Marchena nos saldrá muy caro, y lo del Gobierno

Domingo Sanz tamaño Ok

El eurodiputado López, socialista, está ahora mismo en pantalla perdiendo un instante la mirada, como hacemos casi todos cuando negamos evidencias.

Ha dicho en ese instante que Iratxe García, su jefa en el Europarlamento, no presionó a Sassoli cuando éste exigió el cumplimiento de la sentencia del TJUE para que Junqueras hoy, 13 de enero, pudiera tomar posesión de su escaño tal como, en medio de gran despliegue mediático, sí están haciendo Puigdemont y Comín, gracias a que tomaron la decisión de exiliarse de la represión.

Lo de las presiones de García nos lo contó el día 20 de diciembre el testigo directo, y también periodista del francés Liberatión, Jean Quatremer, incluyendo detalles como el montón de papeles que la eurodiputada, española, socialista y quizás de los nervios porque, además, Sánchez no tenía la investidura asegurada, tiró por el suelo que también pisaba Sassoli al grito de “No le puedes hacer esto a España”, y delante de terceros.

Pobre López, el de la mirada perdida cuando miente, como a Quatremer le dé por acusarle de embustero con pruebas como las que los periodistas siempre conservan. Y, de paso, Sassoli también saldrá averiado, aunque menos.

El principal responsable de todo esto, desde su blindaje casi absoluto hasta que todo estalle de una vez, es Manuel Marchena, excesivamente conocido.

Hoy nos ceñiremos, únicamente, a lo último de este juez, al que el país que le paga el sueldo parece importarle, a la vista de las consecuencias de sus actos discrecionales, mucho menos de lo que a la víctima indirecta de la represión, Monserrat Bassa, le importa, “personalmente”, la “gobernabilidad de España”.

Resulta que, antes de las diez de la mañana del último 19 de diciembre de la pasada década, el juez Marchena, al igual que cientos de millones de europeos, pudo escuchar del presidente del TJUE una sentencia por la que Oriol Junqueras era considerado eurodiputado e inmune y que, por tanto, tenía que salir en libertad y, en todo caso, él, Marchena, solicitar un suplicatorio.

Pero Marchena contaba con la ventaja de conocer las obligaciones a las que el “enemigo”, en este caso europeo, está sometido. Y la obligación concreta era una fecha, la del 13 de enero de 2020, que se aproximaba contra Sassoli como esa espada que acorrala poco a poco al que tiene una pared impidiéndole la huida.

Entonces fue cuando Marchena decidió jugar con el tiempo de Sassoli y se inventó los trámites y los plazos de conveniencia para alargar hasta el penúltimo día una decisión que, si la tenía tomada o no desde el principio es cosa de él mismo y su conciencia, pero que para el resto del mundo solo era una más entre varias.

De esta manera, innecesaria pero evidentemente calculada, todo un juez del Tribunal Supremo español consiguió crear un plazo de 24 horas a todo un presidente del Parlamento Europeo, al colocarlo ante la disyuntiva de liderar una crisis global con España o sacrificar al peón Oriol, uno más, a fin de cuentas, de los miles de minoritarios incómodos que han sido sacrificados a lo largo de la historia.

Corriendo ha buscado periodistas Iratxe García, socialista y de los nervios el 20 de diciembre, porque yo sí creo a Quatremer, para decirles que Sassoli es estupendo.

Pero si alguien piensa que todas estas presiones de España, especialmente las de Marchena, no van a encontrar cumplida respuesta desde Europa es que sigue soñando con los Tercios de Flandes.

Nos va a salir muy caro, incluso en intangibles. Jugar a la ruleta de los justos rencores que otros más fuertes puedan acumular contra nosotros es muy peligroso, y hace tiempo que, desde Europa, nos están vigilando.

Resulta que el día 7 de junio de 2017, es decir, más de tres meses antes del referéndum catalán y todo lo que siguió, “El País” nos contaba que “Un informe del Consejo de Europa publicado este miércoles sitúa a España como el país menos comprometido en la lucha contra la politización judicial de los 21 estados evaluados por este organismo”.

¿A qué viene que nuestros políticos mientan a sabiendas cada vez que presumen de que en España existe “independencia judicial”?

El Consejo de Europa es un organismo público de cooperación entre estados europeos (lo forman 47) y se constituyó en 1949. Defiende la integración europea mediante, entre otras actividades, la denuncia de la corrupción en los estados que forman parte de la Unión.

Es probable que usted sí haya escuchado a los mismos políticos presumir, más aún que de la independencia judicial, de que España es una de las mejores democracias del mundo, aunque no hablan tanto de que este ranking lo gestiona Idea Internacional, una organización financiada por Gobiernos, no por Estados, y no solo europeos, que desde agosto de 2019 está dirigida por Kevin Casas Zamora, ex vicepresidente de Costa Rica durante unos quinientos días, entre 2006 y 2007.

Qué casualidad, pero fue tres meses después del nombramiento de Kevin en Idea cuando la citada entidad colocó a España en el puesto 13 de ese ranking de democracias. Por un poco más hubiéramos entrado en el Top Ten.

Pero “un poco más” de qué, señora Lozano de España Global. Se lo pregunto porque su alegría parecía impostada.

Cambiando de tercio, toca ahora el tema del día, el de los nuevos ministros. De momento, dos detalles.

El primero, que Felipe VI se haya enterado de sus nombres, o así lo parece, al mismo tiempo que yo, lo que es todo un presagio sobre la nimiedad que le espera en el futuro, escribir y que te lo publiquen, sometido a las leyes de la libertad de expresión, y todas las demás. Me sumo a la propuesta. Pero para ello es necesario que Pedro Sánchez nos vuelva a sorprender. ¿Se atreverá?

Presidente, busca en Internet “Coalición Progresista sin llave maestra”, línea argumental que a algunos les ha gustado y en la que insistiremos. De momento, Chile, 26 de abril.

La segunda cosa es que pienso que Iglesias hubiera quedado mejor ofreciéndose él para Igualdad y proponiendo a Sánchez que Montero, Isabel, asumiera la vicepresidencia. En qué feminismo vivimos, me pregunto, que no he escuchado a ningún/una líder de la causa más global dándose cuenta de que esta distribución de cargos sí que sería la hostia. (Perdón por la expresión).

Para terminar sobre esto de los ministros, los tengo ahora mismo en pantalla con la ceremonia de toma de posesión, tal como hace unos minutos tenía a López. Y, como antes, la mentira de evidencias sigue siendo insoportable.

¿Acaso no hay normas legales que ya les obligan a todo lo que juran o prometen? Puro teatro para darse importancia, que no añade ningún valor. Y todo lo que no vale nada nos cuesta mucho.

O quizás sí que tiene valor: el de comprobar, una vez más, cómo el peso del poder sigue aplastando las convicciones más personales. Me ha venido este pensamiento porque he tenido que escuchar eso de “con lealtad al rey” en boca de políticos, ahora ministros, cuyo afán parecía ser el de que nadie tuviera que volver a decirlo jamás.

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