Cría nueras y te sacarán los ojos

Detrás del telón Juan Carlos Sofía

Mediante una ficción guionizada, Susana Hernández, guionista y colaboradora de CANAL4 Diario recrea la que podría ser una conversación entre los dos reyes eméritos en la intimidad de Marivent, en Mallorca.

  1. PALACIO DE MARIVENT, POR LA TARDE

El rey emérito de España, Juan Carlos I, llegó a Mallorca de incógnito para disfrutar de unos días junto a su familia.

Ayer ya pasó el día junto a su hijo Felipe, y hoy hará lo propio con su esposa Sofía, aprovechando que Letizia y sus nietas no están en la isla.

Precisamente este es el motivo que lleva al monarca a intentar entablar una conversación con su esposa, hablando de lo que, desde hace ya varios años, es el único tema que tienen en común: su recelo y desconfianza hacia Letizia.

JUAN CARLOS:

(Sentándose en el sofá junto a su esposa, con una copa de vino)

Se está tranquilo aquí sin Letizia y las niñas, ¿eh?

(Intentando provocarla)

SOFÍA:

(Sin mirarle, en tono resentido)

Aún no me puedo creer que se las haya llevado. ¡Sigo siendo su abuela! Y me merezco pasar un verano con ellas como una familia normal… un verano no son cinco días, y menos con ella haciendo de carabina todo el rato.

JUAN CARLOS:

Es Letizia, ya la conoces. Tiene que hacer lo que quiera, donde quiera y como ella quiera. Tiene a nuestro hijo dominado.

SOFÍA:

Hombre, tanto como dominado… recuerda que él fue quien le echó la bronca en la Zarzuela por no ir rápido a su lado, o en México por sacar el móvil durante su cena con el presidente Peña Nieto, o en Asturias por no prestar atención a los bailes tradicionales de unas niñas… nuestro hijo es buena persona, entiende el deber de un monarca para con su pueblo, pero no es un calzonazos. También sabe imponerse.

JUAN CARLOS:

¡Y una mierda sabe imponerse! ¡“La Chacha” le tiene comido el coco! ¿Recuerdas cuando prometieron dejarme un despacho en el Palacio Real? ¡Ese despacho resultó no ser más que dos míseras habitaciones! Techos altos con únicamente un pequeño radiador para calentarlos… una sola vez fui, ¡una sola! Y pillé semejante trancazo que no volví nunca más.

SOFÍA:

(Pone los ojos en blanco)

Lo sé, no dejas de recordarlo. Pero, precisamente de tus problemas de salud, ellos no tienen la culpa. Juanito, ¿tú te has visto? ¡Si estás hecho un Cristo! ¡Tu cara parece empeorar por momentos!

JUAN CARLOS:

Hombre, uno ya tiene una edad y he de reconocer que soy propenso a… los accidentes.

(Excusándose)

¡Pero eso no quiere decir que no me conserve bien! ¡Os creéis que soy un viejo chocho que no puede valerse por sí mismo y no es así! Ya suenas como Felipe, que el año pasado ni me dejó participar en la Copa del Rey de Palma. ¿Qué esperáis? ¿Qué me quede en una silla de ruedas como mi madre?

SOFÍA:

(Sin ganas de discutir)

No, no, tampoco es eso…

JUAN CARLOS:

(Tras una pausa cargada de tensión)

Lo del despacho es solo la guinda del pastel. ¿Sabes por qué no fui en junio a la celebración del Día de las Fuerzas Armadas en Sevilla? Porque al equipo de Felipe no le pareció “buena idea”.

(Refunfuñando, entre dientes)

Qué te apuestas a que esa pécora estuvo detrás…

SOFÍA:

Juanito, sabes que no me gusta Letizia, pero si hay algo mayor a ese odio, es mi amor por nuestro hijo. Estoy totalmente convencida de que, si Felipe dice algo, es porque realmente lo piensa. ¡Independientemente de lo que diga la otra!

JUAN CARLOS:

No lo sé, Sofía, le noto cambiado. Ya ni quiere hacerse fotos conmigo o aparecer juntos en la prensa. Ayer pareció alegrarse de verme, pero creo que fue solo porque “la chacha” no estaba delante…

(Suspira)

¿Recuerdas lo que le dije cuando aún era solo la prometida de Felipe? “No me gustas, pero haré de ti una reina” … y juro por Dios, Sofía, que lo he intentado, ¡con todas mis fuerzas! Pero esa mujer es imposible. Por mucho que intente moderarse, tiene carácter, eso se lo reconozco; y no sabe contenerse cuando la situación lo requiere.

(Bebe un largo trago de vino)

Cría nueras y te sacarán los ojos, ¿verdad?

SOFÍA:

Oh, venga, deja de autocompadecerte. Ella no es más que una… una ‘periodicucha’. ¡No tiene madera de reina!

(Cargando de odio cada palabra)

Por mucho que trate de que el pueblo lo olvide, ella nunca dejará de ser la divorciada, abortista y republicana que todos sabemos que es.

JUAN CARLOS:

He ahí otro problema. ¿Hasta qué punto crees que ha dejado de ejercer su profesión? Letizia es el eslabón débil de la Casa Real, las cosas como son. ¿Y si le da por sacar su vena periodística de nuevo y llevarse consigo todos nuestros secretos? Porque no me negarás que ahora, con el tema de Corinna, Letizia es nuestra mayor enemiga.

SOFÍA:

(Enfadada)

¡¿En serio tienes que sacar ese tema ahora?! ¡¿Otra vez?! ¡¿Y de vacaciones?! ¿¡Es necesario volver a nombrar a esa pelandrusca busca-tronos?!

JUAN CARLOS:

(Empequeñeciéndose al instante)

N-No… yo solo decía que…

SOFÍA:

¡Ya sé lo que decías!

(Con firmeza)

Se lo dije a Pilar Urbano y te lo digo a ti: “El rey, muere rey”. Y haremos lo que sea para proteger eso, ¿entendido?.

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