CARTA A…/ No olviden que son servidores públicos

Señores políticos:

Tres problemas preocupan de forma especial en este momento a los españoles, según indica la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas. El primero, la crisis económica que ha provocado la pandemia asesina de la Covid-19. El segundo, la propia enfermedad vírica que está resurgiendo con su execrable rastro de dolor y muerte. Y el tercer problema que preocupa de forma más destacada a los españoles son ustedes, los políticos.

Sí señores: ustedes, los políticos. De hecho, a nuestros conciudadanos les desasosiega, textualmente, “el mal comportamiento de los políticos”, “lo que hacen los partidos políticos” y “los problemas políticos”, según las preguntas efectuadas por el CIS en su estudio demoscópico. Blanco y en botella. Si a los españoles –en el terrible marco de la pandemia sanitaria y de sus consecuencias económicas, empresariales y laborales– les preocupa de forma destacada el mal comportamiento de sus políticos y lo que hacen sus partidos es que ustedes no están haciendo lo que deberían hacer.

El desprestigio de la política y de los políticos ha sido corroborado, una vez más, por esta nueva encuesta del CIS en el marco de una larga serie que se remonta a épocas incluso anteriores a las actuales de crisis global. Y esta desafección generalizada en todos los políticos y en todos los partidos nos puede a descalificaciones no de personas y de grupos concretos, sino globales del sistema democrático en general, con lo cual acabaríamos cayendo en un gravísimo error. Las generalizaciones son la antesala de la falsedad, que es una forma injusta de valorar a todo un colectivo.

Para salir de este atolladero tenemos que saber distinguir el trigo de la cizaña. Convengamos, pues, que no todos los políticos actúan mal, se apoltronan y solamente buscan su beneficio personal y el de los amiguitos y parientes que les rodean. Afortunadamente, no siempre es así.

Para saber discernir a los unos de los otros, es conveniente atender a lo que cada uno de ellos y de sus organizaciones partidistas proponen en las consecutivas campañas electorales y lo que efectivamente realizan después. En este ámbito, y en los actuales tiempos, queremos destacar la imperiosa necesidad de priorizar la utilización de los recursos públicos en aquellas iniciativas que deben ayudar a la sociedad civil a salvar sus vidas y a sufrir en la menor cuantía posible los estragos de la crisis económica que ya está sobre nosotros.

Los fondos públicos que surgen de nuestros impuestos, los trabajadores de las administraciones, los políticos que marcan las pautas a seguir deben ser conscientes que determinadas iniciativas que en épocas pasadas de esplendor podían ser más o menos digeridas por la sociedad, ahora tienen que ser eliminadas de raíz. La eficacia y la eficiencia marcan ahora más que nunca aquello que es el servicio público: el conjunto de fondos económicos y esfuerzos personales destinados a conseguir el progreso social y la felicidad de los ciudadanos. Repetimos: ahora más que nunca hay que ser eficaces y eficientes.

La actitud menfotista de algunos políticos –no de todos– está manchando y machacando a los que, asumiendo correctamente sus responsabilidades, tienen meridianamente claro que han sido elegidos o digitados en sus cargos para servir a quienes les han votado y a los que no lo han hecho para ser así eficaces, eficientes y auténticos servidores públicos.

El apoltronamiento de los políticos que sestean en sus cargos y gozan de sueldos y prebendas que en una empresa privada no verían ni en pintura se plasma de forma palmaria, como desde esta casa estamos señalando de forma insistente, en la ineficacia y la ineficiencia que frena el progreso de la sociedad civil. Una sociedad que boquea ahogada por la lentitud y la inutilidad de los órganos de gestión pública.

La burocracia es una medusa tentacular ponzoñosa que impide que la iniciativa civil progrese y que, también, empuja a los ciudadanos de a pie a chocar demasiadas veces contra normes muros graníticos de sordera e incomprensión institucional que les dificulta la vida cotidiana. ¿Quién no ha padecido o conoce de cerca casos de proyectos que tenían como objetivo crear riqueza y puestos de trabajo y que, finalmente, se ha malbaratado por culpa de trámites eternos, parálisis funcionariales y menfotismo político?

La ineficacia y la ineficiencia de las administraciones –como ya señalamos en nuestro anterior artículo editorial del Grup 4 de Comunicació Multimèdia titulado “Carta a la sociedad / Nuestro compromiso: acabar con los inútiles”– se han convertido en el hediondo cáncer que ha provocado la metástasis de la función pública. No podemos permitirnos ya por más tiempo el tener paralizados millones de euros de inversiones privadas pendientes de licencias y permisos que están muriéndose en expedientes que forman montañas sobre las mesas de determinados departamentos de nuestros gobiernos, consells y ayuntamientos. ¡Ya está bien, señores políticos! ¡Basta ya de mirar hacia otro lado ante la gravedad de este enorme problema! ¡Reaccionen y gánense su sueldo!

Solamente ustedes, señores políticos, pueden acabar con este problema. Asuman el papel que les corresponde como servidores públicos. Analicen los datos fehacientes, escuchen a los que les explican con pelos y señales la verdad verdadera, adopten decisiones –aunque les duela y moleste a algunos de sus compañeros de partido– y actúen. ¡Actúen!

Señores políticos: no renuncien a ser eficaces y eficientes, a ser útiles, a ser queridos por sus logros, a solucionar los problemas de sus votantes y de los que no les han votado. No dejen de trabajar en el mejor futuro de todos los demás.

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