¿Realmente es necesario un periodismo de calidad?

“No existe América, no existe la democracia, solo existe la IBM, la ITT, la AITT…esas son las naciones del mundo hoy en día. Ya no vivimos en un mundo de naciones e ideologías, señor Beale. El mundo es un colegio de corporaciones, inexorablemente dirigido por los estatutos inmutables de los negocios… el mundo es un negocio, señor Beale. Y nuestros hijos vivirán para ver ese mundo perfecto, un mundo en el que no habrá guerra ni hambre. Una vasta y ecuménica compañía asociada en la que todos los hombres verán cubiertas todas sus necesidades, donde se moderarán todas sus ansiedades y les divertirán para que no se aburran…”. Este es un pequeño extracto de uno de los mejores y más certeros discursos de la historia del cine, presente en la película Network de Sidney Lumet, donde el propietario de un conglomerado mediático reprocha a un periodista sus airadas críticas en antena a los turbios negocios del Gobierno estadounidense.

A pesar de que hayan pasado más de 40 años del estreno de esta película, la credibilidad de este discurso continúa más vigente que nunca. Hablamos de un discurso en el que ya se predice la llegada del neoliberalismo más puro y duro, una doctrina político-económica que no comenzó a funcionar hasta principios de los años 80 y que poco a poco se acabaría incrustando en todos los rincones de la sociedad, incluyendo como no, la profesión periodística. Asimismo, la última parte de esta brillante disertación de alguna manera también alertaba de la gran influencia que iban a tener las nuevas tecnologías en el futuro. De hecho, tan solo basta con releer el principio y el final de dicho discurso para pensar en las grandes tecno-élites (Google, Facebook, Amazon…) que actualmente dominan esta sociedad en red.

Esta necesidad de exponer las grandes certezas de un discurso de más de cuatro décadas de antigüedad, solo se puede explicar a través de un hecho acaecido hace tan solo unos días, y que tiene a este periodista como uno de sus protagonistas. El pasado jueves, un pequeño grupo de estudiantes de comunicación se convirtieron oficialmente en periodistas tras la celebración de su graduación. En dicho evento, cada uno de los comunicadores se comprometió públicamente a una serie de valores y normas que se presuponen adscritos a la profesión periodística. Hablamos de la defensa de la democracia y los derechos humanos, de la importancia de informar con objetividad, responsabilidad y honradez o de la obligación de obtener siempre la información a través de medios legales y éticos. En definitiva, todo un conjunto de pautas que salieron a la luz aquel día, y que durante años ya habían escuchado cada uno de esos alumnos a través de numerosas clases en su universidad. De este modo, podríamos afirmar que todos y cada uno de los jóvenes comunicadores sabían de la importancia de cumplir cada uno de esos preceptos que van ligados al buen desarrollo de la profesión periodística. Ahora lo que cabría preguntarse es hasta qué punto cada uno de esos valores son fácilmente aplicables en el contexto de la profesión periodística actual.

Antes de todo, deberíamos de ser conscientes de los profundos cambios que ha sufrido la profesión periodística en las últimas décadas, cambios que están estrechamente vinculados con la aparición de Internet y las redes sociales así como del imparable avance del neoliberalismo como ideología suprema de este mundo globalizado. La entradas de estos dos factores ha provocado que el periodismo haya visto afectada su credibilidad de una forma muy seria a lo largo de la última década, ya que los periodistas cada vez se han visto más contagiados por la cultura digital del “aquí y ahora”, minusvalorando así la importancia de la contextualización y el análisis de la información. Asimismo, el sector mediático también se ha visto obligado a combatir una de las crisis económicas más fuertes de las últimos tiempos, facilitando así que el periodismo más espectacularizante y sectario (aquel que más atrae a la audiencia) gane protagonismo en las dos últimas décadas. Todo esto ha provocado que una gran parte de los valores anteriormente mencionados y que vinculamos a la profesión periodística, hayan quedado en entredicho o directamente hayan desaparecido.

Ante un panorama tan desalentador como este, creo que ha llegado el momento de reivindicar con más fuerza que nunca la importancia de un periodismo de calidad. Un periodismo que no solo ejerza su función de contador de historias, sino que también se encargue de contextualizarlas y verificarlas en unos tiempos en los que abundan las mentiras y las medias verdades. Los periodistas deben de dejar de ser esclavos del tiempo que nos marcan las nuevas tecnologías, y deben de empezar a usar la tecnología como un medio más que facilite un periodismo verídico, transparente y serio. En definitiva, el periodismo debe de adaptarse al siglo XXI, cierto, pero sin que eso suponga en ningún momento una desobediencia a los valores que han consagrado la profesión periodística.

PD: En este artículo se ha articulado una posible solución a la problemática relación que existe entre el sector mediático y las nuevas tecnologías. Más difícil resulta el remedio al poder del neoliberalismo (al menos en un corto plazo) respecto a los medios de comunicación. Como bien dijo Ignacio Escolar en una conferencia universitaria, quizá todo dependa del éxito del periodismo digital en los próximos diez o quince años. Si el periodismo digital sigue evolucionando tan bien como hasta ahora, es bastante posible que en apenas un par de décadas el periodismo del siglo XXI deje de ser tan similar al periodismo del siglo XIX, como por desgracia sucede ahora, y exista un periodismo mucho menos dependiente de las élites económicas.

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