Más de 33.000 personas están en situación de pobreza severa en Balears a causa de la pandemia

CaixaBank, UIB

Más de 33.000 personas están en situación de pobreza severa en Baleares por los efectos de la evolución de la pandemia en Balears, según los resultados del informe ‘Primers impactes de la COVID-19 a la societat de les Illes Balears’.

El estudio ha sido elaborado por L’Observatori Social de les Illes Balears con el apoyo de la Fundación la Caixa, CaixaBank y la Conselleria de Asuntos Sociales y Deportes.

En el mismo, los investigadores han alertado de que la COVID-19 ha aumentado “de manera repentina” la pobreza y la exclusión, y “ha acentuado las situaciones de vulnerabilidad preexistentes”. “Esta situación se refleja en el crecimiento exponencial de las demandas de ayudas para cubrir necesidades básicas al sistema de servicios sociales”, han dicho.

El Observatorio Social de las Islas Baleares (OSIb), que forma parte de la Cátedra de Innovación Social la Caixa de la Universitat de les Illes Balears (UIB), ha publicado este trabajo sobre los primeros datos sociales de que se disponen de las Islas. Han coordinado el informe la doctora María Antonia Carbonero y David Abril, y son autores Fernanda Caro, María Gómez, Joana Maria Mestre, Isabel Nadal y Catalina Thomàs.

El objetivo de este informe ha sido “recoger información y generar para mejorar el conocimiento de la situación social” de Mallorca, Menorca, Eivissa y Formentera; “detectar situaciones emergentes, puntos críticos y respuestas innovadoras” que faciliten la cohesión y la justicia sociales, y “ser útil para formular políticas públicas”.

El informe muestra que Baleares, antes de la pandemia, tenía una estructura demográfica envejecida, con una proporción de población extranjera más grande y un nivel de estudios más bajo que el resto del Estado.

Además, la estructura económica y laboral, altamente dependiente del turismo, explica en gran medida la vulnerabilidad social de las Islas. Aunque la tasa de riesgo de pobreza es más baja que la de otras comunidades autónomas, la de exclusión es una de las más elevadas de todo el Estado (21,5%), junto con Canarias y Extremadura, debido a la precariedad y las dificultades para tener acceso a una vivienda.

En cuanto a los efectos de la pandemia, el estudio de la UIB pone de manifiesto la importancia del problema de la vivienda. Baleares es una de las comunidades autónomas que tiene más falta de espacio (afecta a un 13,8% de la población) y una proporción elevada de hogares unipersonales (23,7%, un 35% de las cuales son de personas que tienen más de 65 años).

También se alerta de la brecha digital en tiempo de confinamiento, dado que un 22,3% de habitantes no tienen ordenador, “lo que puede ser una limitación importante en el acceso a derechos básicos como la educación, la información pública y los recursos básicos”.

La salud mental también se ha agravado con la pandemia. El estudio señala que la ansiedad, el estrés, el insomnio y otros desórdenes psicológicos “se han reflejado, por ejemplo, en el incremento del consumo de ansiolíticos”.

Asimismo, los investigadores han considerado que es “fundamental” estudiar los efectos del distanciamiento social para entender las relaciones sociales y la estigmatización de personas, colectivos e, incluso, territorios que son considerados vulnerables.

En cuanto a los efectos en el ámbito laboral, la pandemia ha hecho aumentar el desempleo y disminuir la afiliación a la Seguridad Social, y ha resultado especialmente afectado el sector de la hostelería.

El informe evidencia la desigualdad territorial, con diferencias de renta importantes. Si en Valldemossa, la renta media es de 45.000 euros por hogar, en Vilafranca de Bonany no llega ni a los 30.000 euros. En Palma, zonas como Génova o Son Vida registran más de 85.000 euros por hogar, mientras que en el Camp Redó la renta es de poco más de 15.000 euros.

Hay seis secciones censales donde más del 40% de la población vive con ingresos inferiores al 60% de la renta media estatal. Además, el estudio de los datos de incidencia de la COVID-19 por zonas básicas de salud sugiere que la población con el nivel de renta más bajo tiene más probabilidades de contagio.

La pandemia ha afectado de manera especial la situación de las mujeres. Los cuidados, que se han convertido esenciales, recaen mayoritariamente sobre las féminas, tanto en el ámbito laboral -representan el 70% de la fuerza de trabajo en el ámbito sanitario en todo el mundo y también son mayoría en la educación- como en el doméstico y el comunitario.

Según el estudio, la violencia machista no ha disminuido con la pandemia. Los avisos al 016 y al servicio 24 horas del IBDona aumentaron con el confinamiento. Según los datos del Gobierno, fue entonces cuando contactaron por primera vez el 75% de mujeres usuarias.

Los investigadores han alertado de que el aumento de la pobreza y la exclusión reclaman “el refuerzo de las políticas para enderezarlas, como se ha hecho, pero también replantear el modelo económico, dado que hay una elevada correlación entre éste y la vulnerabilidad, tanto la preexistente como la actual”.

“Las administraciones deben priorizar los cuidados y reforzar los servicios públicos, especialmente los servicios sociales, mejorando la coordinación entre administraciones. La colaboración con el Tercer Sector de Acción Social es clave en este contexto y en el futuro”, han concluido.

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