Examinando al cine y las series

opinión Chema Sánchez

¿Saben que tienen en común obras maestras como Magnolia, American Beauty, Matrix, La lengua de las mariposas, El dilema, La milla verde, El club de la lucha o Cuando vuelvas a mi lado? No, no hace falta que se estrujen mucho el cerebro para descifrar un acertijo tan sencillo como este. Todo se debe a una feliz coincidencia cronológica.

Y es que cada una de estas 8 películas (todas ellas de altísima calidad), surgieron en el mismo año: 1999. Precisamente el mismo año en que la HBO dio inicio a una de las mejores series de la historia: Los Soprano. Sin duda, hablamos de un año sumamente rico no solo en términos cinematográficos (piensen que no he nombrado otras películas como El sexto sentido o Las vírgenes suicidas), sino también en términos de ficción televisiva. Y es que Los Soprano fue la serie que puso al formato televisivo en igualdad de condiciones con el género cinematográfico, tras un siglo de reinado absoluto de la gran pantalla.

20 años después de que comenzase la época de oro de la ficción televisiva, y a tan solo unas semanas de una nueva edición de los Óscar, ¿Qué balance podríamos hacer actualmente del cine y las series? ¿20 años después, se ha mejorado el nivel en ambas áreas, o hemos ido a peor? Bajo mi punto de vista, todo depende bastante del prisma con el cual lo miremos. Si nos fijamos exclusivamente en la gran pantalla, la salud del cine europeo o sudamericano poco tiene que ver con la del cine estadounidense. Desde que comenzó el siglo XXI, los cinéfilos hemos tenido el placer de disfrutar año tras año de grandes películas europeas, e incluso de algunas pequeñas joyas latinoamericanas como Relatos salvajes, Ciudad de Dios o Amores perros.

Sin embargo, la gran industria hollywodiense ha empezado a dar muestras de agotamiento en estos últimos años. De un modo u otro, el cine estadounidense está acusando en exceso el proceso de concentración empresarial iniciado décadas atrás, un proceso que se ha visto sumamente agravado a raíz de la crisis económica iniciada en 2008. De esta manera, no es de extrañar que gran parte de la industria de Hollywood se muestre cada vez más proclive a realizar todo tipo de adaptaciones, sagas o remakes. Y es que al utilizar este tipo de herramientas, la industria cinematográfica estadounidense se ha asegurado siempre un público concreto a la hora de lanzar cualquier película, lo que reduce la incertidumbre económica entre las productoras. Esta peligrosa tendencia de reducir riesgos entre las grandes productoras, se está traduciendo en una reducción constante y paulatina de la creatividad y la diversidad en el cine estadounidense. Afortunadamente, David Lynch comenzó unos años antes en el cine. Me temo que ahora sería un poco más complicado ver sus incomparables trabajos en la gran pantalla.

De hecho, podríamos afirmar que el cine ha variado mucho su nivel en estos últimos 20 años, dependiendo eso sí, del lugar que miremos en el mapa. Aún así, grandes creadores estadounidenses como los hermanos Coen, Paul Thomas Anderson, Christopher Nolan o los infatigables Scorsese o Speilberg siguen demostrando el gran nivel que siempre les ha caracterizado.

Por lo que respecta al mundo de la ficción televisiva, resulta indudable que la oferta en materia de series de televisión se ha ampliado hasta límites insospechados en las últimas dos décadas. La imparable fragmentación de las audiencias impulsada por Internet ha propiciado en estos últimos años una oferta masiva de series. Ahora bien, ¿más ficción televisiva significa necesariamente mejores series? Actualmente parece ser que no. Y es que a lo largo de estos últimos años, series tan “cinematográficas” como Mad Men, Breaking Bad o House Of Cards se despidieron para siempre de sus espectadores (al igual que Juego de Tronos o Mr Robot, que bajarán el telón este año de forma definitiva). Aún así, es más que evidente que siguen existiendo grandes series de televisión, pero realmente son muy pocas las que consiguen alcanzar el nivel de obras maestras mucho más tempranas como Los Soprano o A dos metros bajo tierra. De hecho, podríamos afirmar que actualmente la ficción televisiva pasa por un período de transición, que a buen seguro más pronto que tarde finalizará.

PD: No podría acabar este artículo sin antes añadir que la sobreabundancia de series de televisión en estos últimos años, ha llevado a muchos seriéfilos a no ser testigos de obras maestras relativamente recientes como The Leftovers (hecha a medida para cualquier lynchiano o fan de Lost), o la recientemente premiada The Americans (una serie que seguramente gustaría a cualquier espectador que se enganchó a Homeland en sus inicios).

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