Egoístas y sumisa

carta a

Señores hoteleros de les Illes Balears y señora Bel Busquets, consellera de Turisme:

Asistimos sorprendidos y estupefactos como los intereses egoístas de ustedes, señores hoteleros, y la sumisión de usted, señora consellera, provocan situaciones que al inicio de la presente legislatura ni soñábamos nunca presenciar.

Es evidente que el turismo es la principal fuente de riqueza económica de nuestra comunidad. De él depende el 48% del producto interior bruto balear. Y otro 42% de este mismo PIB lo hace de forma encadenada. Casi cinco de cada diez euros generados surgen del entorno directo del turismo, ya sea de hoteles, restaurantes, bares, excursiones, alquiler de coches, autobuses, souvenirs, comercios o discotecas, entre otros. Asimismo, poco más de otros cuatro de cada diez euros emanan indirectamente de este mismo sector: proveedores alimentarios, maquinaria hotelera, limpieza, servicios administrativos, construcción y un larguísimo etcétera.

Por tanto, un suculento y enorme pastel que da para mucho. Todos los ciudadanos de las Illes Balears, sin duda, deben y pueden beneficiarse de un potentísimo sector empresarial que ha demostrado, como una gran locomotora, ser capaz de arrastrar hacia el bienestar con enorme éxito a toda nuestra comunidad. De hecho, tal es la capacidad de crear riqueza de nuestro turismo que cada temporada acogemos entre nosotros a miles de personas venidas de otras comunidades españolas, países europeos y desde otros continentes del mundo para ellos también atesorar fondos económicos que les permitirán salir adelante en la vida con indudables garantías de éxito.

Pero –en la vida siempre hay un pero– un grupo de codiciosos empresarios baleares que se han beneficiado hasta ahora de su posición de privilegio pretende de forma egoísta e ingrata quedarse con todo el pastel. Con absolutamente todo, incluso con las más modestas migajas.

Como de forma muy acertada señaló un líder social del sector agroalimentario mallorquín, “los hoteleros quieren para ellos todo el pastel y a los demás ni siquiera nos dejan olisquear la nata”. Ni olisquear la nata del pastel. Ni eso.

La evolución de los tiempos ha provocado en el mundo del turismo –como en la informática, el comercio, los viajes o el taxi– un cambio absoluto del paradigma de su funcionamiento. Internet en general y las redes sociales en particular han abierto puertas que hace solamente pocos años ni siquiera se abrían en los muros de la economía. Y, enganchado a esta realidad, el tradicional alquiler de las casas de verano que todos los baleares hemos disfrutado desde siempre con nuestras familias en las zonas costeras se ha dado a conocer y extendido a todo el norte de Europa. Este nuevo avatar del siglo XXI ha permitido a muchos ciudadanos baleares superar con éxito los latigazos de la crisis y abrir nuevas expectativas de bienestar y progreso.

Y en este nuevo escenario de riqueza compartida gracias al alquiler vacacional surgen agrios y ambiciosos nuestros propios hoteleros, que mueven cielo y tierra para limitar la novedosa oportunidad de compartir el éxito económico del turismo y, por tanto, quedarse ellos solos con todo el pastel. Con todo, incluso con la ligera nata que lo decora. Una actitud esta rechazada por la generalidad de los baleares que ha provocado, faltaría más, que los hoteleros hayan dejado de ser una referencia social positiva para erigirse como el paradigma de aquello que nunca desearíamos que llegaran a ser nuestros propios hijos.

Ante esta realidad, señora consellera de Turisme, usted se ha alineado de forma sorprendente en una trinchera absolutamente enfrentada a aquella que ocupan sus propios votantes. Cierto es que el alquiler turístico debe ser regulado, administrado, controlado y, si se producen disfunciones, reconducido. Efectivamente, pero como también debe ser así con los hoteles, los taxis, las placas solares, las discotecas, las terrazas y todo cuanto existe sobre la faz de la tierra. Los políticos, como representantes de la voluntad popular, no deben permitir que absolutamente nada sea solamente una fuente de riqueza para algunos y un cúmulo de problemas para otros.

El alquiler turístico, por tanto, debe someterse a unas normas, pero no ser aplastado por la codicia de los hoteleros. El pastel, y su nata, deben y pueden ser compartidos.

Y usted, señora Busquets, se ha alineado con armas y bagajes solamente con los hoteleros y en contra del alquiler turístico, contra la nata del pastel que los ciudadanos de a pie desean poder, al menos, olisquear.

Incomprensible sumisión, consellera. Su sometimiento va, no lo dude, en contra de miles de baleares que creyeron poder alquilar su segunda residencia de verano o la casa heredada de sus padres a nuestros visitantes para, con los réditos económicos obtenidos, sacar adelante a sus familias o, incluso, ofrecer un futuro mejor a sus hijos.

Eso es lo que ha hecho usted, señora Busquets, decepcionar a sus propios votantes.

Que los hoteleros se orientan y actúan solamente por su propio egoísmo es una evidencia que ya hemos interiorizado. Pero que usted se humille ante ellos nos sorprende e indigna.

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