Los reyes de la casta están de aniversario

La ministra de Igualdad, Irene Montero, ha estado estos días en el ojo del huracán por su escaso currículum laboral previo a su entrada en el Ministerio.

El hecho de que hubiera sido cajera de una cadena de electrodomésticos ha sido puesto en entredicho por algunos sectores. Ella, muy astuta, ha defendido que dicha experiencia le ayuda ahora a entender la situación de las mujeres a las que dice representar. Bien, compramos pulpo.

La cuestión que nos ocupa, no es si la ministra Montero tiene buen currículum para ejercer el cargo, o no. El debate en las redes sociales es otro bien distinto: ¿fue acertada la celebración de su aniversario en el Ministerio, con vídeo (de más de 6 minutos de duración) incluido?

No es la primera vez que vemos a la ministra Montero en sus redes sociales mostrándose en el Ministerio y en otras facetas de su vida (normalmente mezclando el ámbito profesional/político con el personal) ilustrándolas con fotografías y vídeos muy bien elaborados.

El vídeo en cuestión muestra con todo lujo de detalles los interiores del Ministerio, la agenda del día de la ministra, cómo atiende sus tareas, cómo las compagina con el cuidado de su bebé y cómo sus adláteres en el Ministerio la sorprenden con una tarta de cumpleaños.

Todo muy bien, muy en formato reportaje casual (pronunciado en inglés que hace más moderno, estilo casual wear), aunque un poco reality también. Nada tienen que envidiar los vídeos casuales de la ministra Montero y su equipo, a un Gran Hermano o una Isla de las Tentaciones.

Será porque me dedico a lo que me dedico, que cuando veo un vídeo “bien editado”  (entendiendo por “bien editado” que consiga aquello que se propone) no puedo evitar pensar en quién está tras él, y sobretodo…¿cuánto ha costado y quién lo ha pagado?

El reportaje casual, con entrevista final incluida, consigue su propósito. Que parezca, y me repito  más que el ajo, casual. Un “yo pasaba por allí y grabé dos planos de la ministra Montero“. Pretende mostrar proximidad de la ministra, retratarla cercana. Un poco lo mismo que quieren conseguir los asesores de la reina Letizia… los personajes encorsetados no caen bien, empíricamente demostrado. Pero tras dicho vídeo (recuerdo: de más de seis minutos de duración), hay mucho más. Hay una evidente edición, hay planos contrapuestos, hay guión… aunque todo pretenda ser improvisado.

Todo eso no se hace en cinco minutos mientras se toma el café, y quien pretenda lo contrario, o no tiene ni idea o intenta manipular la realidad adrede. Y no es la primera vez que desde el Ministerio se impulsan estos tipos de vídeos, siempre a mayor gloria de la ministra Montero (sí, estoy parafraseando a Carlos Alsina)

No es mi estilo meterme en si la ministra y el vicepresidente Iglesias comparten lecho (cada cual se gasta el feminismo como buenamente considera), pero cada día que pasa se asemejan más, uno y otra, a esa casta rancia que tanto criticaban antaño.

Los vehículos oficiales ya no les molestan nada, de hecho los servicios de seguridad casi que les obligan a utilizarlos. Del chalet de Galapagar, paso. Cada cual que duerma (o no) con la conciencia tranquila si sus palabras y sus actos no están alineados; pero tanto postureo… Eso es de juzgado de guardia (aparte de chabacano, en mi opinión).

Ni me transmiten proximidad, ni me parece que una ministra que coloca cápsulas de café sea mejor que otra que vista de Chanel. No sé si me explico. Tanto autobombo y promoción casual me recuerda a un tipo bajito que hace décadas inauguraba pantanos.

 

 

 

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