Son ustedes una auténtica panda de inútiles

carata a gobierno

Los españoles –todos nosotros, más allá de cualquier pluralidad ideológica, interés particular, filia o fobia– estamos padeciendo por partida doble la maligna influencia de la pandemia asesina del SARS-CoV-2. Por un lado, y como todo el mundo, a causa de su virulenta y explosiva letalidad infecciosa y a las funestas consecuencias que esta realidad provoca sobre la vida de aquellos de nosotros que arrostran un sistema autoinmunológico debilitado por su propia naturaleza o por la influencia de otras enfermedades previamente sobrevenidas. Ante este hecho compartido por toda la humanidad, nada que nos haga distintos ni diferentes.

Por otro lado, sin embargo, los españoles –todos nosotros, más allá de cualquier pluralidad ideológica, interés particular, filia o fobia– sí que somos distintos y diferentes al resto de los europeos ya que hemos navegado desnortados en medio de las procelosas aguas del desconcierto y la ineficacia provocadas por ustedes mismos, nuestro propio Gobierno de España, que ha multiplicado las dificultades, las incertidumbres, las incógnitas, las preguntas sin respuesta, las idas y venidas y ha decretado decenas y decenas de órdenes de inmediato y obligado cumplimiento por todo el país que, instantes después, ustedes mismos han rectificado sino anulado completamente.

A esto, en román paladino, en la lengua del pueblo sufriente y llano, se le denomina simplemente ser un auténtico y absoluto inepto. Sí, señores del Gobierno de España: son ustedes una banda de torpes inservibles, unos improductivos inoperantes, vanas rémoras que abortan nuestro avance hacia la solución de los problemas, un freno con marcha atrás, un grupo patético de inútiles absolutos.

Y lo que empeora aún más todo lo anteriormente señalado es que son ustedes –ahí es nada– el máximo mando único que gobierna España y, además, se refocilan en su baldía esterilidad aferrándose patéticamente en sus poltronas.

Para muestras de lo anteriormente expuesto, varios botones:

No es de recibo, señores del Gobierno de España, que ahora, cuando la pandemia ya está en pleno proceso de remisión,  nos obliguen a utilizar las mascarillas protectoras y, por el contrario, no las usáramos en el momento más álgido de la misma simplemente porque ustedes mismos fueron incapaces de importar, fabricar, producir, distribuir y aportar a la población este elemento protector, como así lo ha reconocido el propio doctor Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias.

No es de recibo tampoco que la señora ministra de Educación y Formación Profesional, doña Isabel Celáa, demostrando una vez más que está en el cargo que ocupa por las chiripas propias de la política partidista, no haya sido capaz a fecha de hoy de solucionar ni uno de los problemas que ha provocado el cierre de las escuelas, colegios e institutos, dejando a nuestros niños y niñas y a sus padres y madres al albur de decisiones individuales que ponen en peligro su futuro y su formación académica. Y, para rematar la faena, solamente se le haya ocurrido pergeñar que, en el curso que debería comenzar el próximo mes de septiembre, los colegios deberán dividir sus aulas en clases con 10 ó 15 alumnos en lugar de los 25 que ahora las forman. Ocurrencia inútil que obligaría a, de hacerse efectiva, multiplicar los espacios que no existen en los edificios actuales de los centros educativos e incorporar deprisa y corriendo a más docentes. Todo un cúmulo de despropósitos que demuestra que Celáa habla por boca de ganso, que no aporta ninguna solución a los angustiados padres y docentes y que se limita a tirar cohetes al aire sin adoptar la exigible actitud que debe protagonizar todo un ministro de España.

Pero hay más argollas en esta cadena de despropósitos, muchas más. Expondremos algunas de ellas.

