CARTA A…/ Del ‘sí se puede’ al ‘así se cobra’

Señor Pablo Iglesias Turrión, ex vicepresidente segundo del Gobierno de España y autonombrado a sí mismo candidato de Unidas-Podemos a las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid:

La política en sus manos ha dimitido de ser lo que siempre debería haber sido: la gestión democrática de los recursos públicos para solucionar los problemas de los ciudadanos. Y ha pasado a despeñarse en la pura propaganda, en un demagógico reclamo a la estulticia y a los sentimientos más pedestres de los ciudadanos proclives y dispuestos a dejarse deslumbrar.

Este demérito no es solamente un defecto de usted. Muchos de la casta –sí, señor Iglesias, de su casta política– se han suscrito a este club de pánfilos. Hoy ya no es importante cumplir las promesas ni el programa electoral. Hoy a los políticos como usted les importa solamente ocupar un rimbombante espacio en los programas de radio y televisión dedicados a la casquería social y algunos centímetros cuadrados de papel impreso. Todo lo demás se la trae al pairo.

Mire si le importa poco a usted cumplir su palabra dada que miles de nuestros ancianos han muerto abandonados en las residencias de la tercera edad durante la catástrofe humanitaria de la pandemia. Un cataclismo cívico del que usted es el máximo responsable. Primero, por haber sido el ministro de Derechos Sociales –entidad administrativa y política que tutela los geriátricos españoles– y, después, por incumplir groseramente lo establecido por el estado de alarma, que adjudicó la responsabilidad máxima de la gestión de todos los recursos públicos al Gobierno del que usted ha formado parte y que, sin embargo, desatendió en el momento de salvar la vida de nuestros mayores. Pero chapoteando en su piscina y rodeado de nanys y criados, eso a usted no le importa.

Como tampoco no le importa nada que, al haberse encastillado en sus inútiles principios ideológicos, el problema cierto que es la falta en España de viviendas a precios razonables no haya sido aún solucionado por el Gobierno que usted abandona. Desde Galapagar, todo esto de los pisos sociales le queda muy a trasmano.

Y es que, señor Iglesias, tras verle y escucharle despreciar y criminalizar a todos los otros españoles que no comulgaban con sus ruedas de molino, ahora colegimos que su abandono precipitado y por la puerta de atrás del Gobierno de España tiene que ver, evidentemente, con su absoluta y radical inutilidad. Una inutilidad inundada de testosterona machista que le hace despreciar al que, simplemente, discrepa de usted.

Se ha ido del Gobierno sin cumplir ninguna de sus promesas. Se ha ido para volver allá donde se siente más cómodo: a darnos lecciones grandilocuentes a todo quisqui, a lanzarnos proclamas extraídas del siglo pasado, a gritarnos desde las tribunas con el ceño fruncido y culpándonos a nosotros, los ciudadanos, de todos los males del mundo mundial… para después no hacer nada de nada, para luego demostrar su ineficacia absoluta.

¿Qué ha hecho usted de bien para el común de los españoles? Sinceramente, poca cosa además de colocar a toda su tribu familiar a costa de los impuestos que pagamos todos los demás, multiplicar su propio patrimonio personal y trasladarse al palacete de la Sierra de Madrid.

Y como estrambote final a este patético espectáculo chulesco con el que usted se autoaplaude a sí mismo, ha convertido la salida del Gobierno de España y su paso a la candidatura de la Comunidad de Madrid en una ópera bufa en la que pretende salvarnos la vida al resto de los españoles. Eso sí, reclamando que le aplaudamos con las orejas su sacrificio celestial y postrándonos genuflexos ante su generosidad inconmensurable.

Lo malo de todo este sainete cheli es que usted se lo cree y, más trágico aún, que se lo creen a pies puntillas los apoltronados que le ríen todas sus ocurrencias. ¡Qué sarcasmo que aquel que desde las plazas del 15M tenía que cambiar nuestra política se haya convertido en un patético chamarilero bocachanclas!

Todo esto, seguro, a usted le importa un rábano cuando, agarrándose a los privilegios de la casta política que usted mismo denigraba –¡vaya hipocresía!–, se ha asegurado como ex vicepresidente del Gobierno de España un suculento salario público de exactamente 63.796,99 euros brutos anuales –5.400 euros netos al mes– hasta que consiga otra poltrona a la que acoplarse. Así, señor Iglesias, de sueldazo en sueldazo, no se preocupe que no tendrá ningún problema para pagar las cuotas de la hipoteca de su palacete.

Adiós, señor Iglesias. Le deseamos salud a usted y a su familia. Pero, por favor, déjenos en paz.

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