El Supremo ofende a las víctimas del franquismo

Domingo Sanz tamaño Ok

El día 4 de junio de 2019 aparecerá en los libros de historia. Un fiscal de la Sala Segunda del Supremo habló de golpe de estado para pedir muchos años de cárcel a los independentistas catalanes y, a continuación, otro de la misma Sala afirmó que la violencia del golpe de Tejero se redujo a la zancadilla a Gutiérrez Mellado. Al mismo tiempo, los jueces de la Sección IV de la Sala III del mismo Tribunal, por unanimidad, decidieron paralizar la exhumación del dictador y en su auto afirmaron que “Franco fue jefe del Estado desde el 1 de octubre de 1936 hasta su fallecimiento”.

Párrafo aparte merece, en nombre del gobierno, Carmen Calvo, que expresó su confianza en la exhumación porque el auto de la Sala III “no entra en el fondo del asunto”. Para esta ministra en funciones el fondo al que se refiere debe estar en la Fosa de las Marianas.

Se confirma que la historia la escriben los vencedores, pero los hay que no disfrutan tanto abriéndoles las heridas a las víctimas del franquismo. No es el caso, qué le vamos a hacer, de los jueces “supremos”. Personas que trabajan por cuenta ajena, la de una España a la que se creen con el derecho a imponerle su ideología, aprovechando su función jurisprudencial.

Pero no hubiéramos llegado a esta situación si, cuando han gobernado, los “políticos menos franquistas” de esta monarquía que nunca debió ser, porque nos la colaron como parte inseparable de todo un cuerpo legal llamado Constitución, se hubieran preocupado de aprobar leyes que permitieran sacar del servicio público a los jueces contaminados por el autoritarismo de la dictadura. Las mayorías absolutas de Felipe González fueron el periodo ideal para hacerlo, pero no quisieron. ¿Un error histórico? Esa calificación me parece demasiado generosa.

Y lo peor es que los actuales “políticos menos franquistas” siguen en el mismo plan. Ayer y hoy han dejado pasar una oportunidad de oro para aprovechar el abuso de maldad practicado por los jueces del Supremo y decir “HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO”, así, con mayúsculas.

Deberían haber suspendido las audiencias con el rey para lo de la investidura hasta que el Supremo retirara de ese auto la referencia a la condición de “jefe de Estado” del asesino “don Francisco Franco Bahamonde”, tal como lo llaman. No lo han hecho, han asistido y tienen nombres y apellidos. Se llaman Pablo Iglesias, Laura Borrás, Jaume Asens y Pedro Sánchez, y hoy son más franquistas que ayer. Incluso antes de la visita sabían que los de Jueces por la Democracia habían puesto el grito en el cielo. Que menos que apoyar a esos magistrados, que se atreven a dar la cara en un momento crítico. Y la Borrás, ¿en qué lugar deja a la alcaldesa de Girona?

Ese párrafo del auto judicial hace daño, divide, no respeta la historia y es innecesario, salvo que quieran provocar.

Mientras escribo, en TV3 citan a Juvenal, que nació el 1 de enero del año 50 después de Cristo. Dijo que “la ley perdona a los cuervos, pero maltrata a las palomas”. No hemos avanzado nada y han pasado casi dos mil años.

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