Detrás del telón / Cristina de vacaciones, Iñaki en la cárcel

La infanta Cristina, tras regresar de sus vacaciones en Estados Unidos, ha aprovechado su paso por Madrid de camino a su domicilio de Ginebra para visitar a su padre Juan Carlos al hospital y, además, para llamar por teléfono a su esposo, Iñaki Urdangarin, confinado en la prisión de Brieva, a sólo unos kilómetros de la capital de España.

Susana Hernández, colaboradora y guionista de Canal4, recrea desde la ficción estas circunstancias.

1. PRISIÓN DE MUJERES DE BRIEVA, ÁVILA – POR LA MAÑANA

En el horario establecido, el yerno del rey, Iñaki Urdangarin, se dirige a la zona de teléfonos. Espera recibir, al fin, una llamada de su esposa, la infanta Cristina.
En cuanto suena el teléfono, Urdangarin responde con avidez.

IÑAKI:

¿Cris?

CRISTINA:

Iñaki, amor, ¿cómo estás?

IÑAKI:

Pues hombre, tirando… ¿por qué no me has llamado antes?

(Intentando darle pena)

Llevo días incomunicado… solo… sin recibir ninguna visita…

CRISTINA:

Ay, Iñaki, no me agobies. Estaba con los niños visitando a papá en el hospital, que le acaban de operar.

IÑAKI:

(Para sí mismo, en un murmullo)

Claro, a él sí que le visitas…

(Se apresura a volver a la conversación)

¿Y fuisteis todos?

CRISTINA:

No. Solo fui con Juan, Miguel e Irene.

IÑAKI:

¿Y Pablo?

CRISTINA:

Estaba con una de esas cosas suyas de balonmano.

(Sin darle importancia)

Pero, oye, ¿tú que tal? Cuéntame un poco, cari, ¡que no me hablas nada!

IÑAKI:

Pues que te voy a contar, mujer…

(Suspira)

No me han dado el tercer grado, hasta diciembre no podré solicitar permisos de salidas…

CRISTINA:

(Enfadada)

Mira, Iñaki, como faltes otra Navidad no te lo perdono, ¡¿eh?! ¡Ya me lo estás solucionando!

IÑAKI:

(De forma sumisa, tratando de justificarse)

No te preocupes, amor, si tengo la opción de recurrir ante la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias y ante el juez de Vigilancia Penitenciaria… ¿y a ese? ¡A ese le tengo comiendo de mi mano!

CRISTINA:

(Amenazante)

¡Más te vale! Porque Dios sabe que te he perdonado muchas cosas, ¿pero quedarme sin Navidad otra vez? ¡Por eso no paso!

IÑAKI:

Sí, amor…

(Tratando de cambiar de tema)

Y bueno, ¿qué tal el viaje con mi hermana? ¿Y la boda de Eamonn y Allison?

CRISTINA:

(Cambiando de tono al instante)

¡Ay, pues muy bien! El viaje espectacular, pudimos ver los Grandes Lagos de Estados Unidos y hemos sacado fotografías impresionantes. Ya te las enseñaré.

(Cada vez más entusiasmada)

En cuanto a la boda, al final se celebró en el lago Malibú, un lugar precioso. Tu sobrino es un encanto… ¡y su novia un amor! Nos alojamos en un hotel más cuco… se estaba tan bien allí que creo que prácticamente ni salí de él.

(Ríe)

Me he pasado todo el viaje alternando entre la sauna del hotel, el gimnasio, la zona de masajes, el buffet libre… ¡y por supuesto la playa! De verdad, cari, ahora se me hace raro volver, sigo flotando en una nube.

IÑAKI:

Bueno… me alegro…

(Suspira)

Yo también he hecho cosas aquí, no te creas. Fíjate, ¡prácticamente lo mismo que tú!

(Con fingido optimismo)

Ha hecho un calor impresionante estos días, así que tenía mi propia sauna en la celda. ¡Y sin moverme de la cama! Y ahora, con la época de lluvias, el patio se ha inundado. Es como una piscina… ¡o una playa! Pero sin duda, lo mejor, es el buffet libre. ¿Nunca te han dicho lo buena que está la comida de la cárcel? Pues lo que te hayan dicho se queda corto, ¡una vez que la pruebas no puedes parar! Creo que incluso estoy cogiendo varios kilitos; pero no pasa nada porque gimnasio, por supuesto, también tenemos. ¡Y perfectamente equipado, además!

CRISTINA:

(Sin captar la ironía de su marido)

Ay, pues me alegro mucho, cari. Tenía miedo de que no lograras adaptarte y de que lo pasaras mal por perderte la boda, pero ¿ves? ¡Estás perfectamente! Jo, ¡si hasta vas a conseguir que quiera ir yo también a la cárcel!

(Bromea)

IÑAKI:

(Con una ironía cada vez más exagerada, intentando que su mujer lo entienda)

Claro, te lo pasarías super bien, ¡si es casi mejor que tu hotel! Lo único que nos falta es lo de los masajes, pero, ya ves, nos lo damos entre nosotros y…

(Al escuchar un resoplido por parte de su esposa)

¿Cris? ¿Estás bien?

CRISTINA:

(Prácticamente chillando)

¡¿Cómo que os los dais entre vosotros?! ¡¡¡Qué estás en una prisión femenina, Iñaki!!!

¡¿Para eso la elegiste?! ¡¿Para ponérmelos con una presa cualquiera?!

IÑAKI:
(Apresuradamente)
No, amor, eso no era lo que quería decir. Era solo una broma…

CRISTINA:

¡Te vas a meter esa broma por dónde te quepa! Y yo que estaba logrando convencer a mi hermano para que moviera hilos y te sacara de ahí… ¡Pues ya te puedes ir olvidando! ¡Y del vis a vis de este viernes también!

La infanta Cristina cuelga el teléfono de golpe, muy enfadada, antes de que Iñaki pueda decir algo más.

El hombre suspira. Por tratar de bromear sobre lo mal que lo estaba pasando en la prisión, en la que deberá permanecer al menos seis meses más, se acababa de quedar sin lo único que realmente merecía la pena por allí: el vis a vis con su mujer.

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