La responsabilidad del hotelero balear

carta a... hoteleros Balears

Baleares vive del turismo. Y turismo en nuestro archipiélago prácticamente es sinónimo de hoteles. No es que los hoteles sean el único negocio que florece en torno al turismo, pero sí son el primer punto de contacto del viajero con las islas y, sobre todo, son quienes tienen una participación más significativa en los ingresos que dejan los visitantes.

Históricamente, los hoteleros son quienes sentaron las bases de que Baleares fuera una región turística y son quienes, además, han configurado el producto. Su papel, pues, es por un lado de agradecer, por que son motor de este negocio y, por otro, son los primeros beneficiarios del mismo.

Por una conjunción de factores bastante infrecuente en el mundo económico, durante décadas, los hoteleros no vendían su producto sino que los extranjeros se lo compraban. Prácticamente hasta los noventa, algunos mayoristas europeos se encargaban de todo, incluso de la financiación de las obras de establecimientos nuevos, mientras que los hoteleros aportaban únicamente la operación.
La hotelería, salvo durante periodos muy breves, fue siempre y es aún hoy altamente rentable. Tanto que en las Baleares se generaron verdaderos imperios económicos, cuyos nombres conocemos todos. Con el cambio de siglo, las islas ya tenían un puñado de grandes empresas que se habían expandido a otros lugares de España y, más recientemente, del mundo, sobre todo en el Caribe. En un segundo plano, a rebufo de los pioneros, apareció un amplísimo segmento de hoteleros medianos, enormemente importante en su conjunto, cuyo foco es principalmente local.

Como conjunto, el sector hotelero ha sido el gran beneficiado del crecimiento turístico. De ellos, directa o indirectamente, depende toda la economía balear. Por eso, sus aciertos y sus errores son más escrutados que los de cualquier otro sector, sin despreciar una cierta envidia, inevitable en casos así.

A los hoteleros, probablemente con razón, se les atribuye un poder omnímodo en la política balear. Tras bambalinas, dicen los propios políticos de todas las ideologías, incluidos aquellos que en público presumen de independencia, siempre están los hoteleros moviendo hilos. Su influencia puede ser aceptable, pero cuando hablamos del liderazgo cultural, moral y empresarial, la cuestión es más discutible. La percepción social es que los hoteleros sí están para lo que les conviene pero desparecen cuando se trata de asuntos que no les afectan directamente a su cuenta de resultados.

La sociedad balear, necesitada de inversiones, de gestión, de cohesión, lamenta en muchas ocasiones que no sean ellos quienes asuman este liderazgo. Aunque, la principal queja estriba en que esa influencia pueda estar empleándose principalmente en beneficio de sus intereses. Por ejemplo, desde siempre sabemos en Baleares que muchos hoteles tienen plazas ilegales que todos los partidos que han estado en el Govern han ido permitiendo, ignorando, dejando para después, sin sancionar. Cuando los inspectores de Trabajo han salido a comprobar contratos de empleo, han detectado que una importante bolsa de fraude tiene lugar en la hotelería, cuando precisamente su economía les permite ser ejemplares.

A la vez que el dedo acusador se vuelca sobre este sector empresarial, también la sociedad balear se demanda cómo es que los hoteleros, colectiva o individualmente, no hayan promovido los productos agroalimentarios locales. O por qué no han incentivado la cultura, la enseñanza de nivel, el deporte, o el arte. Es habitual que los empresarios más exitosos de las diversas regiones de Europa sean promotores de publicaciones escritas o de medios de comunicación desde los cuales ofrecer la tribuna para que el pensamiento colectivo fluya en libertad. En Baleares, en cambio, salvo algunas iniciativas aisladas, todo esto ha brillado por su ausencia. Da la impresión de que el pensamiento dominante en este colectivo es el de que sus intereses están más allá de nuestras islas, por lo que no tienen ningún interés en lo que se juega aquí.

Por todo ello, es justo que la sociedad balear exija a este empresariado un ejercicio de responsabilidad. Por supuesto, tienen el derecho a ganar el dinero que su negocio les permite, pero también tienen dos obligaciones ante los ciudadanos: por un lado, ser cumplidores escrupulosos de la legalidad y, por otro, asumir un papel socialmente responsable en la promoción de la cultura, el arte, la ciencia o el crecimiento de los demás sectores económicos, en la medida en que esté a su alcance.

 

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