Sí, señor: haga que su Gobierno funcione como una empresa

Señor Pedro Sánchez Pérez-Castejón, presidente del Gobierno de España:

En su primera comparecencia frente a los medios de comunicación después de la toma de posesión de sus ministros ante el Rey Felipe, usted nos ha sorprendido afirmando que el funcionamiento que, a partir de ahora, debe caracterizar a su gobierno de coalición tiene que ser comparable y similar al que desde siempre ha caracterizado a las empresas privadas.

Y decimos que nos sorprende que usted quiera que su equipo se comporte como una empresa porque eso supone cambiar de forma radical el paradigma del funcionamiento de nuestros gobiernos, sean estos de la ideología que sean.

Las empresas privadas existen y sobreviven en el entorno social en el que están implantadas si triunfan, si son eficientes y si son capaces de atender positivamente los requerimientos que plantean sus clientes.

No hay medias tintas. No vale, como se hace en el mundo de la política, el posponer eternamente las soluciones que reclaman los problemas que continuamente van surgiendo. No se rigen las empresas que funcionan bien por amiguismos ni prácticas nepotistas en las que se prioriza, antes que la eficacia, el parentesco y el compadreo.

Casos como los que estamos viendo estos días de forma sorprendente en el mundo de la política serían impensables en el ámbito de las empresas privadas. En ellas nunca se colocará en un puesto de responsabilidad a alguien por ser simplemente pariente cercano de otro directivo de esa misma empresa. Eso sería un suicidio. Siempre, en las empresas, se valorarán las capacidades reales de sus empleados y nunca, si quieren sobrevivir, prácticas más propias de la devolución de favores y el pesebreo políticos.

Otra de las principales características que regulan la existencia de las empresas de éxito es el control económico extremo, el ajustar absolutamente los ingresos a los gastos, el ser conscientes de que, si derrochamos fondos económicos, estaremos cavando la fosa mortal de la empresa. ¡Qué lejos esta realidad de los desgarrados desafueros que se cometen en política al confeccionar y ejecutar los presupuestos de las instituciones! Da igual en política si no hay fondos económicos, si la realidad de los ingresos es menguante y si los ciudadanos no pueden soportar ni un minuto más la angustiosa presión fiscal. En el ámbito del postureo y de la foto inaugural, nuestros políticos se agarran al aumento de los impuestos y a engordar el sangrante déficit público. ¡Y los gravísimos problemas que todo eso provoca ya los solucionará el próximo equipo de gobierno que venga!

Podríamos seguir, señor presidente, marcando semejanzas y diferencias entre lo que es de verdad la gestión de una empresa privada y como han funcionado hasta hoy las instituciones políticas, ya sean gobiernos del Estado, de las comunidades autónomas, insulares o ayuntamientos. Pero queremos finalizar esta Carta a… que le dirigimos a usted simplemente recordándole que el objetivo final de las empresas es ofrecer a sus clientes los servicios y productos que ellos reclaman. Paralelamente, pues, la política debe aportar las soluciones que los ciudadanos exigen.

Si una empresa no satisface a sus clientes, fracasa. Si un gobierno no soluciona los problemas de sus ciudadanos… provoca la desafección y abre la puerta al desprecio que los votantes sienten ante sus representantes en las instituciones.

Señor presidente:

Enhorabuena por haberse autoconvencido de que su gobierno debe funcionar como una empresa. Ahora solamente debe convertir este desiderátum en realidad. Las palabras se las lleva el viento y lo que esperamos de usted, como del resto de nuestros gobernantes, es que se dejen de frases huecas y pasen a la acción. Una acción que debe, repetimos, solucionar los problemas que padecen los ciudadanos.

Está en sus manos. Hágalo o también usted pasará a la historia de nuestro país como otro vendedor de humo similar a los que ya hemos padecido últimamente en España.

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