Ayuso y Sánchez, demasiado teatro para dos ambiciones

opinión Domingo Sanz con logo

Ahora que ha roto la segunda ola conviene que recordemos la primera porque no estamos contemplando el mar desde la playa.

En la tarde del 12 de marzo de 2020 el presidente de Catalunya, Quim Torra, inauguró las decisiones políticas difíciles contra la pandemia confinando a los 70.000 habitantes de Igualada y tres municipios más.

Tres días después, el 15 de marzo, el informe COVID del Ministerio de Sanidad aportaba los siguientes datos sobre el impacto del COVID en España.

AMBITO INFECTADOS FALLECIDOS
Madrid 3.544 213
Catalunya 903 12
Resto CCAA 3.541 69
España 7.988 294

A efectos comparativos, las poblaciones son: Madrid, 6,7 millones; Catalunya, 7,7 millones; resto de España, 32,6 millones. Total: 47 millones. Por tanto, ya Madrid era líder con gran diferencia, y también gobernaba Díaz Ayuso.

Otros tres días después, el 18 de marzo, el Congreso se reunía en sesión plenaria para convalidar el Estado de Alarma en toda España, pero hoy, casi nadie recuerda que, en aquel pleno, Pablo Casado, principal defensor de Díaz Ayuso, iniciaba su segunda intervención así: “Voy a intervenir desde el escaño porque hoy no es día para rifirrafes ni para contrarréplicas”.

Toda vez que Casado no repitió, lo de intervenir desde su escaño, ni una sola vez de todas que habló, doce más, en los siguientes seis plenos del Estado de Alarma, se deduce que las decenas de miles de infectados y muertos sí convertían aquellos días en propicios “para rifirrafes y contrarréplicas”. De hecho, cuatro meses después las cifras oficiales eran de 257.494 infectados y 28.413 muertos en toda España.

Tal para cual, Ayuso y Casado, no pueden disimular que las víctimas de la desgracia global les importan un bledo. No es extraño que se sostengan con argumentos tan precarios como incoherentes. Pero esta semana, con quien Ayuso ha bailado es con Sánchez.

Para hablar de esta pareja debemos regresar también a la primera ola. Antes, pasaremos de puntillas por esa muralla de banderas que nos ha recordado a la que Sánchez e Iceta colocaron en un mitin de septiembre de 2015, nueve meses después de la consulta del 9N convocada por Artur Más en Catalunya. El tamaño de aquel trapo casi derrotaba a los que tantas veces habían colgado los neofranquistas de distintos partidos, todos parlamentarios, en la Plaza de Colón de ese Madrid que es España.

El 29 de marzo Isabel Díaz Ayuso declaró que había decidido apoyar a Pedro Sánchez en lo del Estado de Alarma. Fue otra tontería pues, a fin de cuentas, no es diputada del Congreso y allí era donde se votaba. Y lo que dijeran, ella o el resto de presidentes autonómicos, en las reuniones telemáticas con Sánchez solo servía para después hacer ruedas de prensa. Si querían demostrar lo contrario, que hubieran condicionado su participación a que se transmitieran en directo.

Pero aquel “apoyo a Sánchez” también fue una dejación de responsabilidades y, por tanto, un desprecio absoluto hacia los madrileños. Según dijo aquel día, y reafirmó en mayo ante J. Negre, lo hizo “para que los independentistas catalanes no fueran por su cuenta en lo de la pandemia”. ¿Acaso pensaba Ayuso que desde Barcelona enviarían a Madrid cajas llenas de virus para soltarlos en las estaciones del Metro? Más bien la “terrorista viral” es ella, pues al mismo tiempo que el ministro Illa está pidiendo a los madrileños que no salgan de sus casas, Ayuso está invitando a los catalanes para que vengan de visita a la España más pandémica, la de Madrid.

Conclusión 1. Es evidente que a Díaz Ayuso le importa mucho más crear problemas a la mayoría parlamentaria de Catalunya que la lucha contra la pandemia en el Madrid que le paga su sueldo, y el de todos los cargos de confianza que ha colocado.

Conclusión 2. También resulta evidente que la “ayuda política” de Díaz Ayuso a Sánchez en el momento crítico de mediados de marzo, cuando Torra se había adelantado en los confinamientos contra la pandemia, no le podía salir gratis al presidente del Gobierno de España.

Cada cual es libre de evaluar el grado de responsabilidad que la prioridad sobrevenida de su presidenta pueda tener en la pandemia que está sufriendo el pueblo de Madrid. En cualquier caso, Díaz Ayuso nunca anunció que crear problemas al gobierno de Catalunya formara parte de su programa electoral.

