Proyectar el futuro no es construir castillos en el aire

Señor Marc Pons, conseller de Mobilitat del Govern de les Illes Balears:

Acaba usted de presentarnos dos grandes proyectos de infraestructuras multimillonarias. Por un lado, el tranvía que quizás en un futuro utópico y en unas fechas aún por determinar conectará, en uno de sus ramales, la Plaza de España de Palma con el Hospital de Son Espases y, a través de otro trayecto, este mismo centro de la ciudad con el aeropuerto de Son Sant Joan y la turística Playa de Palma. El otro gran proyecto anunciado por usted es la reconstrucción del tren desde su actual estación términus de Manacor hasta Artà e, incluso, prolongarlo para llegar a la también zona turística de Cala Millor. Igualmente sometido este ferrocarril a inmensas hipótesis condicionantes futuras hoy por hoy todavía no resueltas.

El papel lo aguanta todo, señor conseller. Lo aguanta todo ya que, en el mismo momento en el que nos ha expuesto sus proyectos, ha añadido, sin cortapisa de ninguna clase, que ambos dos quedan pendientes de la voluntad de instituciones ajenas a usted mismo y al propio Govern del que forma parte. Primero, deben ser aceptados por el Gobierno de España y, segundo, también por la Unión Europea, instituciones ambas que, finalmente, serían las que desembolsarían las cantidades multimillonarias necesarias para hacer efectivos tanto el tranvía como el tren.

Usted presenta el tranvía y el tren, usted se muestra ufano y feliz ante los dos grandes proyectos que emanan de su departamento, usted se pone la medalla mediática… pero usted no tiene ni un euro para construirlos. ¿Suena raro, no? Suena muy raro eso de “nosotros haremos” siendo absolutamente consciente de que este “nosotros” se convierte de inmediato en un “ellos” a la hora de pagar.

Señor conseller:

Más allá de la viabilidad financiera de los dos proyectos (padecemos aún el fracaso económico estrepitoso del metro hasta el Campus de la Universitat), parece cuando menos aventurado llenarse la boca y ocupar portadas de periódicos para decir con toda la pompa y circunstancia del momento que usted impulsa el tranvía de Palma y recuperará el tren de Llevant para, instantes después, añadir la coletilla letal de “si las instituciones supracomunitarias del Gobierno de España y de la Unión Europea quieren”. ¿Y si no quieren, señor conseller? ¿Si no quieren volveremos al mantra del ‘Madrid me mata’ que lo justifica todo? ¿Tiene usted alguna garantía fehaciente de que de verdad querrán? ¿Tenemos los ciudadanos de las Illes Balears alguna certeza de qué lo que usted nos vende no padece de taras incapacitantes reales que lo hacen ser, simplemente, desiderátums hacia ninguna parte?

La certidumbre absoluta de qué la política ha dejado de valorarse por la gestión pública real de los cargos electos, de que para algunos de estos solamente importan las verborreicas declaraciones mediáticas y de que los períodos entre dos votaciones son simples campañas electorales extendidas en el tiempo y en el espacio, nos lleva a reclamar –como lo hace la sociedad entera– que se acabe ya con la propaganda vacía, las ‘fake news’ surgidas desde las entrañas del propio poder, con los castillos en el aire, los fuegos de artificio y los espejismos mediáticos ágilmente expuestos desde las instituciones públicas para contentar las consciencias adormecidas de una sociedad anestesiada.

El tiempo de las pirámides, de los metros que circulan vacíos y de los teatros de la ópera sobre la bahía de Palma han pasado, señor Pons. Conseller, evítenos tener que regresar a ellos y, una vez más, darnos de bruces con la agria y dura realidad de que una cosa es lo que usted nos presenta y la otra cierta y verdadera es lo que están dispuestos a pagar los gobiernos de España y de Europa.

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