El Bar Gallego, que elabora platos calientes para los más necesitados, amonestado por la Patrulla Verde

Cada vez son más los ciudadanos que, de forma totalmente desinteresada, unen sus fuerzas para ayudar a otros ciudadanos que lo necesitan. La crisis, sanitaria y también económica, que persiste todavía hoy, ha hecho que muchas familias pasasen de una relativa situación acomodada a llegar a duras penas a final de mes, si es que de verdad llegan.

Melisa y su madre son las propietarias del Bar Gallego, cerca del Escorxador de Palma. Desde el primer momento tuvieron claro que, en la medida de sus posibilidades, querían estar al lado de los que necesitaban un empujón. Todos los viernes empezaron a cocinar platos calientes para repartir entre los vecinos que sufren situaciones límite.

Melisa Rodríguez, propietaria del Bar Gallego, ha asegurado que “la semana pasada hicimos 300 chocolates con bocadillos calientes y 500 meriendas y esta semana tenemos potaje de garbanzos” y ha añadido que “la gente se acerca a buscarlos o bien se lo llevamos”.

En este sentido, Rodríguez ha criticado que “lo que yo hago lo deberían hacer las instituciones, tengo una madre a la que le damos potitos de bebé que me ha dicho que ha ido a un comedor social y como tienen tanta demanda, tenía que ponerse en lista de espera. No se puede permitir”.

“Si algo nos queda es la humanidad, es lo único que nos queda y no se puede perder”, ha destacado la propietaria del Bar Gallego, añadiendo que “hay que ayudar hasta el final”.

En su encomiable actuación de ayuda a los demás, supliendo muchas veces aquello que debería ser competencia de los servicios sociales de las distintas administraciones, a Melisa, la Policía Local de Palma le abrió un acta por una presunta infracción.

“La primera semana, la Patrulla Verde nos levantó un acta diciendo que cometíamos un atentado contra las normas de la COVID-19 por tener dos voluntarios en el interior de local” y ha puntualizado que “entre la distribución y el reparto necesito gente y se apuntan muchos voluntarios”.

De este modo, la propietaria ha advertido que “si nos llega una multa ya la recurriremos, pero lo que no dejaremos de hacer es dejar de ayudar a esta gente que lo necesita”.

Una vez más, paradojas de la vida, aquellos que de forma altruista ayudan a otros que ciertamente lo necesitan, aquellos ciudadanos anónimos que suplen a las propias administraciones, muchas veces dormidas y enrocadas en lentas burocracias, son después acosados por la misma administración. Una situación que huye a las lógicas más elementales.

Con todo, Melisa tiene claro que no aflojará en su ayuda a los demás. “Todas las personas que quieren sumarse a la causa, durante toda la semana recogemos ayudas, cuantas más ayudas recibamos más podremos ayudar y durante más tiempo”.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here