que si tocan a la puerta de la Casa Blanca confunda el botón del telefonillo del portero automático con el botón rojo del maletín nuclear y nos mande a todos a tomar por el culo porque un testigo de Jehová había ido a venderle la última entrega del Despertad. Lo que me fascina de Trump es la cantidad de gilipolleces que he oído —y lo que me queda— en los últimos días. Voy a detenerme en algunas chorradas que merecen una reflexión, que reconozco no es del todo original pues otros ya se han expresado en términos similares.

Trump es un machista, es el nuevo dogma de fe, y por eso al día siguiente de su jura como presidente las mujeres le montaron una manifestación de esas enormes. Y me pregunto: ¿ninguna mujer ha votado a Trump? ¿Acaso los Estados Unidos son un país habitado por blancos pobres, palurdos, carne de caravana, y sólo hombres? Que yo sepa aquello no es un campo de nabos, hay de todo. ¿Por qué se supone que las mujeres protestan contra Trump y aquí se les ríe la gracia cuando las españolas no salen a la calle a gritar contra Mujeres y Hombres y Viceversa, un espacio de Telecinco en el que se denigra a chicas paletas sin estudios y se las vende como mercancía a mandriles hormonados situándolas a un paso de la prostitución? ¿Dónde están todas las mujeres y los progres en general cuando la barbarie islámica despelleja a mujeres por medio mundo y las priva de sus derechos? ¿Dónde están cuando le pegan una paliza a una pobre chica en la puerta de un bar? Me refiero a la brutal agresión de una joven en Murcia a manos y pezuñas de un grupo de monos de extrema izquierda. Me da igual que sean de extrema izquierda, como si son de extrema derecha o en extremo gilipollas. Tampoco me importa, como algunos señalan, que la chica en cuestión pudiera estar vinculada a movimientos neonazis. ¿Dónde están los de la pancarta? Pero claro, Trump es machista, lo dice la CNN. Para machista, el picha brava de Bill Clinton, que se beneficiaba a becarias en el despacho oval y que a una le echó una firma en el vestido que se lo dejó como un cuadro de Jackson Pollock. Toma ya, explotación laboral.

Pongo IB3 Ràdio y escucho a un grupo de tertulianos lamentar que Trump ha chapado la versión en español de la página web de la Casa Blanca (ahora se ha anunciado que en breve volverá a estar disponible). La progresía se rasga las vestiduras. Anda ya, ¿a qué viene tanta tontería? Que aquí tenemos una presidenta, la señora Francina Armengol, que quiere condicionar la concesión de apertura de comercios a que estos garanticen que se atiende en catalán a los clientes. Que, digo yo, si monto una tienda atenderé en el idioma que me salga de los huevos. Y si el comerciante es medianamente inteligente atenderá en español, en catalán y en suajili si hace falta con tal de vender. No he oído a nadie piar una miserable palabra en ningún idioma ante el sectarismo armengolita.

Otros lechuguinos lamentan que Trump anuncie medidas proteccionistas y que se quiera cargar varios tratados y acuerdos de libre comercio como el TTIP que se negocia entre los Estados Unidos y la Unión Europea. Y estoy con ellos, es una burrada, pero resulta que los que se quejan son los que aquí mantienen lo mismo. En Podemos deben estar encantados con la cruzada anticomercio de Trump porque es lo que ellos defienden en Bruselas. Estos gurriatos no entienden que el comercio es la base de la paz entre pueblos. Dos países que comercian no se pelean. Como decía el pensador francés Frederic Bastiat, si las mercancías no cruzan las fronteras, lo harán los soldados. ¿De qué, si no, nace la Unión Europea? Coño, elemental, para que dejemos de matarnos los unos a los otros.

La charlotada de los progres con Trump no tiene fin. Se han pegado un trumpazo en toda regla. Insisto, Trump me parece un tipo patético, pero lo han votado, es uno de esos errores que de ven en cuando se dan en la democracia. Espero que se corte en el futuro y que no la líe aún más. Ojalá sea así y no nos lleve a todos de cabeza al infierno, que para eso por aquí ya tenemos a nuestros trumpitos particulares. O que, como dice mi buen amigo Javier Macías, algún iluminado comience a oír voces y lo mande a reunirse con el Señor…

Puta manía la de algunos de decir a los demás lo que tienen que hacer. Y ya que he mencionado a Bastiat, qué mejor que finalizar por hoy con otra de sus deslumbrantes citas: «¡Ea! miserables que tan grandes os creéis, que juzgáis a la humanidad tan pequeña, que todo lo queréis reformar. Reformaos vosotros mismos; con esa tarea os basta.»

Un trumpazo de cojones…

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