CARTA A / Contrapeso a los aprovechados y garantía de transparencia

M-CARTA A- JAUME FAR

Señor Jaume Far Jiménez, director de la Oficina de Prevención y Lucha contra la Corrupción en las Illes Balears (desde ahora Oficina Anticorrupción):

La creación y puesta en marcha de la institución que lidera –iniciativa surgida por una imposición partidista del grupo Podemos a través de la mano ejecutora del señor Alberto Jarabo y que pretendía ser un ariete demoledor contra los políticos de los gobiernos autonómicos y municipales presididos por el Partido Popular– ha devenido en lo que es de verdad hoy en día gracias a usted: una oficina independiente de los partidos políticos y de los poderes públicos que intenta y lucha por aportar transparencia a todas las actividades que se desarrollan desde los gobiernos, las consellerias, los ayuntamientos y la enorme ristra de organismos que pueblan nuestra farragosa red institucional.

La palabra clave de todo ello es ‘transparencia’. Transparencia en la gestión de los fondos públicos que salen de nuestros bolsillos a través de los impuestos. Transparencia en la promulgación y ejecución de las normas emanadas desde los múltiples poderes políticos para evitar ineficacias, ineficiencias, partidismo interesados y tratos de favor a amigos, compañeros de partido y amigos de todo tipo y pelaje. Transparencia, señor Far. Transparencia como sublimación de la legalidad y de la legitimidad democráticas.

No le vamos a ocultar que, en un primer momento, las dudas adoquinaban los primeros pasos del camino que recorrió usted. La pregunta recurrente era para qué queremos –y tenemos que pagar– una Oficina Anticorrupción que parece solapar sus objetivos, por un lado, con la Fiscalía Anticorrupción y los mismos tribunales de Justicia y, por otro, con los interventores que controlan la utilización de los fondos públicos en todas las instituciones españolas y, además, con la Sindicatura de Comptes de les Illes Balears.

Sin embargo, la realidad de los hechos y las actuaciones llevadas a cabo y conocidas hasta ahora por su Oficina Anticorrupción y su personal actuación como director de la misma nos han hecho ver que su papel es reseñable y que se está ganando a pulso la justificación innegable de su existencia. Eso sí, con gran esfuerzo y arramblando contra la animadversión de los que le nombraron.

En el lenguaje popular tenemos varios aforismos que le podríamos atribuir a usted y a su oficina: desde ser la horma que configura el zapato que se calzan los políticos o ser la china pequeña y modesta pero insistente y pertinaz que incomoda el paso despreocupado de los que hasta ahora han hecho lo que han querido sin que nadie les cantara las cuarenta ante sus incumplimientos. Sin ánimo de ofenderle, pidiendo disculpas por anticipado y acudiendo también al lenguaje más popular, es usted una auténtica mosca cojonera.

Y este es su mérito. Habiendo nacido con el presunto estigma de ser un ariete partidista de una parte del entramado político contra el otro, opuestos ambos en la ideología y en los comicios electorales, se ha arrancado de encima, señor Far, esta rémora que le convertía en parte de la primera parte contratante y no en fiel de la balanza. Y con ello se ha ganado el respeto de la ciudadanía y es, ahora, referencia.

Referencia a escuchar y atender con extrema atención, entre otros expedientes, por su informe sobre los gastos públicos descontrolados, no justificados y maquillados por la Conselleria de Salut con la excusa de la urgencia provocada por la pandemia. También con el abuso de poder desempeñado de forma espuria por los altos cargos que se aprovechan de su posición de privilegio para vacunarse contra la Covid 19 antes que el resto de los ciudadanos O de los también otros altos cargos del Govern que, utilizando una norma no aprobada para ellos, han llegado de la mano de Podemos a Baleares desde sus cargos perdidos en la Península para llevarse por la cara suculentos suplementos salariales. O, también, para abrir investigaciones que en un día futuro nos explicarán porque determinados diputados de nuestro Parlament han estado cobrando dietas por conceptos totalmente falsos y nunca justificados. Y más temas que usted y su reducidísimo equipo de apoyo están investigando.

Señor Far:

No ceje en su empeño y cumpla aquello que le viene obligado por la ley que le ha colocado en su puesto. No se case con nadie y no se deje amilanar. No atienda a amenazas veladas o presiones de los que ahora, una vez usted cumple con sus obligaciones, se arrepienten de haberle nombrado.

No debe ser usted ni un pelele ni una marioneta movida por los hilos que surgen desde las sedes del poder político. Y esto molesta. Molesta mucho a aquellos que le querían ver allí, junto a ellos, como brazo ejecutor de sus designios, riéndoles las ocurrencias y como un simple tentáculo más del ya enorme pulpo que es la política de partido.

No se achante. Defienda su posición. Le necesitamos a usted y a su oficina como un contrapeso a las imposiciones y a los aprovechados. Se ha convertido usted en lo que ahora es: una garantía de transparencia. De una transparencia que los que mandan han intentado –todos y hasta ahora– ensombrecer y, mejor aún para ellos, hacer desaparecer.

Si sigue usted así, no dude de que legitima su nombramiento, contará con el apoyo de la ciudadanía y con nuestro agradecimiento.

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