La segunda transición, todavía en lista de espera…indefinida

Nuestro país, fiel a su historia, sigue sin avanzar gracias a su eterna tendencia a la autodestrucción.

“¿Sabes porque España es un país en eterno conflicto? Porque no tenemos claro si somos un país racional o emocional (…). Los españoles estamos en una balanza que está suspendida justo en la mitad. Así somos los españoles, como las corridas de toros. ¿Y qué son las corridas de toros? La representación de la lucha entre el instinto y la técnica, entre la emoción y la razón”. Si el día que escribí el anterior artículo hubiera recordado este mítico extracto de la película Magical Girl (una de las mejores películas españolas que existen, por cierto), quizás mis convicciones acerca de la posible investidura de Sánchez se hubieran tambaleado bastante.

Hace unas semanas me equivoqué. Pocos días antes de la investidura fallida de Pedro Sánchez, aseguré que salvo “catástrofe de última hora”, España volvería a tener un Gobierno de coalición de izquierdas, algo inédito en nuestro país desde la malograda II República. Reconozco que me arriesgué demasiado con mi predicción, ya que no tuve suficientemente en cuenta ciertos factores que a buen seguro iban a complicar la negociación entre PSOE y Podemos (más allá de la mítica cita de Magical Girl, que ayuda bastante a la hora de recordar el país en el cual vivimos). En primer lugar, no di el valor suficiente al hecho de que la política del siglo XXI es el más fiel reflejo de esta sociedad líquida en la que vivimos desde hace años. Una sociedad en la que nada es permanente y todo cambia de forma constante, y donde la cultura del clic marca los tiempos de la política y los medios. Teniendo en cuenta que la negociación entre ambas formaciones comenzó apenas una semana antes de la investidura, resultaba un tanto ingenuo afirmar con tanta rotundidad que existiría un nuevo Gobierno a la semana siguiente. Sin embargo, no merece la pena que nos engañemos. Ya que la falta de planificación y el cortoplacismo de nuestros políticos no fue la principal causa de la investidura fallida de Sánchez, o al menos la única causa. Para averiguar el principal motivo de la no-investidura del líder socialista tan solo basta con ser consciente de algunas limitaciones que arrastra nuestro país desde hace años (por no decir siglos), y así entender porque en España cuestan tanto determinadas cosas en política que en otros países europeos no resultan tan difíciles de llevar a cabo.

No debemos de olvidar que vivimos en un país donde los grandes poderes económicos siguen teniendo aún mucho poder. Dónde el pacto aún se sigue viendo como una traición y no como un medio para llegar a un acuerdo que favorezca a la ciudadanía. Dónde asuntos tan graves como las cloacas del Estado, los escándalos de corrupción del rey emérito o los miles de muertos que aún hay en las cunetas son olvidados (o ignorados) en un instante no solo por nuestros políticos, sino también por una gran parte de la ciudadanía. Hablamos, por tanto, de una serie de actitudes que tienen muy poca consonancia con los valores democráticos que se les asocia a una democracia como la española. No se puede tomar a España como un país más de la Unión Europea, ya que la historia más reciente (y no tan reciente) de nuestro país nos muestra como a una nación que aún acusa algunas de las facturas no pagadas de la tan “modélica” Transición española. Una época relativamente reciente de nuestra historia, donde en apenas unos años, murieron más de la mitad de personas que han muerto a manos de ETA a lo largo de sus cinco décadas de existencia.

Todo esto nos lleva a la conclusión de que, quizás, nuestro país simplemente todavía no está preparado para un Gobierno de esta índole. Nuestra democracia se había malacostumbrado, ya que había vivido durante décadas amparada en el apoyo de las mayorías absolutas y los puntuales apoyos de los partidos nacionalistas vascos y catalanes, y ahora no es fácil pasar de la noche a la mañana al chip “pactista” que tanto caracteriza a la clase política europea. Teniendo en cuenta que hablamos de política española en los tiempos de la sociedad líquida, hacer un pronóstico de lo que va a suceder en los próximos meses resulta bastante absurdo y temerario. ¿Está la izquierda a tiempo de remendar su desastre? ¿Podría facilitar el PP una investidura a Sánchez? ¿Liderará Errejón una nueva formación política de izquierdas si hay una nueva convocatoria electoral? Visto el discurso de Rivera en el Congreso hace unas semanas, ¿podría convertirse el político catalán en el nuevo Salvini español, y así eclipsar definitivamente a Vox? Vistas las circunstancias que actualmente nos rodean, todo es posible.

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