Pactos que no suman sino que restan

Carta a... Pedro Sánchez

Señor Pedro Sánchez Pérez-Castejón, presidente del Gobierno de España:

La crisis sanitaria, económica, empresarial, laboral y social que nos atenaza bajo el yugo de la pandemia coronavírica está sacando desde el más remoto fondo de cada uno de nosotros, sin excepción, las mejores cualidades que atesoramos y, también, los peores vicios que nos frenan.

El liderazgo, tan necesario en estos momentos de zozobra general en su vertiente positiva y creativa, es una cualidad que se puede aprender y adquirir con el entrenamiento y a lo largo del tiempo si uno no se la trae consigo desde la cuna. Por eso no es lo mismo, ni muchísimo menos, ser el presidente de un país en tiempos de crisis general que serlo en épocas de estabilidad y confort. Y decimos presidente del Gobierno para focalizar esta misiva en su cargo, pero también es extensible la presente digresión para ministros, consellers, alcaldes, regidores y, claro que sí, propietarios, gestores y directivos de empresas.

En las escuelas y centros de capacitación personal especializados en intentar que sus alumnos adquieran los inputs positivos del liderazgo creativo se utiliza de forma recurrente como ejemplo a estudiar y seguir la figura histórica de Winston Leonard Spencer Churchill, primer ministro del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte en los aciagos momentos de la ofensiva nazi-germana contra las democracias –débiles– de la en ese momento adormilada y pacata Europa.

Hasta el momento en que fue nombrado para salvar a su país de la catástrofe bélica por el tartamudo rey Jorge VI, Churchill había decorado su larguísima carrera como servidor público con auténticos desastres de gestión. Recordemos, por ejemplo, que como Primer Lord del Almirantazgo llevó a sus soldados a la desastrosa batalla de Galípoli, en la que perecieron, según cifras aproximadas, más de 250.000 jóvenes ingleses, escoceses, australianos, neozelandeses y canadienses frente a las tropas del sultán otomano de Turquía.

Una vez más, el liderazgo en tiempos distintos y distópicos debe ser, también, distinto y distópico.

Todo esto viene a cuento, señor Sánchez, a que en estos momentos usted encabeza –por decirlo de algún modo– un Gobierno de pacto que va corriendo de un lado a otro como ganso sin cabeza. Las dos facciones que conforman el Ejecutivo hispano –los rojos del PSOE y los morados de Unidas-Podemos– medran enzarzados en una partida de tute loco en la que es más importante ponerse individualmente una medallita de hojalata antes que, conjuntamente, aportar soluciones globales, útiles, eficaces y eficientes que beneficien a todo el país.

Y todo eso acontece, para lamentable martirio de los ciudadanos, porque usted no sabe pactar. Desde la cúspide lejana y remota de su columnata de marfil, endiosado por los aplausos genuflexos de su grupo de fans monclovita, inasequible a la realidad que se arrastra fuera de los muros de su palacete presidencial, se cree usted todo lo que le cuentan, piensa usted que solamente usted tiene la razón en todo y aplica sin consultar, sin contrastar y sin dialogar unas medidas extremadamente duras y dolorosas que deberían estar valoradas, enmendadas, testadas y consensuadas conjuntamente con la mayoría de los colectivos políticos, sociales y empresariales de la nación.

Ese empecinamiento suyo en el ombliguismo político, esta cerrazón egoísta le lleva a usted a aplicarlos, también, en su propio gobierno. Con la inestimable ayuda de otro egoísta egocéntrico, el señor vicepresidente Pablo Iglesias, ustedes dos nos están llevando a trompicones por un cenagal en el que deberían ayudarnos a salir de él, y no, como están haciendo, a hundirnos más y más por culpa de sus actitudes papanatas fundamentadas en un cesarismo barato de cartón piedra en unos momentos en los que, ahora más que nunca, son necesarios altura de miras y tender manos antes que propinar puñetazos.

Y el ejemplo a seguir no lo tiene usted muy lejos. Basta que dirija su mirada hacia el este, hacia el levante y observe como está gestionando su compañera de partido Francina Armengol la crisis pandémica desde la presidencia del Govern de les Illes Balears. Vea, tome nota y aprenda.

En medio del Mar Mediterráneo, confinados en cuatros pequeñas islas, separados –para lo bueno y, también, para mucho malo– del resto del continente, nuestra comunidad está boqueando como todas las otras estrangulada por la enfermedad asesina del coronavirus y sus letales consecuencias económicas, empresariales y laborales. Es cierto. Pero también es cierto que el Govern balear, verdadera prima dona de toda acción política, ha sabido unificar esfuerzos antes que actuar de forma deslavazada, ha querido ir conjuntamente de la mano antes que darse mamporros, ha preferido dejar aparcadas las posibles y seguras diferencias para extrapolar y priorizar las coincidencias.

Dos gobiernos autonómicos consecutivos de pactos –más su experiencia anterior en el Consell de Mallorca– han aportado muchas horas de realidad a la actual gestión de la presidenta Francina Armengol, la cual –además– ha sabido –también– aprender de la catastrófica, deslavazada y errabunda realidad aportada por pactos anteriormente padecidos en nuestra comunidad.

Señor Sánchez:

La presidenta Armengol pacta, dialoga, consensua y consigue unificar criterios. Con sus propios socios de Unidas-Podemos y de MÉS per Mallorca y con los protagonistas de la sociedad: los colectivos sociales, empresariales y sindicales. De hecho, nuestra comunidad balear es la primera de España que ha conseguido que empresarios y sindicatos coincidan –bajo el paraguas del Govern– en un apriorismo imposible de alcanzar en tiempos pasados: de esta crisis salimos todos juntos o nadie se salvará. No es momento para egoísmos, no es momento para el odioso ‘qué hay de lo mío’, no es el momento de vender nuestro futuro por tres perras gordas. Es el momento de sumar antes que de restar. Es el momento de pactar. En Baleares se pacta, cosa que usted, señor Sánchez, no puede decir de su propio Gobierno de España.

Señor presidente Sánchez: levante el teléfono, hable con la presidenta Armengol, tome nota, aprenda de los que de verdad saben.

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