Juan Carlos I a Felipe VI: “¡Salgamos a cazar!”

Tras haber finalizado los actos de la agenda oficial del verano mallorquín, Felipe VI, Letizia y las niñas han tomado destinos distintos. Mientras Felipe seguía en Mallorca el fin de semana, ya no había ni rastro de la reina, la princesa y la infanta. Además, y a falta de confirmación oficial, parece ser que otro rey se dejó caer por Marivent en las mismas fechas…

Susana Hernández, guionista y colaboradora de CANAL4 Diario, recrea mediante una realidad ficcionada, como podrían ser estas últimas horas de Felipe VI en Marivent.

  1. PALACIO DE MARIVENT, POR LA MAÑANA

El rey Felipe VI se encuentra solo en Marivent, Letizia, aburrida ya de Mallorca ha emprendido ruta hacia el extranjero, llevándose con ella a las niñas.

Su madre, la reina Sofía, no está en Palacio, ha salido a navegar en compañía de su hermana Irene. En alta mar los problemas y quebraderos de cabeza se diluyen para ambas hermanas, y la práctica del yoga al sol no les desagrada en absoluto.

Tras todo el caos por su vida diplomática y familiar, Felipe decide pasar el rato leyendo aquel libro que llevaba semanas tratando de empezar. Está a punto de abrirlo, cuando llaman a la puerta.

Se trata de su padre, el rey emérito Juan Carlos I.

FELIPE:

(Alegre, aunque sorprendido)

¡Padre! ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no avisaste de que vendrías?

JUAN CARLOS:

¡Porque era una sorpresa! Terminé el campeonato mundial de Hanko, ¡quedé primero otra vez! Y me dije: “oye, ¿por qué no vas a ver a tu familia?”. ¡Y aquí me tienes!

FELIPE:

Oh, pues mamá y tía Irene no están, han salido a navegar. Y Letizia y las niñas ya no están en Mallorca…

JUAN CARLOS:

(Sin poder evitar mostrar su alivio)

¡Mejor me lo pones! Pasaré aquí unos días, por unas horas que pase sin ellas no pasará nada. No me malinterpretes, las quiero con toda mi alma, pero a veces…

FELIPE:

Ya, qué me vas a contar. Entre mamá y Leti que no se soportan, y el otro día las niñas que se pusieron a cantar “El Cant dels ocells” …

JUAN CARLOS:

¡Qué me dices!

FELIPE:

(Frotándose la frente)

Sí, pero no fue culpa suya, no lo hicieron conscientemente. Solo se pusieron a repetir lo que habían escuchado en la entrada, donde se concentraban los de Música per la Llibertat.

JUAN CARLOS:

(En tono paternal)

Ay, hijo, si ya te lo dije. ¡Ser monarca no es fácil!

FELIPE:

Y qué lo digas, padre. Porque en casa tengo lo mío, pero fuera de ella es aún peor. ¿Ves esto?

El rey Felipe se dirige a la mesa del comedor, de la que trae un recorte del periódico Última Hora.

FELIPE:

(Enseñándole el artículo)

“Los partidos reprochan a Sánchez irse de vacaciones sin retomar los contactos”. ¿Te parece normal? ¡Y no es el único! Al parecer Casado, Rivera, Iglesias y Abascal han hecho lo mismo. ¡Están todos de vacaciones! Que lo hagan ellos puede tener un pase, ¿pero Sánchez? ¡Tendría que intentar formar Gobierno! ¡No puede irse de vacaciones!

(Cada vez más nervioso)

Ya te conté lo fiera que se pone Leti con este tema, ¡está harta y con razón! ¡Y todo eso lo paga conmigo! El otro día me reuní con Sánchez y también se lo expliqué a él, y pareció comprenderme. Dijo que le pasaba lo mismo con su esposa, con Begoña, así que hicimos una especie de pacto… pero ahora parece que ha preferido contentarla solo a ella e irse ambos de vacaciones antes que dedicarse a lo que se tiene que dedicar, que es formar gobierno. ¡A la finca de las Marismillas se ha ido! Y yo, que estoy aquí en Marivent, no puedo tomarme ni un descanso.

JUAN CARLOS:

(Comprensivo)

Los políticos son así, Felipe, solo velan por sí mismos. Sánchez está a 44 días de que se le agote el plazo para la investidura, ¿y crees que le importa? ¡No! Probablemente incluso sea una estrategia política para presionar al Partido Popular y a Ciudadanos y que estos se abstengan, o para acojonar al Coletas. Pero, Felipe, todo esto ya deberías saberlo. La gente es así, hijo, no podemos hacer nada.

FELIPE:

Ya, pues… no puedo más.

(Suspira)

Yo solo quería venir a Mallorca y disfrutar de unos días de ‘relax’ con Leti y las niñas. Ir al torneo de vela, salir de paseo, ver a viejos amigos… Y, en su lugar, me encuentro cientos y cientos de reuniones con gente que, a los pocos días, no tiene reparo en irse de vacaciones dejando la situación de España como está. Y llegando una hora tarde a la cita. ¡No te pierdas! Ese día comimos a las mil…

JUAN CARLOS:

(Tras una pausa)

Bueno, ahora no tienes ninguna reunión, ¿no? Y dices que tu madre ha salido.

FELIPE:

(Asiente)

Sí…

JUAN CARLOS:

¡Pues hagamos algo tú y yo juntos! ¡Salgamos de caza!

FELIPE:

(Ríe un poco)

Padre, no podemos hacer eso.

JUAN CARLOS:

Lo sé, lo sé, era una broma… ¿pero y qué tal ir a la piscina?

FELIPE:

(Sonríe)

Suena bien.

JUAN CARLOS:

Pues decidido. Pide que me preparen la habitación, que yo mientras me voy cambiando.

El rey emérito abandona la sala, dejando en ella a su hijo.

Felipe recoge entonces el libro que quería leer y que, visto lo visto, nunca será capaz de empezar. Sabe que, al menos por unas horas, podrá olvidarse de la investidura fallida de Sanchez y de todo lo demás.

Ahora solo importan dos cosas: él y su padre.