Efecto Mazinger

Seguramente sepáis bien de qué os hablo hoy. Tal vez no todos lo llamemos como “efecto Mazinger”, pero estoy segura que os vais a identificar con lo que os cuento.

Mi amiga Pilar tenía un hermano pequeño, Paco. Su padre, al ser piloto, viajaba mucho a Nueva York. En uno de esos viajes le trajo a Paco un muñeco Mazinger pequeño. El niño no cabía en sí de gozo.

Al poco tiempo, su padre viendo la alegría de su hijo con el muñeco le trajo un Mazinger mucho más grande. Paco estaba ilusionadísimo. De hecho, dejó de jugar con el juguete pequeño. Su madre, a sabiendas que al vecinito también le gustaba Mazinger, se lo regaló.

Y entonces se produjo el temido “efecto Mazinger”: querer recuperar algo que ya no tenemos. Darle un valor exagerado.

El “efecto Mazinger” es aplicable a todo tipo de relaciones. Así que, ya sabéis, una vez hayáis roto una relación, recordad en todo momento por qué lo hicisteis y no caigáis en la trampa del temido “efecto Mazinger”.

¡Espero que os guste mi reflexión de hoy!

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