Los organizadores de la concentración piden una reunión con el Govern: “Las patronales no nos representan”

El día después de que miles de restauradores y trabajadores del sector salieran a la calle colapsando el centro de la capital para decir basta a una situación que, para ellos, se está haciendo literalmente insostenible, algunos de los organizadores han querido compartir con CANAL4 sus impresiones y también aquello relativo en la posible sanción que podrían recibir por parte de Delegación del Gobierno.

El copropietario del Mesón As de Tablas, Víctor Sánchez, ha asegurado que “la valoración es muy positiva. Hicimos un llamamiento a toda la gente frente al Consolat de Mar, intentamos mantener las distancias en todo momento, la gente estuvo muy activa y muy dolida por todo lo que nos están haciendo y por la poca empatía de un Gobierno y las pocas medidas reales que nos ayudarían a no tener que cerrar y poder seguir trabajando”.

En este sentido, Sánchez ha afirmado que “en Facebook había 300 personas apuntadas y pedí permiso para estas personas. Si hubieran puesto un cordón policial pues no hubiera pasado nada. Pero si tampoco se hubiera prohibido a la gente el derecho a manifestarse no hubieran acudido casi 8.000 personas”.

“Me van a multar con 600 o 2.000 euros, ahora bien, me ha escrito mucha gente diciendo que entre todos los vamos a pagar. Yo de momento estoy aguantando a la gente porque no considero ni que ellos sean culpables por ejercer su derecho, ni yo por promoverlos a ellos”, ha explicado Sánchez, recalcando que “de momento no me han comunicado la sanción pero cuando me llegue, al igual hacemos un recurso”.

El sector está cansado, herido y no tiene nada que perder. Tienen muy claro que seguirán luchando lo que haga falta en un último intento para su pervivencia económica. Una lucha al margen de las patronales, por las que no se sienten representados.

“Lo que he pedido es poder sentarme con 20 personas de cada una de las asociaciones y colectivos con el Govern, al no vernos representados puesto que las asociaciones o patronales ya que representan a sus afiliados, pero no nos representan, ya que solo dicen amén, amén al Ejecutivo”, ha advertido uno de los organizadores de la concentración, dejando claro que “al no sentirnos representados, no confiamos que estas personas lleven a buen puerto la negociación”.

En la calle, la movilización del sector de la restauración es mayoritariamente aplaudida. Entienden sus reivindicaciones y también que la situación económica se está haciendo insostenible pese a que algunos no comparten las formas en las que se hizo la manifestación, recordemos, desautorizada por Delegación del Gobierno.

Hoy la realidad en la calle es bien distinta. Bares y restaurantes cerrados, así como gimnasios, spas, centros comerciales y grandes superficies. Un cierre que será efectivo hasta, al menos, el próximo 26 de enero que deja una estampa muy alejada a la deseada reactivación económica.

Atrás quedan las largas colas de vehículos que en jornadas anteriores intentaban acceder a centros comerciales y grandes superficies.

Todos aquellos que ayer protagonizaron la revuelta que podría suponer un antes y un después, plantando cara a una clase política que sienten alejada y acomodada, y rompiendo con unas patronales igualmente acomodadas, tienen claras cuales son sus reivindicaciones.

Así, Sánchez reclama “una condonación de la deuda que hemos contraído por su culpa, el 75% de lo facturado el año pasado, la hibernación de los alquileres y que creen con todo lo que ganan un fondo de emergencia para todos aquellos que tienen problemas y no pueden comer, ya está bien de dejar la gente tirada”.

Ahora la pelota está en el tejado de la administración, de la clase política que es quien elabora el plan de reactivación económica, el cual, en algunos aspectos se está dibujando como un documento inútil.

De ellos, de los políticos de turno, dependerá que la reivindicación que ayer colapsó las calles de Palma quede como un hecho puntual, o por contra, signifique la escenificación de una revuelta de los que pisan la calle y levantan la barrera cada día. De aquella parte de la sociedad que, con su esfuerzo sustenta a la otra parte, a la de los que siguen con sus pagas aseguradas y rodeados de asesores y altos cargos.

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