Nos precipitamos hacia un país de extremismos

Señores políticos que han liderado las listas de los principales partidos en las pasadas elecciones generales españolas del 10 de noviembre:

Una vez recontadas las papeletas, muy pocos de ustedes pueden sentirse satisfechos –ni muchísimo menos– con los votos recaudados. La realidad es que las expectativas sembradas se han convertido en tierra agostada. Los que soñaban que iban a ganar, no han ganado. Y los que esperaban ser decisivos en los futuros pactos, no decidirán nada por sí mismos.

La realidad social española es la de precipitarse imparable, votación tras votación, hacia los extremos del abanico político. El centro cada vez está más despoblado. Miles de conciudadanos no creen ya que la moderación sea capaz de aportar soluciones eficientes a nuestras carencias. Y eso es culpa de ustedes, de los políticos que han sesteado durante décadas dejando que se pudran los problemas que atenazan a los españoles.

Por eso el Partido Socialista se ha empotrado contra un espejismo: la hipotética holgada victoria que Pedro Sánchez, su secretario general, le había endosado y que los militantes anhelaban tragarse sin ningún ánimo crítico, con los ojos cerrados y lejos de toda realidad objetiva. De soñar con una mayoría casi absoluta, los socialistas han despertado y ven ahora que su doctor Sánchez ha crispado aún más la realidad política española consiguiendo el mismo muchos más votos para VOX y los partidos independentistas. Si antes del domingo era difícil, muy difícil, consensuar un gobierno estable, ahora aún lo es un poco más. El presidente en funciones y sus asesores monclovitas han fracasado en sus objetivos y es hora de que lo reconozcan.

El Partido Popular –o, al menos, sus actuales dirigentes– se enorgullecen de sus resultados. Se enorgullecen de los segundos peores resultados de su historia. Que Dios les conserve la vista. Los populares, con Casado o sin Casado, han dejado de ser ‘la’ alternativa. Ahora son ‘otra’ alternativa. Ante esta nueva disyuntiva irrefutable, el Partido Popular debe dejar de engañarse y afrontar su evidente realidad.

Y otros que, paso a paso, poco a poco, votación tras votación se están convirtiendo en invitados secundarios en la gobernabilidad de España son los morados de Unidas Podemos. De la euforia de las masivas movilizaciones de las plazas y del 15M a la actualidad hay todo un mundo. Un mundo de egoísmos fratricidas protagonizados por Pablo Iglesias y su capillita de palmeros. Un mundo de decapitaciones políticas de todos aquellos que, desde dentro de Podemos, se han atrevido a levantar la voz ante el endiosamiento de un líder autoinvestido de la divinidad celestial del oráculo que nunca se equivoca. Craso error el creer que a la sociedad española del siglo XXI se la puede tratar como a los campesinos de la China maoísta.

El extremismo social que caracteriza a la España de este siglo XXI, remarcado por los resultados de las elecciones del 10N, se ha cobrado una pieza de caza mayor: Ciudadanos y su líder Albert Rivera. Los naranjas, que nacieron para personificar el centro del espectro político, han tropezado consecutivamente de error en error y, finalmente, han quedado arrinconados en la cuneta de los perdedores. Sus resultados no son un simple cambio de tendencia sociológica. Es un auténtico fracaso. Y seguro que ahora escarbaran en las cifras para encontrar fuera del partido a los culpables de su estulticia. Se equivocarán si lo hacen. Ciudadanos y Albert Rivera han dejado pasar una oportunidad inmensa de aportar centralidad a la política española, entre el Partido Socialista y el Partido Popular. O no han querido o no han sabido hacerlo. Y ahora, por eso, pagan las consecuencias.

Aquellos que sí pueden mostrarse satisfechos con los resultados cosechados en las elecciones generales de este pasado domingo son los de VOX. Es indiscutible que han multiplicado sus votos y, también, sus escaños. Nadie puede robarles su éxito. Sólo ellos mismos pueden hacerlo. Y lo harán si olvidan que una campaña es una campaña y gobernar es otra cosa. Los problemas complejos que atenazan a los españoles solamente podrán ser superados con soluciones factibles. Los brochazos son muy útiles para embadurnar las paredes pero la sociedad reclama, también y sobre todo, pinceladas sutiles que aporten soluciones factibles, duraderas, compartidas y estables. A veces hay que levantar la voz para despertar a los que dormitan, pero los gritos no convencen. VOX puede sentirse, evidentemente, satisfecho por sus resultados. Sin embargo, no es lo mismo protestar que gobernar. Y VOX, aún, no ha gobernado. Ahí, gobernando, es dónde VOX deberá demostrar que es lo que quiere ser en el futuro.

Señores políticos:

Los españoles hemos votado. La pluralidad de la sociedad es evidente. Ahora deben ser ustedes, cada uno desde su posición ideológica y desde los votos cosechados, los que deben dar un paso al frente. Es el momento de dejar atrás la avaricia y el egoísmo. Es el momento de las soluciones.

Esperamos y deseamos sus soluciones.

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