Aunque Sánchez parezca atrapado por Díaz Ayuso, resulta inaceptable que, derrotada ella por el COVID, en lugar de llamarla a capítulo para que acudiera a La Moncloa, fuera él quien se desplazara al terreno de la perdedora.

Y entonces ella, embriagada por la victoria de haber arrastrado a Sánchez a su desastre, decide además burlarse de él, pronunciando en público palabras innecesarias que sabía que le harían daño y que le crearían tensiones con los suyos.

¿Quién ha educado a Isabel Díaz Ayuso?, es para preguntarse. Desde que los humanos comenzaron a refugiarse en cuevas contra las inclemencias, los padres decentes enseñan a sus hijos que los anfitriones no deben ser impertinentes con sus invitados. Especialmente, si estos han tenido un comportamiento correcto durante la visita, como lo tuvo el presidente del Gobierno.

Sánchez ha demostrado estar agarrotado ante Díaz Ayuso, bien sea por aquel “apoyo” contra Torra que el de La Moncloa, aunque se hiciera el sueco, “no podía rechazar” públicamente, o porque, mientras no se demuestre lo contrario, él y Casado son uña y carne, cada uno a su manera, en la defensa de una monarquía que ahora protagoniza un Felipe VI al que no saben cómo salvar, pues comienza a molestar más de lo que cuesta.

El nuevo peligro es que Sánchez y Ayuso caigan en la tentación de hacer trampas en la partida de todos, algo difícil de esquivar para personajes con poder que se juegan el futuro a una carta tan imprevisible como es la que cada día enseña los números de la pandemia en una geografía tan densa y compleja como la de Madrid.

Advertimos este peligro porque de manipulaciones de cifras hay antecedentes durante la primera ola, y también sospechas en esta segunda.

El 19 de mayo, presuntamente acorralado por los descuadres que ya rompían hasta la aritmética más simple en las CC.AA. de Cantabria (222), País Valenciano (378), Extremadura (203), Galicia (753), Murcia (767), País Vasco (4.221), Ceuta (50) y Melilla (6), el Ministerio de Sanidad decidió eliminar de los informes diarios el dato de “Curados” en todas las CC.AA., así como del total estatal. Se puede comprobar fácilmente, buscando la diferencia entre los informes 109, 110 y 111 de Sanidad. Los demás países del mundo seguían actualizando esa información.

Resulta que hacía varios días que en esas CC.AA. se estaba incumpliendo la simple, pero necesaria condición, de que en cualquier fecha X el total acumulado de INFECTADOS nunca puede ser inferior a la suma de los totales acumulados de FALLECIDOS más CURADOS. Precisamente, los números entre paréntesis indican el alcance del descuadre a 19 de mayo en cada una de esas ocho CC.AA.

Pocas veces lo de “muerto el perro, se acabó la rabia” ha “resuelto” de manera más tajante, e impresentable, una deficiencia tan radical en la organización y en el diseño de un trabajo de recogida de datos que consigue romper su coherencia antes de llegar a las setenta actualizaciones.

Siguiendo con las manipulaciones, y ciñéndonos a la actualidad y a Madrid, el epidemiólogo madrileño y profesor de Harvard Miguel Hernán acaba de cuestionar las cifras oficiales de ocupación de las camas UCI en los hospitales. Mientras la Consejería de Sanidad informa del 40%, el experto sostiene que el porcentaje real es del 95%, y en los hospitales públicos del 112%. Por tanto, se está desatendiendo a enfermos COVID, y también a enfermos no COVID.

Pero también tendrán que vigilar García Page y Fernández Mañueco las cifras de sus respectivas Castillas. Hasta tal punto exporta Madrid contagios hacia ambas CC.AA. que, a pesar de que el sumatorio de sus densidades de población es nueve veces menor que, por ejemplo, el de Catalunya, desde marzo hasta ayer, 23 de septiembre, el número acumulado de infectados COVID por cada 100.000 habitantes nunca ha estado por debajo del de “esa” C.A. que tantas veces pone de los nervios al de La Mancha.

“Dios los cría y ellos se juntan”. Y, cuando se juntan, pueden contagiarse.

Debe cuidar Sánchez sus respuestas a los periodistas para no parecerse a Díaz Ayuso, y al mismo Rajoy, con sus famosas deconstrucciones verbales. El otro día, en La Sexta, al presidente se le ocurrió decir que “la inhabilitación de Torra era absolutamente innecesaria” y que los que “judicializan la política” son los independentistas catalanes. Y se quedó tan fresco, él, que cuando estaba en la oposición acusaba al gobierno de Rajoy de “judicializar la política”.

Cuando escuchamos decir aquello a Sánchez muchos no podemos evitar el recuerdo de aquel juez, español, por supuesto, que fue comprensivo con un violador porque “ella iba vestida como una puta”.

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