No es de recibo que, cuando la pandemia ya está controlada y en cauta remisión en los principales países de Europa, obliguen ustedes, señores del Gobierno de España, a los viajeros llegados desde el extranjero a permanecer 14 días confinados en cuarentena y aislados en un domicilio o espacio concreto, sin poder salir ni moverse. Una vez más nos explota en el cerebro la misma pregunta que ya nos hicimos con las mascarillas: ¿por qué ahora sí y antes, en plena hecatombe del  Covid-19, no se aplicó esta restricción? Simplemente, porque son ustedes unos inútiles que no fueron capaces de poner en marcha medidas preventivas en su momento y ahora, a toro pasado, quieren amortiguar su lista de despropósitos, aunque sea de forma tardía. Por cierto, a ver si son capaces de responder a la siguiente pregunta sin apriorismos ni palabras huecas: ¿por qué un viajero llegado desde Alemania, donde la pandemia no ha provocado –ni mucho menos– los mismos estragos que en España, debe confinarse 14 días en cuarentena y un viajero desembarcado desde Madrid o Barcelona, ciudades mártires del Covid-19, pueden simplemente abandonar el aeropuerto y pasearse por dónde quieran sin ningún tipo de control? ¿Entiende la pregunta, señores del Gobierno? ¿Tienen una respuesta lógica? Seguro que no ya que la situación provocada por ustedes mismos está en las antípodas de esa misma lógica.

Para no alargar esta ristra de descomunales pifias que nos han llevado a los españoles a ser víctimas dolientes de sus incapacidades como Gobierno de España, solamente añadiremos una última realidad.

Un Gobierno es una orquesta. Cada uno de sus ministros interpreta la misma partitura a través de un instrumento distinto, pero complementario. Todos juntos conforman un todo, bajo la batuta del director, que en este caso es el presidente Pedro Sánchez. Sin embargo, el Gobierno de España no es una orquesta, ni sinfónica ni filarmónica, ni tan siquiera una casposa banda polvorienta de fiesta popular callejera. Y una prueba fehaciente de ello es la patética demostración de descoordinación que han mostrado ustedes en el proceso que se ha precipitado encima de todos nosotros con el voto de abstención de los proetarras de Bildu a su petición de alargar quince días más el estado de alarma a cambio de impulsar de prisa y corriendo la reforma de les leyes vigentes laborales. Y decimos que se ha precipitado encima de nosotros ya que, más deprisa que rápido, ha llegado la inmediata descalificación de este pacto –de su propio pacto– por parte de –¡atención!– la propia vicepresidenta de economía de su mismo Gobierno, la señora Nadia Calviño. Primera autodescalificación que, inmediatamente después, ha provocado la ruptura de todos los foros de diálogo social entre el Ejecutivo, los sindicatos y los representantes del potente mundo empresarial español ante la falaz iniciativa que es una prueba de traición flagrante y deslealtad absoluta en estos momentos en los que se reclama la comprensión, la empatía y la unidad de todos.

Y, en medio de todo este desbarajuste general propio del camarote de los Hermanos Marx, el ínclito Pablo Iglesias va pavoneándose cual Rasputín arrimando el ascua de la desunión a su propio grupo de palmeros y traicionando aquello que debería y es sagrado en este momento: la comunión de todos para salir también todos exánimes pero vivos de esta pandemia económica, empresarial, comercial, turística y laboral que está ahogando a España.

Señores del Gobierno:

No nos extenderemos más ya que la lista de sus despropósitos se haría eterna e inacabable. No nos extenderemos más ya que, sinceramente, creemos que son todos ustedes un caso insalvable. No nos extenderemos más porque de ustedes ya no esperamos nada bueno, ninguna solución factible, ninguna razón meditada.

Caímos de los primeros en la pandemia. La hemos padecido de forma inmisericorde por culpa de ustedes, señores del Gobierno de España, porque no quisieron atender las advertencias múltiples que se les iban presentando una detrás de la otra y unas confirmando a las otras. Estamos enrocados en la parálisis absoluta porque han ido cambiando ustedes de criterio de la mañana a la noche. Nos han demostrado aquello que ya nos temíamos: que no son ustedes de fiar.

El propio señor presidente del Gobierno, don Pedro Sánchez, en la tribuna pública que es un programa de máxima audiencia en la televisión, nos confesó a todos nosotros, los españoles, que él no podría dormir tranquilo viendo a su ahora vicepresidente y socio, el señor Pablo Iglesias, sentado alrededor de la mesa del Consejo de Ministros.

No sabemos si ahora, que se ha cumplido ese pronóstico negativo expresado por el propio señor Sánchez, nuestro presidente duerme o no tranquilo. Los que no tenemos ninguna razón para dormir tranquilos somos el resto de los españoles al comprobar que estamos en las manos, literalmente, de unos inútiles. Del inútil Gobierno de España.

 

 

 

 

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