¿El pianista…y el escritor?

Chema Sánchez Opinión

No sería descartable que en un futuro, mi hermano y yo recibamos el mismo apodo que el título de una película de Polanski

Una vez escuché en la radio que hay dos tipos de escritores, los de mapa y los de brújula. Los de mapa, como es el caso de Arturo Pérez Reverte, son aquellos que necesitan un plano detallado que les guie a la hora de escribir. Por el contrario, los escritores de brújula son aquellos que van trazando su historia a medida que van escribiendo, como sucede con Javier Marías. Cuando escuché esta subdivisión de los escritores según el modo de narrar una historia, al instante consideré qué tipo de escritor sería yo. Al pensar en mi carácter metódico y perfeccionista, enseguida pensé que era un escritor de mapa de los pies a la cabeza. De hecho, desde hace poco más de un mes, ya puedo certificar que soy todo un escritor de mapa, y todo gracias al proyecto en el cual me embarqué al final de este verano. Ya que después de un par de meses de relativo descanso durante julio y agosto, me decidí a escribir un libro.

Un libro de marcados tintes autobiográficos, que intentará explicar una parte esencial de la vida del periodista que está aquí escribiendo. Debo reconocer que ya hace un par de años que me rondaba una idea como esta por la cabeza, pero prefería esperar a que acabase la carrera para afrontarlo de una manera más relajada. No se pueden ustedes ni imaginar la emoción que sentía al ir dejando por escrito algunos de los requisitos fundamentales de la novela. La sinopsis, el principio y el final de la historia, los personajes, la forma de narrar la historia… Todo eso y mucho más quería dejarlo atado y bien atado antes de empezar algo tan complejo y bonito como una novela. De hecho, una gran muestra de mi condición de escritor de mapa vino cuando tocaba hacer los últimos apuntes de la historia.

En ese momento, la sinopsis, los personajes, el contexto y la estructura que rodea a la historia…en fin, todo lo que se considera estrictamente relevante en una novela, estaba cerrado. Sin embargo, al mismo tiempo me di cuenta de que hacía falta añadir toda una serie de canciones, que a buen seguro iban a servir para describir mejor algunas emociones o situaciones que aparecerían a lo largo de la novela. De este modo, decidí revisar concienzudamente cada una de mis listas de Spotify, en las que figuran canciones de todos los tiempos, incluso música proveniente de películas o series. De un modo u otro, esto no hace más que revelar mi enfermiza situación de escritor de mapa.

Aun así, reconozco que todos esos días que dediqué a recopilar información para la novela fueron fantásticos. Cada vez que añadía alguna nueva particularidad al carácter de un determinado personaje, cada vez que pensaba en una canción o en una película para describir una determinada escena, cada vez que introducía nuevos cambios en la estructura de la historia para así dotar de más ritmo e intriga a la novela, más aumentaba mi euforia. Y es que revivir años pasados es una experiencia única, aunque solo sea a través de la escritura y no mediante las “puertas del tiempo” del Ministerio del Tiempo.

Ya hace dos semanas y media que dejé atrás los numerosos preparativos de la historia, y que empecé a escribir el libro. Actualmente ya he acabado el primer capítulo, y cuando pienso en todo lo que me queda por contar, siento una mezcla extraña de ansiedad y deseo por terminar la novela. La verdad es que no sé cuánto durará este trayecto, lo que sí sé es que este viaje merecerá la pena, porque esta historia merece ser contada.

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