Miquel Mir aprende de Fina Santiago y elude cualquier responsabilidad al frente de una conselleria

Culpa y responsabilidad no son lo mismo, a pesar de que últimamente no son pocos los que intentan hacer todo lo posible por confundir los términos. Sería el caso, por ejemplo, de la consellera d’Afers Socials, Fina Santiago, en el caso de los menores tutelados explotados sexualmente.

La culpa es una acción voluntaria de una persona que contraviene la ley o la moral. La responsabilidad de una persona u organismo se da cuando se está obligado a responder de una cosa o una persona.

Normalmente, determinados cargos, como sería el de conseller o consellera de cualquier Govern, conllevan implícita la responsabilidad de responder ante diversas cuestiones, contemporáneas o no, relativas al área que atañe a la conselleria en cuestión.

Por tanto, se puede afirmar, aludiendo a los consellers i conselleres, que ‘qui no vol pols, que no vagi a s’era’.

En comisión parlamentaria para informar de la omisión, o no, del Govern de les Illes Balears en los vertidos de aguas fecales a la Bahía de Palma, el conseller de Medi Ambient i Territori, Miquel Mir, se contagió de su compañera Fina Santiago y también rehusó cualquier tipo de responsabilidad.

Patrones, desgraciadamente, que se repiten con demasiada frecuencia en sede parlamentaria. Evidentemente la culpa resulta desagradable y nadie la quiere, pero igual de cierto es que nadie ha dicho tampoco que se estén buscando culpables, si no responsables.

A finales de 2020, la revista especializada Gaceta Náutica publicó fragmentos de las conclusiones del informe presentado por el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, el SEPRONA, ante el Juzgado de Instrucción número 7 de Palma.

El citado Juzgado es el encargado de investigar si hubo omisión, o no, en los vertidos contaminantes al mar y sí se podría haber incurrido en un delito de prevaricación. Una investigación que se puso en marcha después de que la Associació de Navegants, ADN, recurriera a la vía judicial al entender que la Conselleria de Medi Ambient acusaba falta de transparencia al informar sobre sus actuaciones en referencia a estos vertidos de aguas fecales al mar.

El informe de la Guardia Civil, que reprodujo la Gaceta Náutica ya en octubre de 2020, es demoledor: tanto la Conselleria de Medi Ambient como el Ajuntament de Palma conocían el grave impacto que tenían estas aguas sucias en la bahía, pero no actuaron.

La comisión parlamentaria celebrada ayer a instancias del grupo VOX Actúa Baleares, no consiguió arrojar luz sobre un asunto ya de por sí escabroso. El conseller Mir, quien desde hace ya seis años que ocupa su puesto al frente de Medi Ambient, se olvidó la responsabilidad en casa y se limitó a responsabilizar al Ajuntament de Palma.

Amparándose en que no conocía el informe del SEPRONA, ya que la Guardia Civil no lo ha remitido a la Conselleria, Mir no desaprovechó la ocasión para quitarse las culpas de encima y pasarle la pelota de la responsabilidad a Cort una y otra vez.

Visto lo visto, las butacas del poder deben estar calentitas, ser tupidas y, además, producir un extraño efecto narcótico. Y es que muchos de los que se sientan sobre ellas olvidan, de repente, el motivo por el cual las han ocupado. La calle espera y reclama más valentía a la hora de asumir aquello que implica el cargo. Estamos demasiado cansados ya de ver siempre la misma película, con idéntico guion, mientras que la responsabilidad brilla por su ausencia.

‘Qui no vol pols…, que no vagi a s’era’.

 

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