Democracia a la balear

Opinión Javier Mato Democracia a la balear

Las apariencias de una democracia son relativamente sencillas de cumplir; las dimensiones prácticas reales, en cambio, son más complejas y es en su observancia donde realmente se demuestra si un país o una comunidad son o no democráticas. Es en esto en lo que España deja mucho que desear, lo cual explica el desencanto de los ciudadanos. El asunto que voy a describir no es trascendental en sí mismo, pero es altamente revelador del nulo respeto a las formas, a las instituciones y al reparto de funciones que constituyen el fundamento de las democracias.

Los parlamentos, como representantes de los ciudadanos, tienen como una de sus funciones más importantes la aprobación de los presupuestos que elabora el poder ejecutivo. En las democracias avanzadas y serias este es un asunto clave, como corresponde con una función que históricamente ha sido trascendental.

El recorte salió adelante con los votos de Podemos y del Partido Popular

Pues bien, en Baleares, el Parlament aprobó recientemente los presupuestos para 2019. En su tramitación, la cámara aplicó una fortísima reducción de la asignación económica destinada a la agencia autonómica que se encarga de la promoción turística. El recorte salió adelante con los votos de Podemos y del Partido Popular. Este último partido, según dijo públicamente, se habría equivocado en la votación. Sea como fuere, la votación no era reversible, por lo que en puridad el Parlament, el representante de la soberanía y de los ciudadanos, ha decidido que haya menos gasto en promoción turística.

Al día siguiente de formalizarse esta decisión, el propio Partido Popular, ahora en la oposición en Baleares, le decía al Govern que no se preocupara por la decisión parlamentaria y que modificara los créditos, ignorando la voluntad de la cámara. O sea, que los designios de los ciudadanos daban lo mismo, que aquello no tenía importancia alguna. El Govern, por su parte, intentó sacar rédito político del supuesto error del Partido Popular, sugiriendo que no se podría estar presente en algunas ferias turísticas porque los conservadores habían votado en contra de este gasto. Pero, pocas semanas después, saltándose la decisión del Parlament, acudía a Fitur sin recorte alguno y, con toda seguridad, ahora en marzo estará en Berlín como si nada. Una modificación de crédito permitió saltarse la decisión de los diputados, con el silencio de toda la cámara.

En definitiva significa que lo que se aprueba en la cámara decae ante el deseo del poder ejecutivo

Observemos y meditemos un instante sobre la clase de democracia que tenemos. Más allá de si este asunto afecta al turismo o a cualquier otra cuestión, tanto el gobierno como la oposición, al menos la conservadora, defienden que da lo mismo lo que diga el Parlament, que una modificación de crédito permite corregir los designios de los ciudadanos, lo que en definitiva significa que lo que se aprueba en la cámara decae ante el deseo del poder ejecutivo.
En ningún país serio del mundo el poder ejecutivo se burla de la función del legislativo como lo hacemos aquí, ignorando y despreciando la decisión de los diputados. Nadie verdaderamente demócrata permitiría jamás que el ejecutivo modifique una votación de la cámara. De hecho, el Gobierno de Sánchez cae porque en la política nacional no es fácil alterar la decisión presupuestaria del legislativo. No es que España sea un ejemplo de respeto democrático de la voluntad de la cámara, pero aún no se ha llegado a la degradación en la que se mueve nuestra autonomía, donde ya sin rubor alguno o sin un mínimo subterfugio se violenta la decisión parlamentaria.

La política balear y española fluye desde los líderes de los partidos políticos hacia las instituciones. Nada emana del pueblo, de los votantes

Ustedes y yo conocemos lo que sucede con la modificación de crédito de turismo, pero ¿cuántas modificaciones hace el ejecutivo sin que el parlamento, los representantes de los ciudadanos, se enteren? Incluso peor, ¿por qué los diputados manifiestan indiferencia ante estos cambios cuando constituyen atentados a las competencias y funciones que les atribuye el Estatuto?
La respuesta es simple: toda la política balear y española fluye desde los líderes de los partidos políticos hacia las instituciones. Nada emana del pueblo, de los votantes. Los deseos de los ciudadanos son ignorados, excepto si coinciden con los de los partidos. Aquí únicamente cuenta la decisión de los líderes, que los diputados siguen con meticulosa rigurosidad. A ellos les deben el cargo, a ellos les deben su supervivencia política, y a ellos les profesan su única lealtad.
Una democracia sólo en las formas, nunca en el fondo. Porque para que un país sea realmente democrático no bastan cuarenta años sino que se necesitan generaciones.

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