Se ha caído usted de su torre de marfil

Carta a... Xavier Pericay

Señor Xavier Pericay Hosta, portavoz de Ciudadanos en el Parlament balear.

Su llegada a la política balear, y la de su partido a la española, pretendían ser un vivificante soplo de aire fresco en el enmohecido sistema bipartidista que tanto el PSOE como el PP habían mancillado con su egoísmo, su egolatría y su corrupción. Pero las desenfrenadas valoraciones que ha hecho usted tras su derrota en las elecciones primarias internas de Ciudadanos para elegir al cabeza de lista de su partido de cara a la inminente votación autonómica balear nos hacen dudar, al menos, sobre si usted ha entendido por que está aquí.

Desde siempre, los políticos han sufrido el síndrome de la poltrona. Lo sufrieron Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy en La Moncloa. También nuestros sucesivos presidentes autonómicos baleares. Y a nivel más prosaico, muchos alcaldes, concejales, consellers, directores generales y, entre otros, cargos orgánicos de los partidos políticos. Esta degeneración ética puede definirse, más llanamente, como aquello que ocurre cuando al político de turno se le suben los humos a la cabeza, se cree que –por ocupar un cargo temporal– está por encima del bien y del mal, se considera a sí mismo superior a los demás mortales, no es capaz de comprender que está de paso en el cargo y no entiende tampoco que aquello que propugna no es, de ninguna de las maneras, la única verdad absoluta.

Usted, señor Pericay, tras ser derrotado en las anteriormente mencionadas elecciones primarias de Ciudadanos por su compañero de partido Marc Pérez-Ribas, un absoluto desconocido para la práctica totalidad de la sociedad balear, ha borboteado algunas frases que pasarán a los anales del mal perder. Entre otras lindezas, ante la prensa y desde una tribuna pública –con micrófonos y cámaras de televisión en posición de grabación– ha dicho literalmente que “los afiliados que votaron a Pérez-Ribas no entendieron cómo funcionaban estas primarias”. Flaco favor le hace usted a sus propios compañeros de partido cuando así valora su capacidad de raciocinio.

Pero hay más. También nos ha dicho usted, sin despeinarse ni parpadear, que la candidatura de Pérez-Ribas “hizo mucho ruido y muchas llamadas”. ¿No es así como funciona una campaña, señor Pericay? ¿No deben los candidatos contactar con los votantes para explicarles sus propuestas? ¿Se extraña usted de que se practique en su partido el abecé de la democracia: hablar, dialogar e intentar convencer al votante?

Y ya, para descacharrarnos definitivamente, la guinda del pastel: “No se ha valorado el trabajo que he hecho esta legislatura”. Ahí, señor Pericay, sí ha descarrilado con toda la impedimenta que arrastra sobre usted. Y es que sí que se ha valorado por parte de sus compañeros el trabajo que usted ha hecho esta legislatura y ellos han decidido con el voto –el instrumento más sagrado de la política– decirle que no aprueban lo que ha hecho y lo que ha dejado de hacer. Y por eso le han descabalgado de la lista electoral autonómica y no será usted el candidato de Ciudadanos a la presidencia del Govern de les Illes Balears.

Llegados a este punto, además, debemos añadir otras dos manchas más en su ya de por sí paupérrimo cuaderno de bitácora de estos últimos días. La primera de ellas es esta perniciosa sombra oscura de dudas que ha dejado caer de forma torticera sobre la limpieza de las elecciones en las que usted ha sido derrotado. Declarar, en rueda de prensa y ante los expectantes medios de comunicación para que –evidentemente– se reproduzcan sus palabras, que “las elecciones han sido limpias… creo” es de una ilegitimidad moral apabullante. Este “…creo” dejado caer después de dejar un espacio temporal enfático tras la aseveración que le precede es como lanzar una bomba nuclear destructiva sobre el ganador y, lo que es aún peor, sobre su propio partido y todos los que en él han luchado a brazo partido para conquistar el favor de la ciudadanía.

Y, ya embebido de su propia egolatría autocomplaciente, se permite el lujo de, a través de las redes sociales, contradecir las propuestas que Marc Pérez-Ribas, el candidato ganador –ganador sobre usted, señor Pericay–, lanza a la ciudadanía como un primer esbozo del programa electoral que quiere presentar a los futuros votantes de las Baleares. Una propuesta que señala la estrategia centrada en no focalizar la campaña autonómica solamente en la dicotomía entre las dos lenguas oficiales de nuestra comunidad, como ha hecho usted estos últimos cuatro años, y sí en otros temas de ámbito social y económico. Cosa ésta que a usted le ha parecido fatal y que ha aprovechado, a solamente tres días de su defenestración, para embestir desde Twitter al que, en limpia lid, le ha vencido y desahuciado de su cargo.

Señor Pericay:

Nos merecen todos los respetos su trabajo en las instituciones, sus propuestas políticas y sus valoraciones sobre la actuación desarrolladas durante esta legislatura en las instituciones que nos gobiernan. Pero la política tiene eso: que cada cierto tiempo los votantes deciden a quien poner y a quien quitar. Y ahora sus propios compañeros le han quitado. Se lo repetimos por si no lo ha entendido: le han quitado.

La inteligencia de su partido y la que usted mismo presuntamente atesora nos hacen confiar en que los valores y las capacidades que personifica, sin embargo, no pasen al ostracismo y sigamos pudiendo atender a sus razonamientos y valorar sus propuestas para conseguir una sociedad mejor.

Simplemente, y para ello, lo único que tiene que hacer usted, señor Pericay, es bajarse de la torre de marfil en la que está encaramado.

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