CARTA A… / Dejen de ser un estorbo y permitan que vacunen los que sí son capaces de vacunar

Dejen de ser un estorbo y permitan que vacunen los que sí son capaces de vacunar

Señora Ursula von der Leyen (presidenta de la Unión Europea), señor Pedro Sánchez (presidente del Gobierno de España) y señora Francina Armengol (presidenta del Govern de les Illes Balears):

Desde hace ya más de un año, vivimos angustiados a la espera de salir del funesto túnel provocado por un virus contagioso de alcance mundial. Literalmente ahogados por una simple enfermedad infecciosa como muchas de las otras ya sufridas anteriormente por la humanidad… pero que ahora mata y destruye inmisericorde nuestro actual sistema de vida.

También hace ya más de un año que, aquellos que de verdad saben, nos informan de forma reiterada y recurrente que solamente hay una forma real de acabar con esta terrible metástasis: con las vacunas que nos convertirán en inmunes a la Covid-19.

En un esfuerzo humano, científico y también económico y financiero sin parangón, diversos laboratorios en un tiempo nunca antes visto han conseguido alcanzar el nirvana de la medicina: la vacuna. Una vacuna que, una vez inoculada en el interior de nuestro sistema inmune, nos salvará la vida. Y también nos salvará de la catástrofe económica, empresarial, laboral y social.

Tenemos, pues, la solución al problema. No se trata de un simple alegato propagandístico para adormecer las críticas más feroces o para apaciguar los temores de los ya convencidos: como humanidad estamos en disposición de salir del túnel. Sin embargo, ustedes tres –señora Von der Leyen, señor Sánchez y señora Armengol– no nos dejan.

Millones de dosis que salvan vidas están almacenadas a punto para ser distribuidas por todo el mundo. E inyectadas en tiempo récord. Pero ustedes no las quieren. Ustedes tres, lastrados por su personal egoísmo, están dejando que demasiadas personas mueran –también en nuestras Illes Balears– por no querer reconocer que han fracasado, que su sistema de adquisición, fabricación y distribución de las diferentes vacunas es un auténtico desastre y es ahora también nuestra patética tragedia. Estamos en medio del desierto y tenemos agua, pero no nos la dejan ustedes beber. Estamos en la tundra, nos helamos y tenemos ropa de abrigo, pero ustedes nos obligan a permanecer desnudos. Estamos muriendo por la enfermedad y por la crisis y ustedes siguen impávidos ante su estulticia y agarrados a su orgullo narcisista. Un orgullo y una ineficacia que nos están matando. Un orgullo letal.

Señora Von der Leyen, señor Sánchez y señora Armengol:

Cada uno de ustedes tres, desde sus particulares y personales ámbitos de poder, pueden acabar con esta terrible y lamentable realidad que ahora padecemos el resto de los ciudadanos que, al contrario de ustedes, no disfrutamos de los privilegios de las poltronas presidenciales. Y, además, es muy sencillo y fácil de hacer. Simplemente, permitan que nos salven la vida aquellos que pueden y quieren hacerlo.

Se lo repetimos por si no lo han entendido aún: hay personas que pueden salvarnos la vida. Dejen que lo hagan. Dejen que lo hagan porque ahora no pueden hacerlo porque ustedes se lo están prohibiendo.

Sí, señores presidentes: ustedes están prohibiendo que nos salven la vida. Ustedes están prohibiendo que las vacunas de todo el mundo que están demostrando su eficacia en países de todo el planeta. Vacunas que están a punto en sus lugares de origen para ser distribuidas aquí. Vacunas que les han ofrecido a ustedes desde la sociedad civil y que desde la sanidad privada les han comunicado que, para reforzar y potenciar a la sanidad pública, van a inyectarlas desde el minuto uno en que estén aquí. Ustedes están rechazando todo esto… y nos están matando.

Ustedes están despreciando la mano tendida que les quiere ayudar a salvar nuestras vidas. Ustedes son incapaces de solucionar nuestro más terrible y letal problema y ustedes no quieren que otros lo hagan. Ustedes son un peligro público y ustedes nos están conduciendo al precipicio más profundo y mortal. Ustedes son cómplices de nuestro desastre.

Señora presidenta de la Unión Europea, señor presidente del Gobierno de España y señora presidenta del Govern de les Illes Balears:

Bájense del pedestal. Tráguense su orgullo fracasado y atiendan las propuestas en positivo, apartidistas y desde la sociedad civil que se les ofrecen. Abran las fronteras de Europa a las vacunas que nos salvarán la vida. Permitan que la sanidad del ámbito de gestión privada contribuya con sus profesionales y su contrastada experiencia al trabajo que están desarrollando los agotados sistemas públicos de salud. Solamente con eso podrán restañar su error perpetrado hasta ahora. Solamente con este gesto salvarán las vidas de cientos y miles de personas y nuestro sistema de creación de riqueza. Solamente con un gesto… con el gesto que ahora no quieren hacer. Pero están a tiempo de rectificar.

Rectifiquen y salven nuestras vidas. Se lo exigimos y se lo reclamamos y ustedes no pueden negarse. No profundicen  aún más en la sima de su terrible error. Abran fronteras y colaboren con la sanidad privada. Háganlo y háganlo ya. Esta es la solución. La verdadera solución.

¡Vacunas, vacunas y vacunas!

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